Com explicar física quàntica amb un gat zombi

Si eres de los que piensa que saber que el tiempo y el espacio son en realidad lo mismo no sirve para nada, o que lo único que le puede decir un protón a un electrón es que deje de ser tan negativo…, ¡has dado con la lectura que necesitabas!

¿Sabías que el teletransporte es real? ¿Que a veces un electrón tiene probabilidades de atravesar una pared? ¿Que dos partículas pueden influenciarse mutuamente aunque estén a años luz de distancia? ¿Y que las partículas cuánticas son como Clark Kent y disimulan sus poderes cuando los científicos las están observando?

En Cómo explicar la física cuántica con un gato zombi descubrirás que, aunque no lo parezca, la física cuántica está por todas partes en nuestra vida cotidiana. Y además aprenderás…

…¡los principios más locos y flipantes de la física cuántica!

…¡experimentos low cost que puedes hacer en tu casa!

…que los científicos están un poco pallá, ¿lo sabías?

…y que los gatos tampoco son muy normales que digamos…

Alexander von Humboldt, la ciència al complet

Pensador d’extraordinària amplitud, va ser el primer a considerar la naturalesa en el seu conjunt. Una biografia rescata de l’oblit al geòleg, ecòleg i aventurer alemany. Per sobre de tot, Humboldt va ser el primer científic que va considerar la naturalesa en el seu conjunt. Va aplicar el mètode newtonià del pensament en dos temps -anàlisi i síntesi- al món biològic. El científic berlinès era tot el contrari d’un pensador de butaca: des de petit estava obsessionat amb el viatge i l’aventura, i havia heretat dels seus professors il·lustrats una passió pels mesuraments precisa. Humboldt va ser el gran biòleg i ecòleg de la primera meitat del segle XIX, i segurament el científic més conegut de la seva època.

Humboldt va ser el primer científic que va abastar la biologia com un tot, com una xarxa de relacions que regia el comportament de cada part i que comprenia els espais i els temps. La hipòtesi de Gaia que ha formulat en el nostre temps James Lovelock, i que tendeix a considerar la Terra, o almenys la biosfera, com una mena d’organisme viu, és hereva de l’esperit visionari de Humboldt. Va inventar les isotermes i les isòbares, aquestes línies que uneixen els punts d’igual temperatura o pressió que ens ensenya la dona del temps a la tele; va descobrir l’equador magnètic de la Terra; va percebre la profunda semblança que mostra la vegetació en tots els llocs del planeta quan les condicions ambientals són similars

Andrea Wulf, escriptora i professora al Royal College of Art de Londres, ha escrit la seva biografia. Aquest article és un petit homenatge.

http://cultura.elpais.com/cultura/2016/09/09/babelia/1473420066_993651.html

La ciudad de Jena, con sus 4.000 habitantes y sus rebaños de ovejas cruzando las calles empedradas, vio perturbado su sosiego académico y pastoril en los últimos días de diciembre de 1794. Un grupo estridente encabezado por Schiller, Goethe y un jovencísimo científico que empezaba a andar en boca de todo el mundo, Alexander von Hum­boldt, habían adoptado la costumbre de reunirse a diario en la casa del primero, en la plaza del mercado, para discutir de ciencia con calor y estrépito, pasión y risotada hasta bien entrada la noche. Conocer al científico ejerció un poderoso estímulo sobre un Goethe cuarentón, algo barrigudo y melancólico, hasta el extremo de que Humboldt pudo bien ser la inspiración de su Fausto.

Humboldt, que llegaría a ser el naturalista más renombrado de su tiempo, es hoy una figura arrinconada en la historia de la ciencia. Es paradójico, porque resulta muy difícil visitar alguna parte del mundo donde su apellido no haya bautizado algún lugar o algún fenómeno natural: la corriente de Humboldt junto a la costa de Chile y Perú, sierra Humboldt en México, pico Humboldt en Venezuela, el río Humboldt en Brasil, la bahía Humboldt en Colombia, el glaciar Humboldt en Groenlandia, montañas en China, Sudáfrica, Nueva Zelanda y la Antártida, cataratas en Tasmania y Nueva Zelanda, cientos de plantas y animales y hasta una de las manchas de la Luna, el mar de Humboldt. Pero eso son solo nombres, ¿verdad? Y el caso es que el de Humboldt no aparecería hoy en ninguna lista de los 10 o 20 grandes investigadores que han transformado el mundo.

