Jueves, 18 de febrero

ARTE NUEVO DE HACER COMEDIAS EN ESTE TIEMPO (selección)

 

Mándanme, ingenios nobles, flor de España,

(…)

que un arte de comedias os escriba,

que al estilo del vulgo se reciba.

(…)

Elíjase el sujeto, y no se mire

(perdonen los preceptos) si es de reyes,

aunque por esto entiendo que el prudente

Filipo, rey de España y señor nuestro,

en viendo un rey en ellos se enfadaba,

o fuese el ver que al arte contradice,

o que la autoridad real no debe

andar fingida entre la humilde plebe.

(…)

Lo trágico y lo cómico mezclado,

y Terencio con Séneca, aunque sea

como otro Minotauro de Pasife,

harán grave una parte, otra ridícula,

que aquesta variedad deleita mucho:

buen ejemplo nos da naturaleza,

que por tal variedad tiene belleza.

Adviértase que sólo este sujeto

tenga una acción, mirando que la fábula

de ninguna manera sea episódica,

quiero decir inserta de otras cosas

que del primero intento se desvíen;

(…)

pase en el menos tiempo que ser pueda,

si no es cuando el poeta escriba historia

en que hayan de pasar algunos años,

que éstos podrá poner en las distancias

de los dos actos, o, si fuere fuerza,

hacer algún camino una figura,

cosa que tanto ofende a quien lo entiende,

pero no vaya a verlas quien se ofende.

¡Oh, cuántos de este tiempo se hacen cruces

de ver que han de pasar años en cosa

que un día artificial tuvo de término,

que aun no quisieron darle el matemático!

(…)

El sujeto elegido, escriba en prosa

y en tres actos de tiempo le reparta,

procurando, si puede, en cada uno

no interrumpir el término del día.

El capitán Virués, insigne ingenio,

puso en tres actos la comedia, que antes

andaba en cuatro, como pies de niño,

que eran entonces niñas las comedias;

y yo las escribí, de once y doce años,

de a cuatro actos y de a cuatro pliegos,

porque cada acto un pliego contenía;

(…)

Dividido en dos partes el asunto,

ponga la conexión desde el principio,

hasta que vaya declinando el paso,

pero la solución no la permita

hasta que llegue a la postrera scena,

porque, en sabiendo el vulgo el fin que tiene,

vuelve el rostro a la puerta y las espaldas

al que esperó tres horas cara a cara,

que no hay más que saber que en lo que para.

(…)

porque se imita la verdad sin duda,

pues habla un hombre en diferente estilo

del que tiene vulgar, cuando aconseja,

persüade o aparta alguna cosa.

Dionos ejemplo Arístides retórico,

porque quiere que el cómico lenguaje

sea puro, claro, fácil, y aun añade

que se tome del uso de la gente,

haciendo diferencia al que es político,

porque serán entonces las dicciones

espléndidas, sonoras y adornadas.

No traya la escritura, ni el lenguaje

ofenda con vocablos exquisitos,

porque, si ha de imitar a los que hablan,

no ha de ser por pancayas, por metauros,

hipogrifos, semones y centauros.

Si hablare el rey, imite cuanto pueda

la gravedad real; si el viejo hablare,

procure una modestia sentenciosa;

describa los amantes con afectos

que muevan con extremo a quien escucha;

los soliloquios pinte de manera

que se transforme todo el recitarte,

y, con mudarse a sí, mude al oyente;

pregúntese y respóndase a sí mismo,

y, si formare quejas, siempre guarde

el debido decoro a las mujeres.

(…)

Guárdese de imposibles, porque es máxima

que sólo ha de imitar lo verisímil;

el lacayo no trate cosas altas

ni diga los conceptos que hemos visto

en algunas comedias extranjeras;

(…)

En el acto primero ponga el caso,

en el segundo enlace los sucesos,

de suerte que hasta el medio del tercero

apenas juzgue nadie en lo que para;

(…)

Acomode los versos con prudencia

a los sujetos de que va tratando:

las décimas son buenas para quejas;

el soneto está bien en los que aguardan;

las relaciones piden los romances,

aunque en otavas lucen por extremo;

son los tercetos para cosas graves,

y para las de amor, las redondillas;

las figuras retóricas importan,

como repetición o anadiplosis,

y en el principio de los mismos versos

aquellas relaciones de la anáfora,

las ironías y adubitaciones,

apóstrofes también y exclamaciones.

El engañar con la verdad es cosa

que ha parecido bien, como lo usaba

en todas sus comedias Miguel Sánchez,

digno por la invención de esta memoria;

siempre el hablar equívoco ha tenido

y aquella incertidumbre anfibológica

gran lugar en el vulgo, porque piensa

que él solo entiende lo que el otro dice.

Los casos de la honra son mejores,

porque mueven con fuerza a toda gente;

con ellos las acciones virtüosas,

que la virtud es dondequiera amada,

pues que vemos, si acaso un recitante

hace un traidor, es tan odioso a todos

que lo que va a comprar no se lo venden,

y huye el vulgo de él cuando le encuentra;

y si es leal, le prestan y convidan,

y hasta los principales le honran y aman,

le buscan, le regalan y le aclaman.

