Sofia Kovalèvskaia , en una novel·la de Jules Verne

Verne la va incloure per recomanació d’Albert Badoureau , per a ” suavitzar ” un començament masclista de la novel·la

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Sans dessus dessousSin arriba ni abajo o El secreto de Maston– es una novela de Jules Verne publicada en 1889.

Los protagonistas de la novela son los miembros del Gun Club de Baltimore –los personajes de De la Tierra a la Luna– que en esta ocasión intentan rectificar el eje de rotación de la Tierra para hacerlo perpendicular al plano de la eclíptica, con fines puramente lucrativos.

El encargado de realizar los cálculos para llevar a cabo esta extraordinaria empresa es el secretario del Gun Club, el matemático y gran calculador J.-T. Maston. La novela de Verne comienza con una conversación entre el científico y Evangelina Scorbitt, una viuda millonaria y enamorada de Maston (ver [5]):

Así, pues, señor Maston, ¿opináis que una mujer no sería nunca capaz de hacer progresar las ciencias matemáticas o experimentales?

– Sintiéndolo mucho, me veo obligado a reconocerlo, señora Scorbitt –contestó J.-T. Maston–. A pesar de que hayan existido y existan, particularmente en Rusia, algunas mujeres matemáticas muy notables. Pero, debido a su estructura cerebral, es imposible que ninguna mujer llegue a ser un Arquímedes o un Newton, por ejemplo.

– ¡Oh, señor Maston! Permitidme que proteste en nombre de nuestro sexo…

– Sexo mucho más adorable, señora Scorbitt, porque no ha sido creado para dedicarlo a estudios trascendentales.

– Entonces, señor Maston, según vos, ¿ninguna mujer hubiera podido descubrir la ley de la gravedad al ver caer una manzana, tal como le ocurrió al ilustre sabio inglés?

– Una mujer que viera caer una manzana, señora Scorbitt, no pensaría en otra cosa más que… en comérsela, repitiendo lo que ya hizo una vez nuestra madre Eva.

– No hay derecho que nos neguéis toda aptitud para entender en cuestiones elevadas.

– ¿Toda aptitud? No, señora Scorbitt, nada de eso. Pero debo haceros observar que desde que el mundo está habitado por seres humanos, y naturalmente, por mujeres, no se sabe de ninguna que haya hecho algún descubrimiento análogo a los que hicieron Aristóteles, Euclides, Kepler y Laplace en el mundo científico.

– Esto no es ninguna razón. ¿Es que el pasado debe responder irremisiblemente al porvenir?

– ¡Hum! Lo que no se ha hecho en tantos miles de años es muy posible que no se haga nunca.

Sorprendentemente, el matemático machista J.-T. Maston consigue, a pesar de su despectivo trato hacia las mujeres, que Evangelina Scorbitt financie en parte su aventura.

El diálogo no tiene desperdicio, desde la alusión a la inferioridad intelectual de las mujeres debido a su estructura cerebral, pasando por la mención a la manzana de Eva (y de Newton), hasta la contundente afirmación de que las mujeres nunca podrían conseguir ser científicas.

Maston suaviza sus opiniones respecto a las mujeres con la frase ‘A pesar de que hayan existido y existan, particularmente en Rusia, algunas mujeres matemáticas muy notables’, en la que el matemático haría alusión a Sofia Kovalevskaya (1850-1891).

Verne añadió esta frase a sugerencia del matemático Albert Badoureau que asesoró al escritor en la redacción de la novela (ver [4]). Se conoce este dato gracias a la correspondencia entre el escritor y el científico, publicada en Le Titan moderne (ver [2]), en la que Badoureau sugiere (ver [3]):

La conversación del principio entre J.-T. Maston y Mrs. Scorbitt podría modificarse. Ha habido grandes matemáticas, en particular en Rusia.

Primera página del manuscrito de Sans dessus dessous.

Imagen extraída de [3].
Bibliothèque municipale de Nantes / Musée Jules Verne).

Detalle del comentario añadido, sugerido por Badoureau, en la imagen anterior.

Según estas notas, Badoureau conocía a Sofia Kovaleskaya antes de que la Academia de Ciencias de París le concediera en Premio Bordin (el 24 de diciembre de 1888). Jacques Crovisier comenta en [3] que podía deberse a la fama de la matemática en el mundo académico o quizás gracias a Henri Poincaré –que mantuvo una relación epistolar con Sofia Kovaleskaya, al estar ambos interesados en el estudio de los anillos de Saturno–, antiguo compañero y amigo de Badoureau.

En la novela, Evangelina Scorbitt es la responsable –involuntaria– de que la hazaña de Maston no llegue a buen término: es la heroína de la historia, el fracaso de la empresa de los socios del Gun Clubevita grandes catástrofes en todo el planeta. Aunque, tal y como comienza el relato, se podría interpretar que ‘una torpe mujer’ desbarata la empresa del insigne científico…

Evangelina Scorbitt realiza una llamada telefónica a J.-T. Maston en una noche con tormenta. Justo en el momento de contestar la llamada, cae un rayo y la corriente pasa a través del hilo telefónico, atravesando el garfio del científico. Este episodio provoca un despiste en Maston, que acaba cometiendo un error en sus cálculos. Ilustraciones de George Roux.

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