La autora ha compuesto una narración admirable, tan preñada de entendimiento como de información novedosa

Esa es la injusticia que intenta reparar Andrea Wulf, escritora y profesora en el Royal College of Art londinense, con su obra monumental La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, que llega a las librerías el jueves. El libro asombra por dos razones. La primera es su exhaustiva investigación sobre el autor, que no solo la ha llevado a rebuscar por bibliotecas y archivos de medio mundo, sino también a seguir los pasos del naturalista alemán, a revivir en primera persona sus andanzas, escaladas y aventuras de descubrimiento. Y la segunda es que, tal vez como consecuencia de lo anterior, la autora ha compuesto una narración admirable, tan preñada de entendimiento como de información novedosa, tan plena de emoción vital como de conocimiento profundo. La intención de Wulf era revivir a Humboldt, y lo mejor que se puede decir de su libro es que lo ha conseguido.

Con independencia de sus grandes y variados logros científicos, la vida de Alexander von Humboldt (Berlín, 1769-1859) es de las que merecen contarse, qué duda cabe. Naturalista, aventurero y hasta guapetón —si hemos de dar crédito al retrato que le hizo Weitsch a los 36 años—, Humboldt fue el gran geólogo y ecólogo de la primera mitad del siglo XIX, y seguramente el científico más conocido de su época.

Hijo de un oficial de Federico el Grande y de una hugonote que había salido pitando de la Francia de Luis XIV, y que lo crio con rigidez calvinista, mal estudiante de niño, menos interesado en la literatura y la ciencia que en alistarse en el Ejército para librar lejanas batallas, tuvo que hacer un curso de ingeniería para enamorarse de la botánica, y después de toda la ciencia. Educado por destacados intelectuales de la Ilustración, tuvo ocasión de conocer —y de asombrar— a los pensadores, estadistas y científicos más destacados de su tiempo.

Los mapas de California, México y el sur de EE UU no eran correctos hasta que el aventurero los rehízo, para deleite de Jefferson

Goethe y Schiller fueron solo los primeros de un censo prodigioso que incluye a Thomas Jefferson, el tercer presidente de Estados Unidos, y el segundo por la izquierda en el conjunto escultórico del monte Rushmore; también a Simón Bolívar y Charles Darwin, a Henry David Thoreau, a George Perkins Marsh y Ernst Haeckel, en un abanico de personajes que le sirven a Wulf para exponer las ideas más destacadas de aquella época apasionante.

Y su influencia sobre otros pensadores y científicos posteriores fue aún mayor, y en parte pervive hasta nuestros días. Inventó las isotermas y las iso­baras, esas líneas que unen los puntos de igual temperatura o presión que nos enseña la mujer del tiempo en la tele; descubrió el ecuador magnético de la Tierra; percibió la profunda semejanza que muestra la vegetación en todos los lugares del planeta cuando las condiciones ambientales son similares; al lector le bastará subir al Teide, como hizo Humboldt con ese y otros volcanes gigantescos, para contemplar todos los paisajes que ha visto en su vida en la Europa continental, por ejemplo.

Por encima de todo, Humboldt fue el primer científico que consideró la naturaleza en su conjunto. Aplicó el método newtoniano del pensamiento en dos tiempos —análisis y síntesis— al mundo biológico. El científico berlinés era todo lo contrario de un pensador de sillón: desde pequeño estaba obsesionado con el viaje y la aventura, y había heredado de sus profesores ilustrados una pasión por las mediciones precisas; embarcaba con 40 aparatos de medición muy avanzados para su época, y ni el desfiladero más angosto junto a un abismo le disuadía de medir la presión y la temperatura, la altitud y el azul del cielo.

Pero todo ese lujo de detalle no era para él más que la primera parte, la que Newton llamó análisis en un contexto muy distinto. La segunda parte era la síntesis, y el gran observador se convertía ahí en un no menos grande pensador de extraordinaria amplitud. Esta capacidad suya para considerar la naturaleza en su conjunto asombró por igual a Goethe y a Darwin. Humboldt fue el primer científico que abarcó la biología como un todo, como una red de relaciones que regía el comportamiento de cada parte y que comprendía los espacios y los tiempos. La hipótesis de Gaia que ha formulado en nuestro tiempo James Lovelock, y que tiende a considerar la Tierra, o al menos la biosfera, como una especie de organismo vivo, es heredera del espíritu visionario de Humboldt.