(…)

Sustento, en fin, lo que escribí, y conozco

que, aunque fueran mejor de otra manera,

no tuvieran el gusto que han tenido,

porque a veces lo que es contra lo justo

por la misma razón deleita el gusto.

 

  • El Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo es un texto ensayístico en verso de Lope de Vega que leyó como discurso ante la Academia de Madrid en 1609. Se trata de una obra de encargo en la que, a lo largo de sus 389 versos, el autor describe y reivindica la nueva fórmula dramàtica de la “comedia nueva”.

 

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Lunes, 11 de enero

CAPÍTULO 23. De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa. (XVII)

Don Quijote, deseoso de visitar la cueva de Montesinos, consigue como guía al primo de un licenciado, hombre pintoresco al que Cervantes llamará el Primo (erudito un tanto chiflado que enseguida va a congeniar con el hidalgo). Guiados por este personaje nuestros protagonistas llegarán a la cueva y el hidalgo manchego se introduce en ella mediante una soga. Media hora después Sancho y el Primo sacan al hidalgo completamente dormido. Una vez despierto, explica sus experiencias durante su estancia en la cueva: ha tenido un sueño completamente de acuerdo con sus fantasías caballerescas e inspirado en un episodio similar de Las sergas de Esplandián.

El protagonista explica que se encontró en un maravilloso palacio en el que le recibió un anciano de largas barbas que resultó ser Montesinos, gran amigo de Durandarte, caballero muerto en Roncesvalles, cuyo cuerpo estaba  allí tendido sobre un sepulcro de mármol. Apareció un cortejo de doncellas enlutadas, acompañando a Belerma, la dama de Durandarte. Montesinos explicó que todos ellos y otros más- la reina Ginebra, Lanzarote, etc…- estaban en aquel maravilloso palacio encantados por Merlín y en espera de ser desencantados por Don Quijote. Tb ve a las tres labradoras del episodio anterior.

 

CAPÍTULO 29. De la famosa aventura del barco encantado. (XXI)

Don Quijote y Sancho llegan al Ebro y encuentran una pequeña embarcación que estaba atada a la orilla a un tronco de un árbol. Manda a su escudero que se apee del rucio y que suban a la barca (remedo de un episodio de Palmerín de Inglaterra// tópico de los libros de caballerías que un navío abandonado conduzca, sin que nadie lo gobierne, a un héroe famoso).

La fantasía del protagonista se exalta y cree que siguiendo el curso del río han llegado al mar y han pasado la línea equinoccial. Pero el pequeño barco está alcanzando la otra orilla del río con el peligro de dar contra las ruedas de una aceña (molino harinero de agua situado dentro del cauce de un río). Al reparar en ello acuden los molineros, blancos de harina, con varas apropiadas para detener la embarcación. Don Quijote se sobresalta al ver a aquellos hombres enharinados y los increpa como si fueran seres malvados que tienen a una persona cautiva en su fortaleza, y los insulta, desafía y amenaza con la espada.

Del cap. 30 al 57 se narra la estancia de dQ y s en el palacio  de los duques

En tierras de Aragón,DQ y S entran en contacto con unos nobles que han leído la 1ª parte de el Quijote y desean divertirse a su costa.De nuevo no es dQ quien distorsiona la realidad sino los demás quienes la distorsionan para que emule a a la de las novelas de caballerías.

Con delicadeza, pero a veces siendo despiadados, no reparan en dificultades para hacer creer a dQ que viven en el ambiente de los libros de caballerías. Ya no es preciso que dQ distorsione la realidad para que ocurran hechos mágicos o asombrosos. Sólo dos personas quedan al margen de la farsa: un eclesiástico, por motivos éticos y una dama de la duquesa, doña Rodríguez, prototipo de la mujer boba que no se entera y realmente cree que dQ es un caballero andante e incluso acude a él para que vengue el honor de su hija, que ha sido burlada por el hijo de un labrador rico.

Un hecho destacable de la estancia en casa de los duques (que no está en los capítulos que hay que leer) es que los duques montan una parodia en que Merlín y otros encantadores dicen que Dulcinea dejará su aspecto de labradora y recuperará el de dama si Sancho se da 3600 azotes en las posaderas, pero no por la fuerza sino por su voluntad. Este embuste creará una nueva situación en la relación entre amo y criado ya que dQ le importuna, suplica y paga para que se vaya dando azotes y eso sí aparece en algún momento de los capítulos que hay que leer.

También entre los capítulos que no hay que leer está la etapa en que dQ y Sancho se separan ya que Sancho es nombrado gobernado de una ínsula Barataria, ya que el duque quiere que dQ pueda cumplir la promesa que le ha hecho a Sancho, por eso lo envía a una aldea donde todo el mundo lo recibe como si fuera un gran señor. Allí lo hacen resolver conflictos legales y él actúa con gran sentido común y justicia.

