Apuntes sobre el Burlador

ORGANIZACIÓN DRAMÁTICA DEL BURLADOR DE SEVILLA
ARGUMENTO
Las aventuras del don Juan en escena comienzan en el palacio de N­ápoles, con el engaño de la duquesa Isabela, a la que goza haviéndose pasar por el duque Octavio, galán de la dama. Empieza la comedia con la despedida nocturna del burlador y el descubrimiento de la burla. A los gritos de Isabela llega el rey de Nápoles con su acompañamiento. Don Pedro Tenorio, embajador de España, y tío de don Juan, es el encargado de la investigación, y deja escapar a su sobrino, acusando luego a Octavio, a quien el rey ordena de detener, pero al que don Pedro permite también la fuga para evitarse a sí mismo complicaciones. A este primer bloque (vv.1-374) relativo al engaño de Isabela , sucede una mutación; aparece en la playa de Tarragona la pescadora Tisbea, que en un largo monólogo (vv.375-516) se vanagloria de su libertad amorosa, hasta que ve entre las olas a don Juan, que acaba de naufragar, lo recoge y se rinde a sus brazos (vv.517.696). Con una técnica repetida en la comédia se deja suspenso el episodio de Tisbea para introducir una escena entre el rey don Alfonso de Castilla y el comendador de Calatrava, don Gonzalo de Ulloa (cambian las redondillas a versos endecasílabos blancos, más solemnes). Don Gonzalo informa sobre su misión diplomática en Portugal y en un largo romance elogia la ciudad de Lisbona (vv.697-876). El rey ofrece casar la hija del comendador, doña Ana, con Don Juan Tenorio. Nuevo regreso al engaño de Tisbea y fin del episodio: don Juan, tras gozar a la pescadora la abandona, robándole sus proprias yeguas para la huida. Tisbea se lamenta desesperada (vv.877-1044) y sus gritos terminan, patéticamente el acto I.

El II acto se inicia de nuevo en la corte de don Alfonso, a donde llegan noticias de la aventura napolitana de don Juan, y también el fugitivo Octavio, a quien promete el rey la mano de doña Ana (ya que don Juan, ahora deberá casarse con Isabela) (vv.1045-1150). Sigue el encuentro de don Juan, Octavio y, luego, el marqués de Mota, con una serie de conversaciones amistosas (Octavio ignora todavía que es don Juan el causante de sus desdichas). Y comentarios sobre las rameras sevillanas (a quien Mota y don Juan son muy aficionados) que manifiestan la índole moral y la vida disoluta de los dos jóvenes. Por azar cae en manos del burlador un billete amoroso en el que doña Ana cita a Mota para la noche. Inmediatamente don Juan planea una nueva burla (vv.1151-1420). Una breve entrevista de éste con su padre (vv.1421-1488) en que el viejo le afea su conducta ante la cínica indiferencia del galán, sirve para resaltar lo reprobable de los actos inmediatos del joven:se dirige a la casa de doña Ana, intenta engañarla haciéndose pasar por Mota (nueva versión del engaño de Isabela en que se había hecho pasar por Octavio), el comendador acude a los gritos de su hija, y en la riña entablada, don Juan lo mata (vv. 1489-1675).
Tras los episodios trágicos anteriores, nueva mutación al ambiente rústico de Dos Hermanas, donde el burlador interrumpe las bodas de Beatricio y Aminta, y se dispone a otra aventura (vv.1676-1814) que queda suspendida hasta el acto III.

El último acto se abre con las preocupadas reflexiones de Beatricio, celoso del caballero cortesano que tantas libertades se ha tomando en sus bodas. Don Juan efectivamente, convence a Gaseno, padre de Aminta, y a la propia labradora, de que está dispuesteo a casarse con ella. El fin de la burla no se hace esperar (vv.1815-2114). Regresa la acción a las costas de Tarragona, donde Isabela, que viene a España para casarse, encuentra a Tisbea (vv.2215-2234).
En Sevilla de nuevo, don Juan halla en una iglesia en que se ha refugiado, el túmulo del comendador de Ulloa y se burla de la estatua funeral convidándola a cenar, sin hacer caso, igual que en ocasiones anteriores de los avisos e incitaciones al arrepentimiento del criado Catalinón, cada vez más perentorios. La estatua acuda a la posada de don Juan y le invita a cenar en su capilla (vv.2235-2513). Se intercala otra escena de corte: el rey va ya enterándose de los abusos de don Juan, y las diversas víctimas exigen justicia. Don Alfonso decide, por fin, castigar al burlador (vv.2514-2662). Pero es tarde; don Juan acude a la cita con la estatua y recibe la muerte y la condenación, huyéndose en el infierno (vv.2663-2808). El resto funciona a modo de epílogo: Catalinón narra a los presentes lo sucedido, y el rey dispone las bodas finales en una típica reorganización del caos, no exenta de ribetes ambiguos (vv.2809-2894)..