La invención de la naturaleza.
Andrea Wulf. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. Taurus. Madrid, 2016 578 páginas. 23,90 euros

De todos su viajes, el primero y más importante fue seguramente la exploración de lo que hoy llamamos Latino­américa, y en particular de Venezuela. De forma inesperada, el presidente del Gobierno español en la época, Mariano de Urquijo, le facilitó un pasaporte para explorar sus colonias americanas, algo que hasta entonces había sido un privilegio exclusivo de los militares españoles y de la misión católica romana. Esta cerrazón al mundo era, precisamente, lo que hacía del sur y el centro de América un territorio de enorme interés para un investigador. Ni siquiera los mapas de México, California y el sur de Estados Unidos eran correctos hasta que el aventurero alemán los rehízo, para deleite de Jefferson, que tenía un enorme interés en anexionar esos territorios a la emergente Unión. En una cosa discrepaba el alemán del presidente: en su rechazo al esclavismo, cuya abolición tendría que esperar a Lincoln, la cuarta cabeza de Rushmore.

Dedicó sus últimos años a escribir Cosmos, su libro más popular y un hito de la divulgación científica. Y, por una de esas bromas del calendario, murió justo el año en que Darwin publicó El origen de las especies, libro que fundó la biología moderna y explicó, al fin, la razón última de la unidad de la naturaleza que obsesionaba a Humboldt: toda la vida tiene un origen común.

Lean a Wulf, ha escrito un libro maravilloso.

Sofia Kovalèvskaia , en una novel·la de Jules Verne

Verne la va incloure per recomanació d’Albert Badoureau , per a ” suavitzar ” un començament masclista de la novel·la

http://mujeresconciencia.com/2016/08/22/sofia-kovalevskaya-en-una-novela-de-jules-verne/?platform=hootsuite

Sans dessus dessousSin arriba ni abajo o El secreto de Maston– es una novela de Jules Verne publicada en 1889.

Los protagonistas de la novela son los miembros del Gun Club de Baltimore –los personajes de De la Tierra a la Luna– que en esta ocasión intentan rectificar el eje de rotación de la Tierra para hacerlo perpendicular al plano de la eclíptica, con fines puramente lucrativos.

El encargado de realizar los cálculos para llevar a cabo esta extraordinaria empresa es el secretario del Gun Club, el matemático y gran calculador J.-T. Maston. La novela de Verne comienza con una conversación entre el científico y Evangelina Scorbitt, una viuda millonaria y enamorada de Maston (ver [5]):

Así, pues, señor Maston, ¿opináis que una mujer no sería nunca capaz de hacer progresar las ciencias matemáticas o experimentales?

– Sintiéndolo mucho, me veo obligado a reconocerlo, señora Scorbitt –contestó J.-T. Maston–. A pesar de que hayan existido y existan, particularmente en Rusia, algunas mujeres matemáticas muy notables. Pero, debido a su estructura cerebral, es imposible que ninguna mujer llegue a ser un Arquímedes o un Newton, por ejemplo.

– ¡Oh, señor Maston! Permitidme que proteste en nombre de nuestro sexo…

– Sexo mucho más adorable, señora Scorbitt, porque no ha sido creado para dedicarlo a estudios trascendentales.

– Entonces, señor Maston, según vos, ¿ninguna mujer hubiera podido descubrir la ley de la gravedad al ver caer una manzana, tal como le ocurrió al ilustre sabio inglés?

– Una mujer que viera caer una manzana, señora Scorbitt, no pensaría en otra cosa más que… en comérsela, repitiendo lo que ya hizo una vez nuestra madre Eva.

– No hay derecho que nos neguéis toda aptitud para entender en cuestiones elevadas.

– ¿Toda aptitud? No, señora Scorbitt, nada de eso. Pero debo haceros observar que desde que el mundo está habitado por seres humanos, y naturalmente, por mujeres, no se sabe de ninguna que haya hecho algún descubrimiento análogo a los que hicieron Aristóteles, Euclides, Kepler y Laplace en el mundo científico.

