• Aparece, a mediados de abril, Campos de Castilla. El libro obtuvo un éxito inmediato; Unamuno, Ortega y Gasset y Azorín publicaron elogiosos comentarios. Buena parte del libro la ocupa el extenso romance «La
tierra de Alvargonzález».
En el prólogo a la edición del libro en Páginas escogidas de 1917, escribe Machado:
pensé que la misión del poeta era inventar nuevos poemas de lo eterno humano, historias animadas que, siendo suyas, viviesen, no obstante, por sí mismas. Me pareció el romance la suprema expresión de la poesía, y quise escribir un nuevo Romancero. A este propósito responde La tierra de Alvargonzález. Muy lejos estaba yo de pretender resucitar el género en su sentido tradicional. [...] mis romances no emanan de las heroicas gestas, sino del pueblo que las compuso y de la tierra donde se cantaron; mis romances miran a lo elemental humano, al campo de Castilla y al libro primero de Moisés, llamado Génesis.
• El 1 de julio aparece en Soria el primer número del periódico bisemanal El Porvenir Castellano, fundado por Antonio Machado y José María Palacio, que será su director; en este primer número publica el artículo «Apuntes. Política y cultura», con el seudónimo de Mireno. Machado colaborará regularmente en el periódico hasta 1916, ya desde Baeza.
• Muere Leonor (1 de agosto). Machado abandona Soria y se instala en Madrid, para gestionar su traslado a otro instituto. En octubre es nombrado catedrático del Instituto de Baeza, adonde se incorpora el 1 de noviembre.
En una entrevista publicada en La Voz de España, de París, en 1938, Machado resume su experiencia soriana:
Soy hombre extraordinariamente sensible al lugar en que vivo. La geografía, las tradiciones, las costumbres de las poblaciones por donde paso, me impresionan profundamente y dejan huella en mi espíritu. Allá, en 1907, fui destinado como catedrático a Soria. Soria es lugar rico en tradiciones poéticas. Allí nace el Duero, que tanto papel juega en nuestra historia. Allí, entre San Esteban de Gormaz y Medinacelli, se produjo el monumento literario del Poema del Cid. Por si ello fuera poco, guardo de allí recuerdo de mi breve matrimonio con una mujer a la que adoré con pasión y que la muerte me arrebató al poco tiempo. Y viví y sentí aquel ambiente con toda intensidad. Subí al Urbión, al nacimiento del Duero. Hice excursiones a Salas, escenario de la trágica leyenda de los Infantes. Y de allí nació el poema de Alvargonzález.
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