Author Archives: Jnj

About Jnj

Profesor de lengua y literatura castellanas, y amante de la una y la otra.

Pájaros


Yo
no vengo a enseñarte mis canciones,
voy a descubrir tu música
para que me toques y escuches
lo bien que sonamos juntos.
No tienes que devolverme la mirada,
basta con que te des la vuelta y veas
que todo el amor que tengo para ti
es un óleo espalda contra espalda.
Yo
no vengo a pintarte las paredes,
voy a acariciar tus humedades
para saber dónde tengo que dejarte las flores.
No voy a contarte lo que solo puede hacerse,
pero déjame decirte que tu escudo es de roble
y mi lengua ruge de fuego.
Yo
no vengo a decirte lo que tienes que hacer
estas son mis manos,
este es el mapa:
reinventa el destino.
Que no habrá próximas veces
que cada una de ellas se proclame última.
Que cuando cuentes conmigo
se multipliquen tus dedos
como gotas de mercurio estallando contra el suelo,
y tu cuerpo
tienda a infinito sobre el mío.
Yo,
que no he venido a darte razones para quedarte,
voy a comerte la locura
para relamerme los labios cuando piense
en
ti
a
solas.
Sírvete,
que esta noche me sabe la boca a Xavier Dolan,
y nunca creí en los besos de película.
Yo
no vengo a detenerte,
voy a contarte con cadenas
de papel y palabras
la libertad.
No me tienes en la palma de la mano,
quiero perderte,
quiero que me pierdas,
quiero que cuando se te ocurra apretar el puño
recuerdes que somos agua.
Que yo no sé mentir,
voy a protegerte tanto
que en mis ojos encontrarás siempre la verdad
lo que todavía no existe
el principio de la lluvia
el origen del frío a la izquierda del tiempo
tu pelo
enredando
lo inalcanzable.
No sigas los caminos marcados,
rompe la brújula
y disfruta del tiempo perdido
(como si fuera lo único que no recuperaremos jamás).
Yo
no vengo a decirte <>,
voy a quererte
porque es la única manera que conozco de cantar victoria.
No me digas adónde vas,
vuelve
y tráete en los bolsillos carreteras de historias
como nunca la nuestra:
la que nunca empieza
para nunca acabar.
Que no seré tu pacto,
ni tu rey,
ni tu republicano.
Voy a llenarte el mar
de música embotellada
para que cuando llores
en el fondo
te quede una canción.
Para que cuando vivas
y la sal de otros te carcoma los labios,
les cuentes nuestra historia a los niños del puerto.

Diles que tú
eres lo más bonito
que esta vida
ha hecho por devolvérmela.
Diles que tú,
eres poesía
y con mi voz
pronunciarás tu nombre.
Diles
que
tenemos
alas
y las alas
son
del
cielo.

 Chris Pueyo, 2017

La niña fea

niña feaLa niña tenía la cara oscura y los ojos como endrinas. La niña llevaba el cabello partido en dos mechones, trenzados a cada lado de la cara. Todos los días iba a la escuela, con su cuaderno lleno de letras y la manzana brillante de la merienda. Pero las niñas de la escuela le decían: “Niña fea”; y no le daban la mano, ni se querían poner a su lado, ni en la rueda ni en la comba: “Tú vete, niña fea”. La niña fea se comía la manzana, mirándolas desde lejos, desde las acacias, junto a los rosales silvestres, las abejas de oro, las hormigas malignas y la tierra caliente de sol. Allí nadie le decía: “Vete”. Un día, la tierra le dijo: “Tú tienes mi color”. A la niña le pusieron flores de espino en la cabeza, flores de trapo y de papel rizado en la boca, cintas azules y moradas en las muñecas. Era muy tarde, y todos dijeron: “Qué bonita es”. Pero ella se fue a su color caliente, al aroma escondido, al dulce escondite donde se juega con las sombras alargadas de los árboles, flores no nacidas y semillas de girasol.

 ana-marc3ada-matute Ana María Matute, 1956

Inmortal

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Fuiste inmortal
el tiempo que una ola
tardó en borrar tus pasos sobre la playa.
Pero no lo sabías.