– Esto no es ninguna razón. ¿Es que el pasado debe responder irremisiblemente al porvenir?

– ¡Hum! Lo que no se ha hecho en tantos miles de años es muy posible que no se haga nunca.

Sorprendentemente, el matemático machista J.-T. Maston consigue, a pesar de su despectivo trato hacia las mujeres, que Evangelina Scorbitt financie en parte su aventura.

El diálogo no tiene desperdicio, desde la alusión a la inferioridad intelectual de las mujeres debido a su estructura cerebral, pasando por la mención a la manzana de Eva (y de Newton), hasta la contundente afirmación de que las mujeres nunca podrían conseguir ser científicas.

Maston suaviza sus opiniones respecto a las mujeres con la frase ‘A pesar de que hayan existido y existan, particularmente en Rusia, algunas mujeres matemáticas muy notables’, en la que el matemático haría alusión a Sofia Kovalevskaya (1850-1891).

Verne añadió esta frase a sugerencia del matemático Albert Badoureau que asesoró al escritor en la redacción de la novela (ver [4]). Se conoce este dato gracias a la correspondencia entre el escritor y el científico, publicada en Le Titan moderne (ver [2]), en la que Badoureau sugiere (ver [3]):

La conversación del principio entre J.-T. Maston y Mrs. Scorbitt podría modificarse. Ha habido grandes matemáticas, en particular en Rusia.

Primera página del manuscrito de Sans dessus dessous.

Imagen extraída de [3].
Bibliothèque municipale de Nantes / Musée Jules Verne).

Detalle del comentario añadido, sugerido por Badoureau, en la imagen anterior.

Según estas notas, Badoureau conocía a Sofia Kovaleskaya antes de que la Academia de Ciencias de París le concediera en Premio Bordin (el 24 de diciembre de 1888). Jacques Crovisier comenta en [3] que podía deberse a la fama de la matemática en el mundo académico o quizás gracias a Henri Poincaré –que mantuvo una relación epistolar con Sofia Kovaleskaya, al estar ambos interesados en el estudio de los anillos de Saturno–, antiguo compañero y amigo de Badoureau.

En la novela, Evangelina Scorbitt es la responsable –involuntaria– de que la hazaña de Maston no llegue a buen término: es la heroína de la historia, el fracaso de la empresa de los socios del Gun Clubevita grandes catástrofes en todo el planeta. Aunque, tal y como comienza el relato, se podría interpretar que ‘una torpe mujer’ desbarata la empresa del insigne científico…

Evangelina Scorbitt realiza una llamada telefónica a J.-T. Maston en una noche con tormenta. Justo en el momento de contestar la llamada, cae un rayo y la corriente pasa a través del hilo telefónico, atravesando el garfio del científico. Este episodio provoca un despiste en Maston, que acaba cometiendo un error en sus cálculos. Ilustraciones de George Roux.

Lectures d’estiu estiu

http://elmon.cat/noticia/167246/lectures-destiu-estiu#.V6Ncy4zRp-F.twitter

per Xènia Bussé03/08/2016

Com en les llistes dels bons propòsits que, qui més qui menys, escriu en un paper a les envistes de qualsevol 1 de gener, quan comencen les vacances assolellades, ens fem una llista mental del que hem de llegir durant l’estiu, «sí o sí». Hi ha gent que fins i tot col.loca els volums en una pila, els fa una foto i la pengen a les xarxes… com si aquest atac de sinceritat els ajudés a complir el seu objectiu. Tots sabem què és el plaer d’un llibre volgut i esperat els darrers mesos i comptar, durant les vacances, amb l’ombra d’un pi amic, hi hagi les formigues que hi hagi. Però passa, de vegades, que l’ombra del pi es fa esperar perquè ens queden quatre coses per acabar de la feina i «més val matar-ho la primera setmana d’agost, que si no..» . I anem allargant el moment de posar-nos-hi. Buscant excuses? Cada vespre, la pila de «llibres de l’estiu» a la tauleta de nit sembla fer-se cada cop més grossa i ens sentim com l’Alícia després de menjar-se la galeta d’encongir-se. L’endemà decidim anar al cinema i engolir crispetes mirant un blockbuster, o dos, què carai. Si hem de pecar, pequem. Arribats a aquest punt, toca reflexió: es fa evident que la selecció de llibres que hem fet no és la millor. I ho sabíem. Ens hem deixat endur per les recomanacions dels diaris i resulta que, tot i que ens ho temíem, no trobem el moment d’enfilar l’Elena Ferrante o el premi aquell, que tot i que merescut, ens fa mooolta mandra? Segurament.