CAPÍTULO 41. De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura (XXVIII)

La condesa Trifaldi se presenta ante don Quijote para pedirle que vaya a la lejana isla de Candaya a desencantar a la infanta Antonomasia y a don Clavijo, convertidos por el gigante Malambruno, ella en una simia de bronce, y él en un espantoso cocodrilo. Para ir a ese remoto lugar es preciso montar en un caballo de madera, llamado Clavileño, que lleva rápidamente por los aires a las regiones más apartadas.

Nuestros protagonistas montan en Clavileño, que acaban de traer cuatro “salvajes”; les cubren los ojos con un pañuelo y, acercándoles al rostro aire producido con fuelles y estopa quemada, les hacen creer que vuelan por las regiones etéreas, hasta que hacen estallar los cohetes que el caballo de madera lleva en su interior y derriba a don Quijote y a Sancho. Allí encuentran un pergamino en el que se afirma que el caballero ha acometido con éxito su empresa.

Como vemos, tanto don Quijote como Sancho caen el engaño (“quijotización”)- Lectura de la pág. 452

 

 

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Viernes, 8 de enero

SEGUNDA PARTE

Inicia Cervantes su prólogo, diciéndole al lector que probablemente espere expresiones de rabia y vituperios contra el autor del segundo don Quijote, pero él no va a caer en esa tentación, porque “los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla”…”castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo halla” ( Estas tres frases significan lo mismo: “allá él, él sabrá lo que hace” ).

Se queja de que el autor lo mote de viejo, manco y envidioso. Respecto a lo primero contesta “como si hubiese sido en mi mano detener el tiempo”. ..”hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años”. Tocante a lo segundo, que su manquedad no ha nacido en una taberna, sino “en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”. Referente a lo tercero, “de dos envidias que hay, yo sólo conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada”.

Dice que no se siente agraviado por ese autor, pues comprende que a veces el demonio puede hacerle creer a un hombre que puede escribir un libro con el que ganar fama y dinero. Para ilustrarlo le cuenta dos cuentos de locos.

Uno cogía un perro y con un canuto, lo inflaba, preguntándoles después a los circunstantes: “¿Pensarán vuestras mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?. ¿Pensará vuestra merced ahora que es poco trabajo hacer un libro?.

El otro lanzaba piedras sobre los perros, en una de las ocasiones lo vio el dueño de uno y cogiendo una vara, no le dejó al loco un hueso sano, diciéndole “¿No vistes cruel que era podenco mi perro?. Desde ese momento, el loco cuando veía un perro, decía “Éste es podenco, ¡guarda!”. De la misma manera, cree Cervantes que le puede ocurrir a ese autor, que no descargue más su ingenio en libros, pues le salen malos y “más duros que las peñas”.

Por último, respecto a que con su falso Quijote le va a quitar ganancias en las ventas, le dice que no le importa, pues tiene la protección del Conde de Lemos y la caridad del ilustrísimo de Toledo; a estos dos príncipes les está agradecido por su ayuda, pues “la honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso; la pobreza puede anublar a la nobleza, pero no escurecerla del todo; pero como la virtud dé alguna luz de sí, aunque sea por los inconvenientes y resquicios de la estrecheza, viene a ser estimada de los altos y nobles espíritus, y, por consiguiente, favorecida. Continúa diciendo que la segunda parte que le da al lector es cortada del mismo artífice y del mismo paño que la primera.”. Dado que “la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo” quiere presentar un Quijote “dilatado” y finalmente muerto y sepultado, para que ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios.

Comentario

El año 1614, nueve años después de la aparición de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, se publicó con pie de imprenta de Tarragona el Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Contiene su tercera salida y es la quinta parte de sus aventuras. Está compuesta por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la villa de Tordesillas.”

Ya desde el inicio, en el mismo prólogo, utiliza el autor una serie de expresiones viles contra Cervantes. Su abyección llega a tal, que pretende denigrar tanto la inmortal obra, como a su autor, Cervantes: a) Trata la historia de don Quijote “Como casi una comedia”; b) Lo trata de manco “…y digo mano, pues confiesa de sí que tiene solo una”; c) Viejo “ Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes”; d) Deslenguado: “tiene más lengua que manos”.

Dicho lo anterior, lo acusa de ofender a dos personas: a quien escribe el prólogo y “particularmente a quien tan justamente celebran las naciones más extranjeras”, en clara alusión a Lope de Vega.

Por último lo acusa de envidioso, pero lo exculpa en lo yerros dado que “el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos que quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados”.

Como vemos, el anónimo autor, desea iniciar una guerra con Cervantes. Este contesta desde la serenidad, pero con humor y fina ironía a los insultos e injurias (viejo, manco, murmurador y envidioso) que contra él había dirigido Avellaneda.