ESTRUCTURA
Desde el punto de vista temático el asunto se estructura en dos intrigas fundamentales (expresadas en el doble título de “burlador de Sevilla” y “convidado de piedra”):
Los engaños de Don Juan
Episodios de la doble invitación y castigo por un agente del ultratumba.

La primera parte responde a su vez a un molde binario: cuatro mujeres afectadas, agrupadas de dos en dos según la clase social: dos nobles (Isabela, doña Ana) y dos plebeyas (Tisbea, Aminta) y cada engaño en dos fases (burla y huida).
Las nobles, representan el elemento “dramático” de la comedia; las plebeyas se distribuyen el ingredientes lírico (Tisbea, cuyo discurso y figura teatral evidencian una estilizacion eglógica culta) y cómico (Aminta, que, tambén estilizada, remite con mayor intensidad a los modeloa rústicos).
En la sucesión de las peripecias el Burlador de Sevilla explota certamente las técnicas del dinamismo y la suspensión, el contraste y las correspondencias, las premoniciones y la ironía dramática. Si se leen con atención los dos pasajes del monogo de Tisbea y la descripción de Lisboa, se observa que el elogio de Lisboa establece un modelo mítico ideal con el que se contrapone la corrompida Sevilla que ofrece al burlador injusta impunidad proyectando en la obra una profundidad de implicaciones morales y sociales de gran importancia. Permite realzar la figura de don Gonzalo, que tanto protagonismo va a tener en el final, y establece, con su intercalación una tensa espera que intriga la curiosidad del espectador, antes de culminar el engaño de la pescadora.
El contraste de ritmos sirve a la variedad y al dinamismo. Recuérdese lo que escribió Lope en el Arte Nuevo sobre la cólera del espectador español, que requiere variedad y abundancia de aventuras, sucesos, peripecias y ritmos. Al encendido diálogo amoroso de Tisbea y don Juan sucede la remansada descripción de Lisboa y de nuevo los gritos desesperados de la pescadora, el funesto desenlace de la burla a doña Ana; a los sucesos trágicos de la muerte del comendador y disposiciones funerales, las escenas lírico-cómicas de los esponsales rústicos… El comienzo brusco del drama in media res, marca ya el tono acelerado que domina el conjunto, subrayado por el constante cambio de escenarios: Nápoles, Tarragona, Sevilla, Dos Hermanas, la corte, la marina, el campo. Don Juan según los críticos es un “vendeval erótico”, un hombre que “no tiene un rostro, es movimiento”, siempre apresurado de vertiginosa velocidad.
Esta velocidad responde también a un crescendo en las acciones del burlador: cada una de las burlas añade una circustancia agravante más intensa. Comienza engañando en el palacio real a la dama de un amigo; sigue traicionando la hospitalidad de Tisbea, que lo ha recogido extenuado tras un naufragio; suma el homicidio en el episodio de doña Ana; destruye un matrimonio, recién efectuado y profana el sacramento en el caso de Aminta. La misma reiteración de las advertencias que las víctimas y Catalinón hacen a don Juan eleva progresivamente el nivel transgresor de cada burla, y de su renuencia al arrepentimiento que deja siempre para más tarde (para nunca). No hay ninguna improvisación azarosa en la organización dramática del Burlador de Sevilla. Cada elemento desempeña una función precisa y eficaz. Un complejo sistema de simetrías, premoniciones y correspondencias, paralelas o contrastivas, sustenta su desarrollo.