Anem a una altra situació. Resulta que, ja asseguts sota les branques i ensumant la sentor de pinassa, amb un grill que no calla allà  al fons, comencem la lectura… Però tot i que les pàgines corren, no trempem. Ostres! «Aviam si sóc jo, que no estic centrat i no capto allò que hi ha trobat la veïna i el company de feina …» I li donem una estona més. Però resulta que tres quarts d’hora més tard descobrim que ens està assaltant una son desaforada o que trobem interessantíssim el que el grill ens està dient a crits ja fa estona. Llavors, el llibre ja ens ha caigut de les mans. Decidim anar a nedar o a fer la segona migdiada.

Les hipòtesis, en les dues situacions anteriors, són, o bé que l’entorn del lector no facilita la lectura, és a dir, és culpa del grill, de les formigues o del cine del costat de casa que té uns cartells massa cridaners. O bé el lector d’estiu en potència no té prou força de voluntat. Wrong. El que passa és que hem traslladat al temps sense rellotges l’estrès del temps dels rellotges: hem de tenir una pila concreta de llibres a llegir, els llibres seleccionats ens han d’agradar perquè agraden a «tothom», etc. Anem a pams. Com construïm la pila de llibres de l’estiu? No la construïm. I per exemple, ens llancem de cap a la prestatgeria de casa i anem a les fileres de llibres que ja no es veuen, les que tenen més pols: allí, segur, hi trobarem aquell llibre que vam comprar fa temps i que havíem de llegir de seguida i mai vam llegir. Potser ara és el moment. O potser trobem, a un racó, un llibre ja llegit que ens va fer immensament feliços: «L’idiota» de Dostoievski o «Els fills del capità Grant» d’en Verne, traduït per Jesús Moncada, o qualsevol llibre de Daphne du Maurier, des de «Rebeca» fins a «La posada de Jamaica». O «Blonde» de la Jyce Carol Oates. O tots els contes de Pere Calders  i tots els de la Rodoreda. O «El quadern gris» d’en Pla. Per què no rellegir? Potser ens deixem caure a la biblioteca del barri i ens hi perdem una estona fins que trobem, tal vegada, un llibre que ens estava esperant: «Andrea Víctrix» de Llorenç Villalonga o «La muerte del autor» de Gilbert Adair. O «Una historia personal» de Katharine Graham, l’editora del Wahsington Post durant el Watergate.

O bé,  sortim a fer una orxata i entrem a una llibreria i ens posem a remenar i en sortim ben contents amb, per exemple, «Els pescadors» de Chigozie Obioma, «Escarabats» de Jo Nesbo, les «Tragèdies» de Sòfocles o els «Assajos» de Montaigne. Hi ha qui complementa les lectures amb els nous quaderns de vacances per a adults: Àngels Navarro en té dos, «Muntanya» i «Platja» (Columna). Som a un país lliure. O ens agrada dir-ho, almenys. Diuen que pintar, de gran, relaxa molt. Més que fer ganxet.

Mentre no ens tornem a encaparrar, quan toqui enfilar el mes de setembre, el més important de les lectures d’estiu és que estiguin impregnades d’aquest temps de treva: llegir per fer més vacances, per ser més lliures, per somniar encara més.

Llegir novel·les de ficció desenvolupa l’empatia

La lectura ens permet ‘ simular ‘ la vida real, preparar-nos per mantenir relacions complexes amb altres persones i cooperar. ( Teresa Short / Getty )

http://www.lavanguardia.com/ciencia/cuerpo-humano/20160719/403334437827/leer-ficcion-desarrolla-empatia.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=twitter&utm_medium=social

“La muerte nos debería sorprender a todos con un libro en las manos”, asegura el psicobiólogo Ignacio Morgado , al frente del Institut de Neurociències de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Y prosigue: “la lectura es la mejor gimnasia posible para nuestro cerebro a cualquier edad. Nos estimula, nos proporciona bienestar, placer, y nos enseña a entender mejor al otro, a ponernos en su piel y, por ende, a convivir mejor en sociedad”.