 

Prólogo al lector

¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector ilustre o quier plebeyo1, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote, digo, de aquel que dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona2! Pues en verdad que no te he de darI este contento, que, puesto que los agravios despiertan la cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta regla. Quisieras tú que lo diera del asno3, del mentecato y del atrevido, pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá se lo haya4. Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco5, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sinoII, 6 en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros7. Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son estimadas a lo menos en la estimación de los que saben dónde se cobraron: que el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga8, y es esto en mí de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa9 que sano ahora de mis heridas sin haberme hallado en ella. Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, estrellas son que guían a los demás al cielo de la honra, y al de desear la justa alabanza; y hase de advertir que no se escribe con las canas, sino con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años.

He sentido también que me llame invidioso y que como a ignorante me describa qué cosa sea la invidia10; que, en realidad de verdad, de dos que hay11, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bienintencionada. Y siendo esto así, como lo es, no tengo yo de perseguir a ningún sacerdote, y más si tiene por añadidura ser familiar del Santo Oficio; y si él lo dijo por quien parece que lo dijo, engañóse de todo en todo, que del tal adoro el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa12. Pero en efecto le agradezco a este señor autor el decir que mis novelas son más satíricas que ejemplares, pero que son buenas; y no lo pudieran ser si no tuvieran de todo13.

Paréceme que me dices que ando muy limitado y que me contengo mucho en los términos de mi modestia, sabiendo que no se ha de añadirIII aflición al afligido14 y que la que debe de tener este señor sin duda es grande, pues no osa parecer a campo abierto y al cielo claro15, encubriendo su nombre, fingiendo su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa majestad. Si por ventura llegares a conocerle16, dile de mi parte que no me tengo por agraviado, que bien sé lo que son tentaciones del demonio, y que una de las mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer y imprimir un libro con que gane tanta fama como dineros y tantos dineros cuanta fama; y para confirmación desto, quiero que en tuIV buen donaire y gracia le cuentes este cuento:

Había en Sevilla un loco que dio en el más gracioso disparate y tema que dio loco en el mundo17, y fue que hizo un cañuto de caña puntiagudo en el fin18, y en cogiendo algún perro en la calle, o en cualquiera otra parte, con el un pie le cogía el suyo, y el otro le alzaba con la mano, y como mejor podía le acomodaba el cañuto en la parte que, soplándole, le ponía redondo como una pelota; y en teniéndolo desta suerte, le daba dos palmaditas en la barriga y le soltaba, diciendo a los circunstantes, que siempre eran muchos: «¿Pensarán vuestras mercedes ahora que es poco trabajo hinchar un perro?». ¿Pensará vuestra merced ahora que es poco trabajo hacer un libro19?

Y si este cuento no le cuadrare, dirásle, lector amigo, este, que también es de loco y de perro:

Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de mármol o un canto no muy liviano, y en topando algún perro descuidado, se le ponía junto y a plomo dejaba caer sobre él el peso. Amohinábase el perro y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedió, pues, que entre los perros que descargó la carga fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y sintiólo su amo, asió de una vara de medir y salió al loco20 y no le dejó hueso sano; y cada palo que le daba decía: «Perro ladrón, ¿a mi podenco21? ¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?». Y repitiéndole el nombre de podenco muchas veces, envió al loco hechoV una alheña22. Escarmentó el loco y retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza23; al cabo del cual tiempo volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, y mirándole muy bien de hito en hito, y sin querer ni atreverse a descargar la piedra, decía: «Este es podenco: ¡guarda24!». En efetoVI, todos cuantos perros topaba, aunque fuesen alanos o gozques25, decía que eran podencos, y, así, no soltó más el canto. Quizá de esta suerte le podrá acontecer a este historiador, que no se atreverá a soltar más la presa de su ingenio en libros que, en siendo malos, son más duros que las peñas.

Dile también que de la amenaza que me hace que me ha de quitar la ganancia con su libro26, no se me da un ardite, que, acomodándome al entremés famoso de La perendenga, le respondo que me viva el veinte y cuatro mi señor27, y Cristo con todos28. Viva el gran conde de Lemos29, cuya cristiandad y liberalidad, bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna me tiene en pie, y vívame la suma caridad del ilustrísimo de Toledo, don Bernardo de Sandoval y Rojas30, y siquiera no haya emprentas en el mundo31, y siquiera se impriman contra mí más libros que tienenVII letras las coplas de Mingo Revulgo32. Estos dos príncipes, sin que los solicite adulación mía ni otro género de aplauso, por sola su bondad, han tomado a su cargo el hacerme merced y favorecerme, en lo que me tengo por más dichoso y más rico que si la fortuna por camino ordinario me hubiera puesto en su cumbre. La honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso; la pobreza puede anublar a la nobleza, pero no escurecerla del todo; pero como la virtud dé alguna luz de sí, aunque sea por los inconvenientes y resquicios de la estrecheza, viene a ser estimada de los altos y nobles espíritus, y, por el consiguiente, favorecida.