Ejemplos:
El rey de Nápoles, airado por la profanación de su palacio, pondera al comenzo de la obra, la fuerza irresistible del amor:
No importan fuerza,/ guardas, criados, muralla, / fortalecidas almenas / para amor, que la de un nino / hasta los muros penetra (vv.172-176)

Y poco después Tisbea (dueña de una choza de paja, no de muros precisamente) blasona de su libertad, haciéndose la “sola de amor exenta” y señora del amor. La denuncia de ese precario señorío implicada en esta antítesis se refuerza con otras isotopías: Octavio por ejemplo llama a la mujer “veleta” y “débil caña”, metáforas que expresan su inconstancia y fragilidad; cinco versos más adelante, aparece Tisbea con una caña de pescar en la man (símbolo metonimico) cuyo valor integra verbalmente en estas sugerencias simbólica:
Quiero entregar la caña / al viento
Pues el viento es, a su vez, símbolo de la vanidad y la locura conectado subliminalmente con la imagen de la veleta.
En otro lugar, don Pedro Tenorio, en su hipócrita versión de los hechos, utiliza metáforas para referirse al engañador de Isabela (su propio sobrino, como él sabe):
A las voces y al ruido / acudió, duque, el rey propio; / halló a Isabela en los brazos / de algún hombre poderoso; / mas quien al cielo se atreve / sin duda es gigante o monstruo.

En realidad la ampulosa retórica de don Pedro intenta enmascarar la falsía de sus palabras. Irónicamente lo que él concibe como mera alusión lexicalizada a los gigantes de la mitología clásica que quisieron escalar el cielo y fueron fulminados por Júpiter (construida sobre la imagen tópica del rey como sol, o dios, palacio como cielo), alcanza un valor premonitorio del posterior desenlance, en el que don Juan se atreve al cielo (no ya metafórico literario, sino religioso) y cae fulminado en el fuego eterno. Irónica multiplicación de sentidos que resulta inasequible a la perspectiva parcial del personaje, pero que el espectador o lector atento, desde su visión global del drama está en condiciones de captar.
Igual valor prenomitorio alcanza el episodio de Tisbea. Su monólogo lírico, muchas veces criticando como inverosímil y pesada degresión, establece el motivo de la desdeñosa que se burla de los pretendientes, necesario para justificar el castigo de su exceso (sufrir ella misma la burla del don Juan):
Yo soy la que hacía siempre / de los hombres burla tanta, / que siempre las que hacen burla / vienen a quedar burladas

