| • Prosigue la publicación de «Juan de Mairena» a partir del primer número de la revista Hora de España (enero 1937 – octubre 1938), órgano de los intelectuales republicanos y una de las publicaciones más importantes de los años de guerra (fundada y dirigida en Valencia por Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo,
Ramón Gaya y Juan Gil-Albert, a los que se unieron a mediados de año María Zambrano y Arturo Serrano Plaja). Los artículos de «Juan de Mairena» de Antonio Machado abrían cada número, en la primera sección de «Ensayos».
• Participa en la Conferencia Nacional de Juventudes Socialistas (12 de enero) en Valencia. En un acto público al aire libre, el 1 de mayo en Valencia, lee su «Discurso a las Juventudes Socialistas Unificadas».
Son los meses álgidos de la guerra. Machado está enfermo (tiene 62 años), y así lo dice en una carta al escritor ruso David Vigodsky (publicada en Hora de España, n.º IV, abril 1937):
En efecto, soy viejo y enfermo, aunque usted por su mucha bondad no quiera creerlo: viejo, porque paso de los sesenta, que son muchos años para un español; enfermo, porque las vísceras más importantes de mi organismo se han puesto de acuerdo para no cumplir exactamente su función. Pienso, sin embargo, que hay algo en mí todavía poco solidario de mi ruina fisiológica, y que parece implicar salud y juventud de espíritu, si no es ello también otro signo de senilidad, de regreso a la feliz creencia en la dualidad de sustancias.
De todos modos, mi querido Vigodsky, me tiene usted del lado de la España joven y sana, de todo corazón al lado del pueblo, de todo corazón también enfrente de esas fuerzas negras –¡y tan negras!– a que usted alude en su carta.
En España lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a mí me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo. En los trances duros, los señoritos –nuestros barinas– invocan la patria y la venden; el pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre y la salva. En España, no hay modo de ser persona bien nacida sin amar al pueblo. La demofilia es entre nosotros un deber elementalísimo de gratitud.
• En julio interviene en el II Congreso Internacional de Escritores, organizado por la Alianza Internacional de Escritores Antifascistas como demostración de solidaridad de los intelectuales de todo el mundo con la causa de la República (la delegación española estaba formada por Benavente, Álvarez del Vayo, Ricardo Baeza, Margarita Nelken, María Teresa León, Bergamín, Alberti, Navarro Tomás y León Felipe); Machado lee en el Congreso reunido en Valencia el discurso de clausura, «Sobre la defensa y la difusión de la cultura».
• Es nombrado presidente del Patronato de la Casa de la Cultura, colaborando en Madrid. Cuadernos de la Casa de la Cultura; colabora además, en este año, en numerosas publicaciones de la guerra: La Voz de España, Ahora, Servicio Español de Información, Ayuda, Nuestra Bandera, Mediodía, Defensa Nacional, Liberación, Nueva Cultura, Nuestro Ejército, Frente Rojo…, además de sus artículos mensuales en Hora de España. A pesar de sus años y enfermedad, la actividad de Machado en la prensa en esos años de guerra es ingente.
En el discurso pronunciado en la sesión de clausura del II Congreso Internacional de Escritores, Machado insiste en los temas de 1934-36:
Entre nosotros, españoles, nada señoritos por naturaleza, el señoritismo es una enfermedad epidérmica, cuyo origen puede encontrarse, acaso, en la educación jesuítica, profundamente anticristiana y –digámoslo con orgullo– perfectamente antiespañola. Porque el señoritismo lleva implícita una estimativa errónea y servil, que antepone los hechos sociales más de superficie –signos de clase, hábitos e indumentos– a los valores propiamente dichos, religiosos y humanos. El señoritismo ignora, se complace en ignorar –jesuíticamente– la insuperable dignidad del hombre. El pueblo, en cambio, la conoce y la afirma, en ella tiene su cimiento más firme la ética popular. «Nadie es más que nadie» reza un adagio de Castilla. ¡Expresión perfecta de modestia y de orgullo! Sí, «nadie es más que nadie» porque a nadie le es dado aventajarse a todos, pues a todo hay quien gane, en circunstancias de lugar y tiempo. «Nadie es más que nadie», porque –y éste es el más hondo sentido de la frase–, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. Así habla Castilla, un pueblo de señores, que siempre ha despreciado al señorito [Hora de España, n.º VIII, agosto 1937].
• Publica su último libro, La guerra (Madrid, Espasa-Calpe), ilustrado por su hermano José. |