Y no le digas más, ni yo quiero decirte más a ti, sino advertirte que consideres que esta segunda parte de Don Quijote que te ofrezco es cortada del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy a don Quijote dilatado, y finalmente muerto y sepultado33, porque ninguno se atreva a levantarle nuevos testimonios, pues bastan los pasados y basta también que un hombre honrado haya dado noticia destas discretas locuras, sin querer de nuevo entrarse en ellas: que la abundancia de las cosas, aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía34, aun de las malas, se estima en algo. OlvidábasemeVIII de decirte que esperes el Persiles, que ya estoy acabando, y la segunda parte de Galatea35.

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Lunes, 22 de diciembre

Capítulo I (5- 8)

. Presentación del protagonista (complexión y condición social)// Tranformación de Alonso Quijano en Don Quijote de la Mancha.

(En los capítulos intermedios Don Quijote realiza su primera salida en solitario y es “armado” caballero andante en una venta. Después de protagonizar varias “aventuras” de las que sale muy mal parado, un vecino suyo lo lleva de regreso a su casa en un estado lamentable.

Mientras esposa en cama convaleciente, su familia y amigos deciden realizar la quema de gran parte de los libros y tapian la biblioteca.

Capítulo VII (23-26)

El escrutinio y la posterior quema de libros va a alimentar aún más si cabe la locura del hidalgo ya que éste deduce que el autor de este desaguisado no ha sido otro que el sabio Frestón, uno de sus más declarados enemigos. Es en este momento cuando decide reiniciar su vida de caballero andante y buscar a un escudero.

. Primera aparición de Sancho Panza (retrato del escudero)// Sancho le recuerda a su señor la prometida “ínsula”.// Observar que ya al final de este capítulo, Sancho da claras muestras de confianza  y lealtad respecto a su amo.

Capítulo VIII (27- 33)

. Pág. 88- Episodio más conocido de la obra + Acertada parodia de uno de los motivos más frecuentes y fantásticos de los libros de caballerías: la lucha del caballero con temibles gigantes, muchas veces llamados “jayanes”. Obsérvese la parodia en los mismos nombres de los gigantes cervantinos.

. Para el jueves…

CAPÍTULO 9. Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron. (33- 37)
CAPÍTULO 20. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha. (68-73)
CAPÍTULO 21. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero. (74- 76)

Capítulo I (5- 8)

. Presentación del protagonista (complexión y condición social)// Tranformación de Alonso Quijano en Don Quijote de la Mancha.

(En los capítulos intermedios Don Quijote realiza su primera salida en solitario y es “armado” caballero andante en una venta. Después de protagonizar varias “aventuras” de las que sale muy mal parado, un vecino suyo lo lleva de regreso a su casa en un estado lamentable.

Mientras esposa en cama convaleciente, su familia y amigos deciden realizar la quema de gran parte de los libros y tapian la biblioteca.

Capítulo VII (23-26)

El escrutinio y la posterior quema de libros va a alimentar aún más si cabe la locura del hidalgo ya que éste deduce que el autor de este desaguisado no ha sido otro que el sabio Frestón, uno de sus más declarados enemigos. Es en este momento cuando decide reiniciar su vida de caballero andante y buscar a un escudero.

. Primera aparición de Sancho Panza (retrato del escudero)// Sancho le recuerda a su señor la prometida “ínsula”.// Observar que ya al final de este capítulo, Sancho da claras muestras de confianza  y lealtad respecto a su amo.

Capítulo VIII (27- 33)

. Pág. 88- Episodio más conocido de la obra + Acertada parodia de uno de los motivos más frecuentes y fantásticos de los libros de caballerías: la lucha del caballero con temibles gigantes, muchas veces llamados “jayanes”. Obsérvese la parodia en los mismos nombres de los gigantes cervantinos.

CAPÍTULO 9. Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron. (33- 37)

CAPÍTULO 20. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo como la que acabó el valeroso don Quijote de la Mancha. (68-73)
CAPÍTULO 21. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero. (74- 76)

Análisis de los capítulos 9, 20 y 21

. Capítulo IX– D. Quijote perdona la vida al vizcaíno a cambio de una promesa (Pág. 84)

. Capítulo XX (XVI)- Episodio conocido como la aventura de los batanes- Supuesto peligro (Pág. 132- Pasaje que da respuesta a l ejercicio 2)//  La escena incentiva en el protagonista el deseo de aventura y el recuerdo de una retahíla de personajes de las leyendas caballerescas (Pág. 133). Sancho percibe todos esos ruidos con temor y precaución (riesgo/ prudencia y cobardía)_ Sancho “encanta” a Rocinante (Pág. 135)

– Pág. 136/137- Las “necesidades ” de Sancho.- Pasaje claramente cómico.

– Pág. 139- Descubrimiento del origen del ruido/ Burla del escudero/ Sancho parodia el discurso de Don Quijote al descubrir la causa del estruendo.

– D. Quijote propone mantener cierta distancia entre señor y escudero- Pág. 140/141// Sancho le pregunta sobre el salario de los escuderos// Sancho le promete que de ahora en adelante será absolutamente respetuoso con él.