Es difícil, dada la omnipresencia del término Burla y derivados, en el ámbito de don Juan, no interpretar estos versos de Tisbea como un avance premonitorio de lo que espera al burlador por antonomasio: también élacabará burlado. Lo que Coridón dice de Tisbea:
Tal fin la soberbia tiene./ Su locura y confianza / paró en esto
Se puede fácilmente aplicar a don Juan, otro loco cuya confianza en el “tan largo me lo fiáis” le conducirá a su perdicion.
Examinado desde este punto de vista, el engaño sufrido por Mota se puede analizar como otro caso más de “burlador burlado”. En efecto, cuando el marqués se dirige a dar un perro muerto (es decir, una burla) a la tal Beatri, don Juan le pide que le ceda a él la diversión. Mora,tonto y magnánimo, le traspasa el perro y le presta la capa para que lo dé mejor: don Juan se va, claro, no a casa de la complaciente Beatriz, sino a la de doña Ana, amante de Mora. Pero si el Marqués es un burlador burlado, como Tisbea, en esta dinámica de sucesivos errores pagados, todo confluye en la sugerencia del final.
Interesante es elanálisis del motivo “dar la mano”, que ha sido interpretado como aplicación del principio vindicativo de la “counter passion” [es decir, aplicar al pecador un castigo correspondiente al pecado cometido como en el Infierno de Dante”], y que sin duda cohesiona con su reiteración la estructura de la comedia. Cada vez que don Juan engaña a una mujer le da la mano en señal de matrimonio, y como acto codificado que asegura la firmeza de sus juramentos:
Detente; / dame, duquesa, la mano / Esta es mi mano y mi fe / Ahora bien, dame esa mano
Cuando más adelante es la estatua la que pide la mano a don Juan, como sigo de compromiso, el burlador la entrega de nuevo sin percatarse de que no es ya un gesto vacío edificado sobre el perjurio, y de que la estatua no regresa del más allá precisamente en calidad de víctima. Don Juan no conecta este gesto que le exige el muerto con las ocasiones anteriores, conexión que le permitiría quizá un nuevo y último aviso, se le propone una meditación sobre el gesto simbólico que tantas veces ha traicionado. Rechazada esta oportunidad, la siguiente vez que la estatua le pida la mano serà la definitiva: el compromiso ya es irrevocable, aunque don Juan quiera, como siempre, anular su significado.
Resulta sorprendente que se haya acusado de impericia y de incorrecta construcción a una obra como el Burlador, donde cada detalle obedece a un designio artístico bien calibrado.
Muy significativa es la explotación poética de las metáforas y alusiones al mito de Troya, las imágenes en torno al campo semántico del fuego, la oposición luz/oscuridad, o el sistema, más o menos lexicalizado, sobre la idea de “pagar”.
Tisbea compara, por ejemplo, a don Juan que salva del mar a Catalinón con Eneas que salvó de la destrucción de Troya a su padre Anquises; del mar, en justa correspondencia se dice que “está hecho Troya”, en una metáfora conceptista que entra en la categoría de agudeza por contrariedad e improporción:pues Troya pareció por el fuego (a la cabaña de Tisbea, destruida por la pasión burlada se aplicará esta imagen de Troya), y el mar es una Troya de agua (elemento opuesto al fuego). Esta tensa contrariedad ínsita en la imagen troyana que corresponde a don Juan no es, en todo caso, la del Eneas salvador, sino la del paladión, el caballo destructor, imagen que ella misma, sin comprendere su implicaciones, le aplica más adelante:
Precéis caballo griego / que el mar a mis pies desagua, / pues venís formado de agua / y estáis preñado de fuego.
La misma comparación con Eneas resulta premonitoria si se sabe elegir la connotación significativa, que es aquí no la salvación de Anquises, sino el abandono de la reina Dido de Cartago1. El mismo don Juan completa es sistema alusivo dando esta misma interpretación al mito:
Buen pago / a su hospedaje deseas. / Necio, lo mismo hizo Eneas / con la reina de Cartago.
Las imágenes de Troya se relacionan con el motivo del fuego y su poder destructivo, que resulta a su vez símbolo de la pasión amorosa (instrumento y base de los engaños de don Juan) y del castigo eterno. De nuevo, las reiteraciones de imágenes y vocablos refuerzan la coherencia estructural: el fuego será para Tisbea expresión del amor (“ven y será la cabaña/tálamo de nuestro fuego) pero también de su desesperación en el abandono deshonroso (“fuego, fuego que me quemo,/que mi cabaña se abrasa”). Don Juan responsable de estos dos fuegos perecerá a su vez abrasado, en justa correspondencia:
Que me abraso. No me avrases / con tu fuego/ Este es poco / para el fuego que buscaste
Que las imágenes poéticas sirven al desarrollo drámatico sin limitarse a ser un adorno de bello lenguaje externo resulta evidente incluso en pasajes a menudo maltratados por la crítica.
Sin embargo el discurso de Tisbea integra toda una serie de motivos premonitorios que expresan irónicamente lo frágil de su libertad y preparan el marco de la burla.
El romancillo de tisbea se abre con un motivo nuclear, el de su libertad amorosa, no mera resistencia pasiva, sino vanidoso dominio del que presume, frente al universal poder del amor, que afecta a las pescadoras (entregada a la pasión) y pescadores (pretendientes desdeñadas de Tisbea), y también a los seres de la naturaleza circundante:
Oyendo de las aves / las quejas amorosas, / y los combates dulces / del agua entre las rocas
Sola de amor exenta, tirana, segura de sí, incurre ella también como otros personajes de la comedia, en una falta de lucidez que provoca su caída. El contraste que establece entre sí misma y el “necio pececillo” que se dispone a pescar, alcanza resonancias irónicas puesto en relación con el desenlace del episodio. Pero antes de su engaño avanza inconscientemente indicios claros para el espectador. Así, su cabaña alberga en el pajizo techo nidos de “tortolillas locas” aves que simbolizan el amor en la tradición poética y su honor “conserva en pajas” como la fruta y el vidrio. No hay que insistir en las connotaciones de fragilidad de estas imágenes, máxime si se recuerda la frecuencia de la imaginería del fuego, símbolo amoroso y destructivo, frente al cual la combustible paja de la cabaña no ofrece ninguna protección. La rebeldía amoros de la muchacha se expresa con términos negativos (lo que justifica dramáticamente su castigo) que implican una deshumanización cruel con sus amadore especialmente con Anfriso, compendio de virtudes, de cuya frustración seca Tisbea un placer morboso:
Porque en tirano imperio / vivo, de amor señora, / que halla gusto en sus penas / y en sus infiernos gloria.
Su exaltada seguridad pronto se somete a prueba: las imágenes de pesca (caña, cebo, redes) connotan irónicamente la captura de la propia Tisbea; se dispone a arrojar el cebo para el “necio pececillo”,pero su pesca se reduce en esta ocasión a don Juan; y quien se muestra como necio pez que muerde el cebo y cae en las redes (amorosas redes esta vez) es la desdeñosa Tisbea. No captura:es capturada. Su descripción de la nave naufragante es igualmente significativa con la alegoría del pavo real, símbolo de la vanidad. Poéticamente Tisbea atribuye el hundimiento de la nave-pavón al orgullo y la pompa, jugando con la dilogía de “desvanecer” “desaparecer, hundirse la nave” y “envanecerse demasiadamente”:
Como hermoso pavón / hace las velas cola, / adonde los pilotos / todos los ojos pongan. / Las olas va escarbando, / y ya su orgullo y pompa / casi la desvanece. /
y todo el pasaje, irónicamente premonitorio, resulta avanzado reflejo sugestivo de su propio orgullo y de su propio hundimiento.