Que leer es una actividad beneficiosa para el cerebro es algo asumido desde hace tiempo. Los estudios realizados con tecnologías de imagen cerebral, explica Morgado, han permitido ver que zambullirse en una historia requiere que pongamos en marcha una serie de procesos mentales, como la percepción, la memoria, el razonamiento. Y eso resulta un entrenamiento excepcional para el cerebro.

 Pero es que además colarnos en la vida de Tom Sawyer o de Don Quijote o de Anna Karenina y ponernos en sus zapatos durante unos días desarrolla nuestra capacidad de empatía y de comprensión social, dos capacidades únicas del ser humano que han sido básicas para la supervivencia de nuestra especie, que justamente se caracteriza por ser hipersocial y cooperadora.
La lectura es la mejor gimnasia para el cerebro a cualquier edad
La lectura es la mejor gimnasia para el cerebro a cualquier edad (Liam Norris / Getty)

“Leer literatura nos hace ser más empáticos, esto es ponernos en la piel del otro, y tener una mejor comprensión social”, afirma el catedrático emérito de psicología aplicada Keith Oatley, de la Universidad de Toronto, quien ha investigado durante gran parte de su carrera las relaciones entre lectura y cerebro, y que ahora publica una revisión exhaustiva sobre los resultados obtenidos en este ámbito en la revista Trends in Cognitive Sciences.

“Siempre se suele decir que leer es positivo. Y en mi laboratorio quisimos saber por qué. Así que emprendimos una serie de estudios con el objetivo de discernir si leer ficción o no ficción suponía, por ejemplo, diferencias en cuanto al desarrollo de la empatía social o de la compresión del otro. Y ya en aquellos primeros experimentos observamos que las personas que leían novelas eran más empáticas y capaces de entender mejor a los otros que quienes no leían o preferían libros de no ficción”, explica a Big Vang este experto en una conversación telefónica.

“Leer literatura nos hace ser más empáticos, esto es ponernos en la piel del otro, y tener una mejor comprensión social”
KEITH OATLEY

Profesor emérito Universidad de Toronto

El motivo por el que la literatura de ficción o las películas pueden desarrollar nuestra empatía es, justamente, que nos permiten explorar la vida de otros, sus emociones, sus motivaciones, sus ideas. Como una especie de “simulación” de la vida real que nos permite realizar inferencias, involucrarnos emocionalmente.

Diversos estudios recientes han mostrado, indica Oatley, que leer novela, sobre todo cuando se trata de historias con tramas y personajes complejos, “como en el caso de Jane Austen, en ‘Orgullo y prejuicio’ o de la autora revelación Elena Ferrante, que escribe sobre la relación de amistad entre dos mujeres, nos permite entender la complejidad emocional del personaje y eso mejora nuestra comprensión social”.

Potencia la empatía

En un estudio reciente le pidieron a un grupo de voluntarios que imaginara determinadas frases, como ‘alfombra azul oscuro’, mientras los neurocientíficos miraban qué pasaba en sus cerebros mediante un escáner. Y observaron que cuando los participantes decían aquellas frases, se activaba su hipocampo, una región asociada al aprendizaje y la memoria, como si evocaran el mundo real. “Los escritores no necesitan describir los escenarios de forma exhaustiva para soliviantar a la imaginación del lector; les basta con sugerir una escena”, apunta Oatley.

Leer novela de ficción fomenta la empatía y la comprensión social
Leer novela de ficción fomenta la empatía y la comprensión social (JGI/Jamie Grill / Getty)

En otra investigación, esta vez liderada por uno de los compañeros de laboratorio de Oatley, Raymond Mar, realizaron un experimento en que hicieron mirar a un grupo de voluntarios 36 fotografías de ojos de personas y para cada par de ojos debían escoger cuatro términos que expresaran lo que ellos creían que el propietario de esa mirada sentía. Los científicos vieron que aquellos voluntarios que más leían literatura de ficción eran también quienes mejores resultados obtenían y eran mejor capaces de realizar inferencias acerca de lo que el otro podía estar pensando.