. Capítulo XXI (XVII)- – De nuevo, D. Quijote distorsiona la realidad al confundir una vacía de barbero con el famoso “yelmo de Mambrino”- Pág. 142/143/ 144// D. Quijote justifica la forma del yelmo- Pág. 146(inicio)

– Sancho propone servir a algún emperador para poder obtener una remuneración y para que las aventuras vividas puedan pasar a la posteridad.- Respuesta de D. Quijote que  traza un perfecto esquema de la trama más común de los libros de caballerías. a partir de la pág. 148).

. Capítulo XXII (XVIII)-Conocida popularmente como la aventura de los galeotes- Pág. 154/155- Sancho identifica inmediatamente a los criminales// D. Quijote (pág. 155) decide liberarlos aplicando uno de los principios fundamentales del cabalero andante: socorrer a los miserables. Don Quijote aplica incorrectamente el principio de la justicia y de la libertad al liberar a seres socialmente peligrosos y, que luego, al apedrear a DQ y a S. podrán de manifiesto la vileza de su condición.- Los condenados van exponiendo la causa de su condición a través de un diálogo ingenioso en el que el autor hace uso de juegos de palabras y voces características de germanía (jerga)// EPISODIO QUE ES UN REFLEJO DE LA REALIDAD SOCIAL DEL MOMENTO

– Pág. 159- Excelente retrato de Ginés de Pasamonte, autor de sus propias memorias/ Alusión al Lazarillo en la pág. 161

– Pág. 162-Ruego de D. Quijote para que los galeotes sean liberados (respuesta a la pregunta 4)// Liberación violenta.

-Pág. 164- Petición de D. Quijote a los liberados- Contrapropuesta de Ginés que enoja al caballero- Final violento

* El episodio de los galeotes es uno de los capítulos más importantes del Quijote de 1605. Con él termina el grupo compacto de aventuras anteriores a la entrada en Sierra Morena.

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Jueves, 11 de diciembre

FUNCIÓN DE CIDE HAMETE BENENGELI

Destaca en el Quijote el original punto de vista narrativo: Cervantes, en un moderno ejercicio de distanciamiento, finge haber hallado casualmente unos manuscritos del historiador árabe Cide Hamete Benengeli que relatan la historia de don Quijote y Sancho, limitándose él a traducirlos. Pretende de esta manera, mediante el recurso del “manuscrito encontrado”- típico de los libros de caballerías-, dar la impresión de que los hechos que narra no han diso inventados por él, sino que ocurrieron realmente.

Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sedero; y, como yo soy aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos. Y, puesto que, aunque los conocía, no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese; y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues, aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír.

Preguntéle yo que de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese; y él, sin dejar la risa, dijo:

–Está, como he dicho, aquí en el margen escrito esto: “Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha”.

Cuando yo oí decir “Dulcinea del Toboso”, quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que, si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese.

Ya de entrada, Cervantes juega continuamente con la figura del narrador. Éste no sabe cuál es el nombre real del personaje ¿Quijada, Quijana, Quesada, Quijano…? A partir del capítulo IX se nos dice repetidamente que el autor del Quijote es un historiador arábigo, Cide Hamete Benengeli, autor ficticio que ha escrito la historia en árabe, por lo que debe ser traducida al español por un morisco que, además, se permite el lujo de intervenir o de retocar el texto. Este juego de narradores permite a Cervantes distanciarse de lo que está escribiendo, lo que facilita los juegos de humor, la parodia y la ironía.

Por otra parte Cervantes introduce también “la literatura dentro de la literatura”. Así, aparecen en el Quijote valoraciones y comentarios sobre la propia obra de Cervantes, además de referencias despectivas, en la segunda parte, al Quijote de Avellaneda.

Narradores en el Quijote

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Miércoles, 2 de diciembre

SANCHO PANZA

La posteridad, y la decisión última del autor, han hecho que conozcamos el Quijote con el nombre exclusivo del caballero andante; pero no es menos verdad que la figura de Sancho Panza es compañía imprescindible del Caballero de la Triste Figura en cualquier tipo de representación gráfica o escultórica que se precie. Nunca, al referirse a la inmortal obra cervantina, aparecerá don Quijote solo; y podría decirse más, no entenderíamos la figura del ingenioso hidalgo sin la compañía del gracioso escudero.

El personaje de Sancho se incorporará a la novela en el capítulo VII de la primera parte, pero ya en el capítulo IV don Quijote aparece la primera referencia del escudero:

La del alba sería, y saliendo de la venta contento, gallardo y alborozado por verse y creerse armado caballero por el ventero en la larga noche de su primera salida, cuando cae en el pensamiento de los consejos que el susodicho ventero le diera en orden a viajar abastecido de las cosas necesarias, como dineros y camisas, y determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recibir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería.