LOS PERSONAJES DE LA COMEDIA
Don Juan y su mito

Pocos personajes del teatro universal han conseguido la popularidas de don Juan, convertido en un mito literario de dilatada progenie.
De un punto de vista psicoanalitico
 simboliza la rebelión inconsciente contra las normas demasiado rígidas del estado de civilización, y especialmente la rebelión de la libido contra la ley del padre (Evans).
Don Juan personaje edípico, que en cada mujer busca a la madre, vengándose del padre y también de la madre por haberlo abandonado: sus burlas manifestarían un complejo de Edipo no resuelto. (Vázquez)
Don Juan desafía la ley paterna sobre todo en el acto de matar al comendador (figura que según Feal Deibe encarna al padre, y a la que don Juan da muerte según el modelo edípico).

El aspecto más llamativo es su actividad erótica, la conquista de la mujer. Si bien es verda que a don Juan le impulsa la burla. En la técnica seductora de don uan todo vale: desde el disfraz y la personalidad fingida a la retórica brillante de ofrecimientos materiales. Y siempre, como elemento fijo que va elevando el grado de su alevosía, el perjuro. En todos los casos promete matrimonio a las mujeres con juramentos cada vez más reforzados. Don Juan no tiene necesidad de apelar a la moral jesuítica para ponerse en paz con su conciencia. Simplemente ignora la moral y la conciencia, relegándolas a un “después” perdido en la lejana hora de la muerte que no puede concebir en su presente victorioso. Su juramento más intenso, el último, invoca, cínicamente, el propio castigo con una condición imposible… que no obstante, por disposición divina, verá cumplida.
Jura a Dios que te maldiga / si no la cumples.
Si acaso / la palabra y la fe mía / te faltare, ruego a Dios / que a traición y alevosía / me dé muerte un hombre … (muerto, / que vivo ¡ Dios no permita!)

En la búsqueda de su satisfacción vital realiza don Juan dos cosas: primero, el placer sexual, que también busca y segundo, y fundamental, la burla. En ambos, conquista y engaño expresa una energía vital una apetencia de posesión y dominio, de apurar el presente sin referencias a un más allá eterno, que le hace prescindir de cualquier norma que no sea su apetito. Don Juan es el burlador; su placer sexual va siempre acompañado de la burla, e implica un aspecto cruel, destructivo, sádico, un malicioso placer en el engaño, una búsqueda obsesiva del renombre, de la fama. El término BURLA y derivados constituyen un campo semántico central en la obra:

Si burlar/ en hámbito antiguo mío/ ¿qué me preguntas, sabiendo / mi condición? / No prosigas, que te engaña / el gran burlador de España / Sevilla a voces me llama / el burlador, y el mayor / gusto que en mí puede haber / es burlar una mujer / y dejalla sin honor / ya de la burla me río / ha de ser burla de fama / Guárdense todos de un hombre / que a las mujeres, engaña / y es el burlador de España / – Tú me has dado gentil nombre

