La ballena, Eduardo Mendoza (fragmento)

“(…) la predisposición a considerar que nada se me debe por mis méritos innatos, sino solo por el resultado de mis actos, a agradecer lo que me dan y a no dar la menor importancia a lo que le dan a otro en lugar de dármelo a mí. Con esta filosofía no he sido feliz, pero he vivido mejor que la mayoría de gente que conozco, y me he ahorrado mucho resquemor y muchos berrrinches. Pero no es de mí de quien quería hablar.”

Carta de queja formal, Sergio Sánchez


Queja formal

Domingo 6 de Marzo del 2011

Queridos miembros del equipo directivo de Antena Neox, a mis oídos ha llegado el rumor de que estáis pensando en retirar de la programación la serie American Dad. Quiero expresar mi descontento frente a esta decisión y espero que lo desmintáis pronto. En caso contrario, reitero, es una mala elección ya que su entretenido humor simplón puede hacer más ameno el tiempo transcurrido entre las ocho de la tarde y otro programa cómo, por ejemplo, las noticias.

Escribo esta carta a mano porque vuestra dirección de correo electrónico debe estar colapsada, además, de que prefiero plasmar en un escrito logrado por mis propias manos mi profunda decepción.

Estoy de acuerdo en que la serie no ofrece ninguna educación, ni siquiera un valor moral. Aún así me parece que posee un valor educativo más grande que el que podría aportar el programa del corazón que posiblemente pondríais en su lugar. Recomiendo a la cadena recapacitar sobre el asunto ya que los seguidores de la serie o simplemente aquellos que la ven por entretenimiento estamos totalmente desconcertados con tal error. Desde el respeto me parece una bobada el asunto y es posible que el programa que sustituya a American Dad no tenga ni una audiencia, ni éxito equiparables a los de ésta.

Por último diré que podrían ser renovados con más frecuencia los capítulos y temporadas de la serie, pero, aun así es una sugerencia sin demasiada importancia así que prefiero dejar aquí el tema.

Con cierta insatisfacción se despide vuestro más fiel crítico.

Poesía urbana, de Sergio Sánchez

Puede que esta historia nunca os interese, pero, me gustaría dejarla como legado a los pocos que la leáis.

Mi nombre es… Nate Rhyme. Vivo, o vivía, en los barrios de Eleven Street. En aquellos tiempos era algo bajito, de pelo corto y marrón, de tez pálida, ojos marrones y de tamaño más bien empequeñecido, además, unas grandes y oscuras ojeras reseguían el contorno inferior de mis ojos, como un semicírculo. Era algo inconformista y, en cierta manera, un tanto impulsivo. Por último, me gustaría añadir que se me apodaba con el sobrenombre de Roach. Sí, así es, cucaracha.

Hacía ya tiempo que compaginaba algún que otro pequeño trabajo con los estudios, pero no grandes carreras ni nada comparable a la universidad, pues no había dinero. Acerca de Eleven Street, pues… no había demasiado que contar. Era un barrio casi marginal, lleno de pobreza y pandilleros, insoportables pandilleros. Yo vivía en una casa muy humilde, si se le podía llamar casa, claro. Hacía tiempo que mi madre subsistía como podía, decía que pronto no le daría para cuidarme, pero un día todo cambió. Gracias a mi gran amor, cabe decir que a veces no correspondido, el rap.

Aquel fue el día que todo cambió, tan diferente. Hacía ya un tiempo que algunos amigos míos me habían propuesto participar en las batallas de gallos del local abandonado que se encontraba en el barrio, punto de reunión de los supuestos MC’s (raperos) de la zona.

Eran las diez de la mañana y comencé con mi habitual profesión, ya sabéis atender pedidos, coger la condenada motito en pleno invierno, etcétera. Un detalle a resaltar era que, como una tradición, me llevaba buenas palizas propinadas por los grandes MC’s del lugar. Aquel día no faltó tampoco, no. Chester y sus compadres se presentaron y me volvieron a dar la del pulpo. Pero yo estaba contento, sabía que aquel día iba a volar.

Las 22:00, hora de cerrarles la boca a aquellos tipos. Sí, había llegado el momento de brillar. En cuánto entré a aquel lugar los abucheos se hicieron casi constantes. Salí al escenario y le tocó rapear a Chester. No me interesaba otra cosa que vencerle e irme.

Empezó él.

– Acércate debilucho, te veo pachucho, entérate, no vales nada y sé que eso te enfada, te desagrada, prepárate pequeño niño de mamá porqué hoy vas a aprender a volar.

En cuanto se me dio el turno a mí, me puse a pensar y cuando escuché “Dale DJ”, las rimas empezaron a fluir:

– Qué sabes tú de vivir, sufrir, lo único que sabes es prohibir, te da miedo lo que puedan decir, perrito faldero, conozco grandes raperos que te comerían entero, aún no me desespero, mereces el cero, sin ningún insulto demuestro que soy culto, os dejo a ti a tus amigos de parvulario ese pobre vocabulario.

El público aclamó y, con mi vaga experiencia, vencí. Así demostré que mis convicciones no se doblegaban y que podía mejorar.

Así, victorioso, salí.

Lucha por tus ideales, Raquel Río

LUCHA POR TUS IDEALES

Me caí, y me levanté.

La lucha acaba de empezar,

y jamás me rendiré.

Esta vez me haré destacar,

ante nada cederé.

No te dejes dominar

por esta sociedad.

Merece la pena bregar,

contra la realidad.

Me harté de la falsedad,

de los humanos indecentes

Ahítos de crueldad,

son seres inclementes.

No existe la pureza,

mas no busco perfección.

Personifico la rareza,

mostrando mi convicción.