Si la imagen de don Quijote se acomoda a la del loco ingenioso, la apariencia de Sancho responde al prototipo del hombre campesino sin formación ni otra pretensión que la de subsistir en medio de la pobreza ancestral en la que se encontraban los labriegos de la España del siglo XVII. Cervantes puso la misma atención en la apariencia física del escudero que en la del caballero de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, alto de cuerpo, estirado y avellanado de miembros, entrecano, nariz aguileña y algo corva y los bigotes grandes, negros y caidos. Recordemos que en el Quijote nada es arbitrario y, efectivamente, es más que probable que Cervantes conociera y siguiera las pautas marcadas por Huarte de San Juan en su obra Examen de ingenios (1575) para describir al hombre de temperamento rico en inteligencia y en imaginación, de carácter colérico y melancólico y propenso a manías, como cabalmente cuadra a la catadura de don Quijote . Del mismo modo, el aspecto de Sancho Panza, robusto, rollizo, de corta estatura y de temperamento sanguíneo, tranquilo, observador y socarrón, se corresponde exactamente con el tipo de personaje que Cervantes quería desarrollar, el rústico que le diera la réplica a don Quijote en los abundantes diálogos que aprovechará para contraponer las fantasías caballerescas de don Quijote con la realidad abrupta que representa Sancho. Dos visiones –como subraya Martín de Riquer- sobre el mismo mundo que pisan ambos personajes, llenas de contrastes: locura y sensatez, cultura y rusticidad, ingenuidad y picardía, que toman asiento en dos figuras también contrapuestas: el recio y enjuto caballero y el escudero gordo y chaparro; el uno a lomos de un escuálido rocín, y el otro subido a su borrico.

Los primeros rasgos de la personalidad de Sancho Panza los encontramos dibujados con nitidez en el encuentro de ambos (I-VII), en el cual don Quijote le propone el oficio de escudero, cosa que medianamente entiende Sancho en qué consiste, siendo como es, tal y como textualmente se dice,  un labrador, hombre de bien –si es que este título se puede decir del que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera. El caso es que, con promesas tan peregrinas como la de poder llegar a ser gobernador de una “ínsula”-arcaísmo que ya no se usaba en el siglo XVII y del que Sancho desconocía su significado, pero comprendiendo perfectamente el privilegio y la ventaja de de lo que significaba ser gobernador-, Sancho le da a entender a don Quijote que acepta el trato y, pese a no gustarle a éste la idea de acompañarse de un asno, le pone en aviso del día y la hora de la partida, encareciéndole que no olvidara llevar alforjas, cosa que no olvidará Sancho, además de la bota de vino que agrega por cuenta propia. De este modo, puestos en camino y yendo Sancho sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, lo primero que éste le recuerda a don Quijote es su promesa de una ínsula, asegurándole que por más grande que ésta fuera, él sabría gobernarla.

El optimismo desbordante de don Quijote contrasta con la suspicacia de Sancho; así, ante las dudas que le asaltan de que su mujer Teresa Panza pudiera llegar a ser reina, rebaja las expectativas a llegar a ser, como mucho, condesa, mientras que don Quijote le dice que lo que haya de ser lo encomiende a Dios, pero –agrega- no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos de ser adelantado.

A lo largo de la novela, los personaje de don Quijote y de Sancho irán evolucionando, tanto en su actitud, como en la interpretación que en cada momento hacen de la realidad, observándose una quijotización paulatina de Sancho Panza que corre pareja con una visión de la realidad menos deformada por parte de don Quijote. Durante toda la primera parte de la novela el caballero enfrentará la realidad desde la locura, adaptándola al mundo de los libros de caballería.  Sancho Panza,  en medio de este cambio, aun no entendiendo las razones últimas de su amo, sí cree que puede resultarle de alguna utilidad confiando, en último caso, en que la acción liberadora ejercida por don Quijote daría sus frutos. . Pero la quijotización de Sancho ha comenzado ya y avanzará de forma imparable: su propio discurso se vuelve mucho más culto  y asume su papel de gobernador de la supuesta ínsula Barataria. Este proceso inverso culminará al final del relato, cuando al pie del lecho de muerte del caballero andante, éste le pide perdón por haberlo entregado a lo descabellado de su aventura y ponerle en la ocasión de parecer también loco. Entonces, Sancho, le replicará pidiéndole que no se muera, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin nadie que le mate. Ante la solicitud de Sancho de volver al campo, esta vez para hacerse pastores y encontrar desencantada a Dulcinea, se impondrá el alter ego de don Quijote:
-Señores –dijo don Quijote- vámonos poco a poco, pues ya en nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo estuve loco, y ya estoy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.

En síntesis, las funciones de este personaje son: 

a.      Delimita el mundo de don Quijote, señalando el mundo real.

b.      Aporta el elemento cómico a la obra.

 El rasgo más chocante de su habla es el continuado empleo de refranes. El refranero representa el bagaje cultural popular acumulado a través de los siglos. Tradicionalmente, el campesino ha recurrido a los refranes como manera de solventar las limitaciones culturales y lingüísticas, típicas de épocas pasadas. Los dichos populares le permitían manifestar su parecer y justificar su modo de obrar de forma rápida y sencilla; pues conseguía resumir todo su pensamiento en una frase que sabiamente lo expresaba mejor y más eficazmente. Sancho es reflejo literario de esa costumbre, y a lo largo de la obra presentará multitud de dichos populares que la ejemplificarán.