Las burlas no se ejecutan sólo contra las mujeres: se burla también de Octavio, de Mota, de la estatua del comendador. Miente, perjura, roba las yeguas de Tisbea, mata, desobedece al rey, se ríe de las admoniciones de su padre: se burla, en suma, de las normas sociales y divinas.Destruye el honor de los otros (todo lo convencional que se quiera, pero norma social cuya ruptura introduce un caos) y quiere construir su fama de “Héctor sevillano” sobre su capacidad de burlador victorioso del honor y deseos de los demás.
Don Juan cree porque un personaje de comedia española del Siglo de Oro no puede hacer otra cosa, pero actúa dejando al margen completamente a Dios y sus leyes de la conducta cotidiana. No se opone a Dios: Dios le es indiferente. El desafío que mantiene con la estatua, más que valor heroico comporta ceguera mental y moral. Su obsesión por cumplir la palabra dada al comendador viene de su temor a ser tachado de cobarde.
Todavía y dentro ya de un tramo sin retorno, en el que los avisos del castigo son obvios e indudables, don Juan sigue con su inercia del “tan largo me lo fiáis”, incapaz de reconocer que su tiempo ha terminado. Su frase favorita, el “tan largo” con que rechaza todos los avisos es otra muestra de petulancia inconsciente. No indica exactamente enfrentamiento con la divinidad, sino dilación, demora. No le faltan oportunidades de reflexión. Constantemente se le recuerda su responsabilidad:
Catalinón: Los que fingís y engañáis/ las mujeres desa suerte / lo pagaréis con la muerte. /
D. Juan: Qué largo me lo fiáis
Tisbea: Advierte/ mi bien, que hay Dios y que hay muerte. /
D. Juan: Qué largo me lo fiáis
Tisbea: Esa voluntad te obligue, / y, si no, Dios te castigue. /
D. Juan: Qué largo me lo fiáis
D. Diego: Mira que, aunque al parecer / Dios te consiente y aguarda / su castigo no se tarda, y que castigo ha de haber / para los que profanáis / su nombre, que es juez fuerte / Dios en la muerte.
D. Juan: ¿ En la muerte? / ¿Tan largo me lo fiáis? / De aquí allá hay gran jornada/
Catalinón: Mira lo que has hecho, y mira / que hasta la muerte, señor, / es corta la mayor vida, / y que hay tras la muerte infierno.
D. Juan: Si tan largo me lo fías / vengan engaños

Don Juan ignora el temor de Dios. En el Burlado no hay cuestiones de compleja teología, sino verdades elementales de la doctrina cristiana. El burlador reclama para sí la condenación. Rebelde consciente y heroico o simple malvado sin más objetivos que cumplir sus apetitos don Juan siempre es agente del mal y del caos. Su cuntumacia provoca el castigo ejemplar divino, que corrige la culpable benevolencia con que la justicia humana, nepótica y corrompida, trata al burlador. Que lo es porque su posición social de privado cortesano y poderoso señor le permite serlo. Desde este punto de vista la rebelión social de don Juan es muy relativa. No quiere destruir un sistema que le proporciona privilegios, y si rompe las reglas es para abusar apoyado en esos mismos privilegios que utiliza sin escrúpolos. No duda en ponderar su posición cuando quiere deslumbrar a Aminta, y su impunidad de burlador estriba en lo que él mismo confiesa a Catalinón:

D.Juan: Si es mi padre / el dueño de la justicia / y es la privanza del rey / ¿qué temes?
Catalinón: De los que privan / suele Dios tomar venganza / si delitos no castigan

Y este aspecto nos introduce en otro tema básico de la obra, el de la crítica social. Porque don Juan más que causa es efecto: es burlador porque le dejan, proque tiene cómplices y valedores. Hay una dura crítica contra los reyes, los privados y la general degradación social.