Fuiste inmortal
el tiempo que la nieve
detuvo los caminos hacia tu casa.
Y tú no lo sabías
Yo te nombré,
tú eras como un poema:
pájaro en el oído sombra encauzada
agua vencida.

Fuiste inmortal.
Fuiste la luz de un fuego.l
Fuiste la sangre oscura de de las palabras
Y tú no lo sabías.

Tú nuinca lo sabías.

Pero después
el mar cubrió la arena,
la nieve se deshizo
y el alud de nosotros llegó a tu casa.

 Capturaprado Benjamín Prado, 2002

Las dos mitades

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aquí
donde no llegan
la traición
el engaño
ese oleaje oscuro
que nos gasta
que arroja nuestras vidas
sobre la arena
caracolas rotas
y moluscos vacíos

allí
en ese lado
la cicatriz
y el óxido
la sangre sin delfines
y la canción del cuervo
que echa su cera negra en la mujer dormida

aquí
donde llegabas
con una mano llena de nieve otra de fuego
eras escarcha encima de las rosas
sol sobre el río helado
dime qué puedes darme
qué perderías por mí

abro un libro
alguien dice
los sueños pierden su color más rápido
que las flores cortadas

abro un libro y allí
la ceniza que esconde
palomas incapaces de volver de la muerte
o la roca de cuarzo
que fue la calavera de luz
o la noche que tira de nosotros
hacia el sueño
como un león que arrastra una gacela herida

abro un libro y aquí
los árboles que buscan sus nombres en mis ojos
la soledad azul
la palabra sin víboras
la fruta sin veneno

Donde acaba mi mano comienza el precipicio

 Capturaprado Benjamín Prado, 2002

Redondillas

Redondillas (1)

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Cambatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?

Con el favor y desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por crüel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

 Icono sor Juana Ines de la Cruz Sor Juana Inés de la Cruz, 1680

Rima XXI

rima-xxi

 

¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Icono G.A.Bécquer G. A. Bécquer, 1868

Y Dios me hizo mujer

y-dios-me-hizo-mujer

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

icono-belli Gioconda Belli

A un olmo seco

09-07-28-116Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo.
algunas hojas nuevas le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el caminojy la ribera.
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas,
Antes que te derribe, olmo del Duero.
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campaña.
lanza de carro o yugo de carreta:
antes que rojo en el hogar, mañana.
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino.
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

icono-machado Antonio Machado, 1912

Ángel de amor

angel-de-amor

DON JUAN

[…] ¡Ah! ¿No es cierto , ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento,
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse a no verlas
de sí mismas al calor,
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
¡Oh! sí, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos
como lo haces, amor es;
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.

DOÑA INÉS

Callad, por Dios, ¡oh don Juan!,
que no podré resistir
mucho tiempo sin morir
tan nunca sentido afán.
¡Ah! Callad, por compasión,
que oyéndoos me parece
que mi cerebro enloquece
y se arde mi corazón.
¡Ah! Me habéis dado a beber
un filtro infernal sin duda,
que a rendiros os ayuda
la virtud de la mujer.
Tal vez poseéis, don Juan,
un misterioso amuleto,
que a vos me atrae en secreto
como irresistible imán.
Tal vez Satán puso en vos
su vista fascinadora,
su palabra seductora
y el amor que negó a Dios.
¿Y qué he de hacer, ¡ay de mí!,
sino caer en vuestros brazos,
si el corazón en pedazos
me vais robando de aquí?
No, don Juan; en poder mío
resistirte no está ya;
yo voy a ti, como va
sorbido al mar ese río.
Tu presencia me enajena,
tus palabras me alucinan,
y tus ojos me fascinan,
y tu aliento me envenena.
¡Don Juan! ¡Don Juan! Yo lo imploro
de tu hidalga compasión:
o arráncame el corazón,
o ámame, porque te adoro.
José Zorrilla, 1844

Ausencia

ausencia

Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.

icono-borges Jorge Luis Borges, 1923