A Orillas del Duero

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Comentario de  Albert  Carreras del texto del poema

Orillas del Duero de Antonio Machado  

A ORILLAS DEL DUERO      

 Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
      Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
y una redonda loma cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
—harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero
en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
Veía el horizonte cerrado por colinas
oscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba, rumia; las márgenes de río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—,
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.
      El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.
            ¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aún van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
      Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó?  Sobre sus campos aún el fantasma yerta
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.
      La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados
de plata y oro, a España, en regios galeones,
para la presa cuervos, para la lid leones.
Filósofos nutridos de sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;
y si les llega en sueños, como un rumor distante,
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa?
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
      Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
      El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana
—ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
de nuevo, ¡tan curiosas!… Los campos se obscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto
al campo ensombrecido y al pedregal desierto.

 El texto que vamos a comentar pertenece al poeta sevillano Antonio Machado, nacido en la capital andaluza en 1875, estudió en Madrid en la Institución Libre de Enseñanza, donde aprendió el amor a la naturaleza y las tradiciones. Durante su estancia en París conoció a importantes poetas simbolistas que influyeron en su estilo. A su vuelta, da clases en un instituto de Soria, donde conoce a Leonor Izquierdo, de la que se enamora profundamente. A los tres años de casados ella muere y el poeta, muy afectado, abandona Soria y sus recuerdos y marcha a Baeza (Jaén). Más tarde marcha a Segovia y alterna esta ciudad con Madrid hasta el estallido de la Guerra Civil. Partidario de la República, Machado tuvo que abandonar España tras la victoria franquista y murió en un pueblecito francés (Collioure) tras atravesar la frontera junto con muchos exiliados españoles en 1939. El texto que vamos a comentar es un poema incluido en su obra Soledades. El tema escogido por Machado en este poema es la descripción del paisaje que se ve alrededor de las orillas del río Duero. Nos describe el entorno del Duero con elementos reales y con sensaciones propias para explicar el ambiente. Al principio del poema nos habla del campanario, porque es donde fija su vista del pueblo soriano ya que el campanario es el sitio más alto del pueblo. Nos dice que hay una cigüeña girando en torno a lo más alto del campanario. Seguidamente explica el paso del tiempo que hasta ahora era invierno pasando a primavera. Dentro de la primavera nos describe el paisaje de su perspectiva propia. Concluye el texto calificando a España de una dulce y hermosa tierra.  El poema está estructurado en el esquema clásico: introducción, desenlace y conclusión. La introducción comprende: el primer verso, donde nos introduce al tema del poema describiendo el campanario y la cigüeña, hasta el verso tres. Seguidamente encontramos el desenlace, en el que nos va describiendo las distintas cosas ve y el cambio de estación, el desenlace va del verso tres al diecinueve. 

 El poema utiliza una calificando a España de hermosa: “Hermosa tierra de España”. La métrica de este poema es la siguiente: este poema está compuesta por versos irregulares. Predominan los versos de ocho sílabas y de dieciséis alternados en todo el poema. También encontramos un verso de quince. La rima del poema es consonante. El esquema métrico del poema es: A, A, B, B, c, C, d, e, d, e, F, F, G, G, h, H, i, j, j, i. En el poema encontramos. En el poema encontramos muchos adjetivos. En el poema encontramos algunos recursos literarios como alguna personificación: “El Duero, corre terso y mudo, mansamente” en el que atribuye cualidades humanas al río.

Para concluir este comentario diremos que ” Orillas del Duero” del libro de soledades de Antonio Machado es un poema en el que el autor nos empieza describiendo el paisaje de Soria atribuyéndolo así con sus sentimientos. Primero el autor está apagado y triste que lo refleja con el invierno. Después ya se va animando i alegrando que lo refleja con la primavera. Y ya muy contento al final lo refleja elevando España de hermosa tierra.        

 Nota: 6

El comentario tiene faltas de expresión: repeticiones de oraciones y falta de riqueza léxica. El análisis de los recursos literarios brilla por su asuncia.

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