Los reyes y los validos
El rey de nápoles tiene una fugaz aparición al comienzo de la obra, en la que muestra su uncapacidad para enfrentarse al escándalo, y delega en don Pedro Tenorio las pesquisas. Su entrevista con Isabela es significativa de su condición de pésimo justiciero: hace dos preguntas a la dama, pero impide la respuesta. No escucha ni averigua. La situación acaba dominada por el mendaz embajador español. La conducta del rey de Nápoles prefigura la del rey del Castilla. Al recibir la noticia del engaño napolitano, el rey decide castigar a don Juan… desterrándolo a Lebrija, pueblo a un paso de Sevilla, destierro que don Juan no respeta. Conforme se acumulan más detalles de los abusos de don Juan, la ira del rey sólo alcanza con total injusticia a hacerlo conde de su lugar de destierro. Don Alfonso protege constantemente al burlador y elude cualquier medida. En la priemra entrevista con Octavio, don Diego Tenorio teme que el duque reclame desafío a su hijo. No lo hace porque Octavio ignora todavía quién ha burlado a Isabela. Don Diego y el rey, en cambio, sí conocen al culpable, pero le guardan muy bien el secreto. Don Alfonso ofrece a Octavio la mano de doña Ana sustitución de Isabela) pero no le dan noticia de los hechos de Nápoles. Cuando prende al marqués de la Mota, acusado de matar a don Gonzalo de Ulloa, el rey castellano actúa con él del mismo modo que el rey de Nápoles con Isabela: en su ira precipitada ambos monarcas impiden hablar a los acusados y bloquean ellos mismos la posibilidad de averiguar la verdad.
No se trata sólo de impotencia para dominar la situación: el mismo rey contribuye al desorden y a la confusión. El único que ignora la verdad parece ser el máximo responsable de la justicia (lo que sugiere que don Diego Tenorio, su válido, no es tan leal, y pone la disculpa de su hijo – motivo personal – delante de la justicia que está obligado a guardar, ocultando al rey la verdad). Pero no siempre la ignora. En la segunda audiencia a Octavio, éste pide, efectivamente, permiso para desafiar a don Juan. Aun aceptando la razón que asiste al duque, no sólo le otorga el desafío, sino que evita hacer justicia y amenaza veladamente a Octavio. Inmediatamente, este desorientado rey casamentero y grotesco, anuncia que se celebrarán las bodas previstas, entre ellas las del propio Octavio. El mismo don Alfonso ha dispuesto las parejas Isabela/do Juan y Ana/mota, despojando a Octavio de la novia destinada.
O el rey no sabe ya con quién casa a cada uno, o sigue eludiendo como puede las reclamaciones de Octavio, dejando que éste persista en la creencia de que doña Ana sigue siendo su prometida. Al cabo, cuando se decide a castigar al burlador, la justicia ya ha sido hecha. Es la falivilidad de la justicia humana, que provoca la actuación de la justicia divina. Desde esta perspectiva el final no deja de ser ambiguo: el orden se restaura, aparentemente en un doble movimiento: castigo de don Juan y bodas (símbolo tópico de la reorganización social y normalización de los impulsos eróticos dislocados por el burlador). El primero lo lleva a cabo Dios, por medio del comendador; el segundo lo dispone el rey.
Poco más hace falta decir de los otros personajes responsables del orden social. Don Pedro miente al rey de Nápoles, acusa a Octavio sabiéndolo inocente, trabaja siempre en interés propio sin importarle la injusticia. Don Diego, demasiado indulgente con su hijo, podr’ia aducir el amor paternal como disculpa, pero en todo caso es ejemplo de mal privado e injusto. Frente a Octavio llega a defender irracionalmente la nobleza de don Juan, acusado por el duque conbuenos motivos. Su conducta no parece calificable de “correcta y leal” .

Las mujeres de don Juan

Durante la acción de la comedia, don Juan burla a cuatro mujeres de distinta clase social y diversa caracterización, aunque todas coinciden en algún tipo de defecto que las hace, en parte, culpables de su propia deshonra. Isabela se entrega al que ella cree Octavio, profanando el palacio del rey, impulsada por la lascivia. No hay en ella una gran pasión ni sente demasiado amor por Octavio. Su cinismo se hace evidente cuando permite que acusen al galán, pensando utilizar en su beneficio la presión del rey.
Tisbea es un caso de orgullo extremo y cruel desdén con sus pretendientes: burladora burlada, el castigo de su vanidad es una especie de justicia poética que revela una sensualidad anteriormente disimulada.
Aminta es personaje más cómico en su necia credulidad y en la grotesca ambición de un ascenso social imposible.
Doña Ana de Ullosa parece la única que se libra de los engaños de don Juan. La imprudencia de doña Ana al escribir su billete amoroso y no certifica mejor su destinatario resulta también un grave error. Es posible que su relativo triunfo sobre don Juan sirva para subrayar la categoría antagonista del comendador.
En conjunto, las mujeres del burlador partecipan de los defectos morales y sociales que caracterizan a la mayoría de los personajes del drama.

El convidado de piedra
Respecto a don Gonzalo de Ulloa, sabemos poco. Sólo dos intervenciones relevantes: la descripción de Lisboa y la riña con don Juan. Su verdadera actuación comienza después de muerto, incorporando al personaje del convidado de piedra, como agente de la justicia divina que fulmina a don Juan. En su conjunto la figura del comendador es quizá la única que destaca positivamente del resto, y el sentido de su función vindicativa había de resultar muy claro al espectador, que dificilmente lo vería afectado por ningún tipo de condena.