El mismo efecto, señalaban, se producía si los participantes veían películas centradas en historias que atañían a personajes complejos o incluso si jugaban a videojuegos con una narrativa detrás.

Para Morgado, autor entre otros títulos de “Emociones e inteligencia social” (Ed Ariel), no obstante, es la literatura la que permite con cierta facilidad ponerse en lugar del otro por una cuestión también de tiempo. “Leer una novela son varios días en los que estás en la vida de un personaje y eso potencia más la empatía”, considera.

“La característica más importante y distintiva del ser humano es que tenemos vidas sociales. Nos relacionamos con los amigos, la pareja, los niños y esas relaciones no están preprogramadas por instinto. La ficciónpuede aumentar y ayudarnos a entender mejor nuestra experiencia social”, añade Oatley.

Qué ocurre en el cerebro

Con la lectura activamos sobre todo el hemisferio izquierdo, el del lenguaje, aunque intervienen muchas áreas cerebrales de ambos hemisferios. Por ejemplo, decodificar las palabras y frases y convertirlas en sonidos mentales requiere que se active la corteza cerebral. Y las cortezas occipital y temporal se ponen en funcionamiento para reconocer el valor semántico de las palabras, su significado.

“La característica más importante y distintiva del ser humano es que tenemos vidas sociales. Nos relacionamos con los amigos, la pareja, los niños y esas relaciones no están preprogramadas por instinto. La ficción puede aumentar y ayudarnos a entender mejor nuestra experiencia social”
K. OATLEY

La corteza frontal motora, destaca Morgado, se activa cuando evocamos mentalmente los sonidos de las palabras que leemos. Los recuerdos que evoca la interpretación de lo leído activan poderosamente el hipocampo y el lóbulo temporal medial. Las narraciones y los contenidos sentimentales del escrito, sean o no de ficción, activan la amígdala y demás áreas emocionales del cerebro. El razonamiento sobre el contenido y la semántica de lo leído activan la corteza prefrontal y la memoria de trabajo, que es la que utilizamos para resolver problemas, planificar el futuro y tomar decisiones.

Y, además, dice Morgado, está demostrado que la activación regular de esa zona cerebral fomenta la capacidad de razonar y la inteligencia. Y nos cambia. En un experimento le pidieron a un grupo de voluntarios que leyera un cuento corto de Chejov, ‘La dama del perrito’ y a otro grupo, un texto con la misma longitud y dificultad que contenía información sobre la historia. Las emociones que la gente experimentaba al leer el cuento no eran comparables con la experiencia de los que leían un texto informativo. Leer a Chejov, concluía el estudio, modificaba la personalidad de los lectores.

Un estudio señala que las novelas de Harry Potter fomentan la comprensión y empatía hacia grupos discriminados
Un estudio señala que las novelas de Harry Potter fomentan la comprensión y empatía hacia grupos discriminados (Ulrich Baumgarten / Getty)

Incluso la lectura es capaz de deshacerse de sesgos cognitivos y prejuicios, y en cambio, fomentar empatía hacia un colectivo. En este sentido, la saga de Harry Potter, según un estudio, es capaz de ayudar a reducir ideas preconcebidas sobre grupos discriminados.

Garantía de supervivencia

Par Oatley, “los seres humanos como especie vivimos y sobrevivimos gracias a que cooperamos unos con otros. Se solía decir que lo que nos distinguía de otras especies era el lenguaje, pero en realidad es justamente la capacidad de cooperar, de establecer planes juntos. Y para eso, lo más importante es entender a los demás. Por eso nos gustan las historias, porque nos preparan”.

De hecho, las historias forman parte de la vida del ser humano desde siempre. Todas las culturas del planeta explican cuentos, que a veces son simplemente alguna escena que ha sucedido y otras, situaciones inventadas. “El cerebro del ser humano ha evolucionado escuchando esas historias y es propenso a estimularse con ellas, seguramente porque nos preparan para sobrevivir”, considera Morgado

Así es que, y tomando prestada la frase con que Morgado suele acabar sus charlas, “¡Leed, leed, malditos!”.