Catalinón, gracioso predicador

Catalinón desempeña el papel de confidente, ayudante y de consejero moral. Desempeña dos tareas fundamentales en el Burlador: es la voz admonitoria que recuerda a don Juan la responsabilidad de sus pecados, justificando así las dimensiones del castigo final y en su función convencional de gracioso, provoca la risa del auditorio con una serie de recursos cuya topicidad no disminuiría su eficacia con el público coetáneo. Lo serio se integra con el perfil cómico que exige el tipo del gracioso, con los acostumbrados medios provocantes a risa:rasgos del personaje como la cobardía y la afición al vino, y discurso cómico ingenioso que incluye invocaciones grotescas, metáforas cómicas con alusiones costumbristas, chistes y juegos de palabras alusivos a los cuernos, te tono escatológico; hipérboles eróticas grotescas, etc.

Otros comparsas

Merecen algunas palabras cuatro personajes más: dos nobles y dos plebeyos. El duque Octavio queda sometido a una observación irónica ridiculizadora. Repetidamente despojado de sus damas sin conseguir oídos de ningún rey, acusado y desviado como importuno pretendiente, acaba por aceptar a Isabela, cuya deshonra es pública, mostrando una curiosa amplitud de criterios para un noble de su estamento. Frente a don Juan que, al menos, desarrolla un enérgico movimiento, destaca en Octavio una falta de vitalidad, una debilidad impulsiva que lo convierte en piza suplente desechada a la menor ocasión. Mota es otro joven calavera noble, como don Juan, frecuentador disoluto de las mancebías sevillanas y de pocas luces mentales. Decidido a “dar un perro” a una tal Beatriz momentos antes de actuar a la cita con su amada doña Ana, es un pequeño aprendiz de burlador que sufre los engaños de quien tiene por amigo y a quien, imprudentemente, pondera la belleza de su dama.
De los plebeyos, Gaseno, padre de Aminta, responde a la concepción cómica del villano grotescamente vanidoso de su buen pensar y de su cristianía vieja.
En cuanto a Batricio, de quien se suele resaltar el aspecto cómico, parece la melancólica victima del burlador. Es frente a Batricio donde manifiesta don Juan con más crudeza y menos escrúpulos su condición abusiva y su prepotencia de noble bien estribado en el favor del rey. Expulsado de su sitio en la mesa y cama nupcial, despojado de su novia, impotente ante el caballero, Beatricio no puede sino refugiarse en una casuística de honor que no le corresponde, mientras don Juan goza los frutos de sus hazañas nada heroicas.

Notas escénicas

En el Burlador de Sevilla adquiere su total dimensión en el escenario, el poeta incluye siempre muchos datos en el texto dialogado o en las acotaciones que guían la posible puesta en escena y conforman la espectacularidad de la obras.
Algunos de estos datos apuntan en el Burlador a aspectos de ambientación, momento de día, lugar de la acción, condición social de los personajes, etc.

Ejemplos:
- Isabela al comienzo dice “quiero sacar una luz” vv.9-10; y la aparición del rey “con una vela encendida” anuncian al espectador que la acción se desarrolla en la oscuridad nocturna.
- Tisbea sale con una caña de pescar en la mano y recoge a los náufragos “mojados” (rasgo verosimilizador de un naufrago que no se puede representar en escena y que es descrito verbalmente por Tisbea)

En el segundo tramo de la comedia se intensifican los elementos espectaculares, visuales, de escenografía y gesto.
Ejemplos: actitud de don Juan de rodillas ante su tío, las espaldas vueltas del rey ante Isabela, etc.

Pero en las escenas con el convidado de piedra se eriquecen mucho los sistemas de signos no verbales: primero se descubre la tumba de don Gonzalo, que la acotación no describe pero que a juzgar por las palabras del rey en los versos 1662-1667 “en el bronce y piedras varias / un sepulcro con un bulto/ le ofrezcan, donde en mosaicas / labores, góticas letras / den lenguas a sus venganzas” hemos de suponer impresionante.
La estadua del comendador es particularmente fértil en estos recursos: se anuncia con misteriosos golpes en la puerta, su movimiento es lento y rígido, no habla apenas, sustituye la voz por los gestos, y cuando habla hace en tono y modulación especiales, probablemente un estertor grave,

La concepción visual de estas escenas es evidente, lo mismo que en la culimación del desenlance cuando el sepulcro con don Gonzalo y don Juan se hunde entre llamas.

Efectos teatrales que se completan con la música, muy frecuente en la comedia: canciones de los pescadores (vv.981-984), de los campesinos (vv.1676 y sigs.), serenatas que ofrece Mota a doña Ana, o la misteriosa canción que suena en el convite macabro y que expresa la moraleja de la comedia.
La función de estas canciones es de contrapunto y compendio del sentido de la acción.

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