Otro rasgo del habla de Sancho son las incorrecciones que comete al hablar (vulgarismos) debido a su poca formación cultural, aunque este rasgo, que tiene una finalidad cómica, se va suavizando a lo largo de la obra.

Reportaje TV2

IDEALES QUIJOTESCOS: LA LIBERTAD, LA JUSTICIA Y EL IDEAL CABALLERESCO

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Don Quijote o el ideal de amor, justicia y libertad
Autor: Carlos Mata Induráin
Universidad de Navarra
Fecha:  28 de octubre de 2004
Publicado en:  La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Don Quijote es, junto con don Juan y la Celestina, uno de los grandes mitos aportados por España a la literatura universal. Héroe de enorme hondura, presenta una personalidad compleja, en la que destaca su impulso de vida, la coherencia de su proyecto vital. Sale a los anchos campos de Castilla a forjar su destino personal, a hacer realidad sus sueños de amor, justicia y libertad: una triada de sentimientos por los que Alonso Quijano el bueno se transforma en don Quijote de la Mancha, por los que el hidalgo manchego sueña ser y es verdadero y real caballero andante. Por todos esos sueños que atesora en su corazón no le dolerán las derrotas y los molimientos, los golpes y las magulladuras, las burlas y las incomprensiones de las gentes. Porque él se guía tan solo por la luz deslumbradora del ideal. Porque en su largo caminar nuestro inmortal loco-cuerdo soñará siempre con cielos azules y horizontes despejados. Porque perseguirá una quimera que sabe que jamás alcanzará, pero siendo consciente de que lo bello y lo sublime está precisamente en esa búsqueda. Porque cada paso que da le acerca a esa alta, lejana e imposible utopía. Y esa es su derrota y su victoria, su fracaso y la causa de su gloria imperecedera, su magistral enseñanza (de don Quijote, de Cervantes): la de un hombre que sale a luchar por los caminos de las Españas (en realidad, los caminos del universo entero) en pos de un ideal de amor, justicia y libertad.

¡Qué magnífica enseñanza la que nos brinda Cervantes a través de su inmortal criatura! Que los hombres han de luchar siempre por hacer realidad sus sueños, aunque el camino para lograr ese objetivo esté alfombrado de amarguras. Porque el de don Quijote no es, ciertamente, un camino de rosas. En todo caso, un camino de rosas… y de espinas. Y en ese peregrinar, Alonso Quijano se hace don Quijote y, tras recorrer su sendero, retorna a su lugar natal para ser de nuevo Alonso Quijano y morir cuerdo en su cama, acunado en el calor del hogar, rodeado de su familia y sus amigos. Él supo hacer realidad su destino de caballero andante, precisamente porque jamás tuvo miedo a hacerlo realidad; porque nunca le amedrentaron las dificultades; porque jamás temió enfrentarse con la dura realidad con la que continuamente chocaban sus sueños de gloria y sus fantasías caballerescas, que no eran quimeras, que eran ideal.

Don Quijote se ha hecho fuerte en todas estas luchas, como se hace fuerte quien se enfrenta con el hierro a cuerpo descubierto, porque de ese hacer frente con el cuerpo desnudo al hierro -el hierro-yerro del no-amor, de la injusticia, de la falta de libertad- uno sale bien forjado en su temple… o roto. Y así sale Alonso Quijano de todas sus luchas, roto como hombre y templado como caballero andante, como héroe. Y esa es la enseñanza: todo hombre que lucha por un ideal es un héroe que jamás podrá ser vencido en su fuero interno, aunque sufra, una tras otra, mil derrotas, aunque sus huesos queden molidos y rotos en descomunales batallas con molinos, cueros de vino o rebaños de ovejas.

Quijotadas, pensarán algunos. Pero ¡ojalá nuestras vidas estuviesen repletas de tales quijotadas! Porque don Quijote sale al camino haciendo uso de su libertad, y en ese ejercicio de su libertad sufre y goza, padece y es herido, tiene altibajos de alegría y pesar. Y lo vemos en ese constante tira y afloja entre el sueño y la realidad, el sueño caballeresco que eleva su alma y la hace volar por las altas regiones del ideal, y el peso de la cruda realidad que lo apega a la tierra. Don Quijote, como Cervantes, sabe hacer suyo el bello verso de Gelasia: “libre nascí y en libertad me fundo”. Libre. Y también justiciero. Y enamorado. Así vemos a don Quijote: como irrepetible personaje literario, a un mismo tiempo símbolo y hombre de carne y hueso, con las mismas pulsiones que nosotros; pero, sobre todo, como el dueño de un corazón valiente que, con denuedo, hace realidad sus sueños. Como un auténtico caballero eterno del ideal que sale en busca de aventuras y de ventura.

La libertad es otro de los hilos conductores de la novela. La transformación del hidalgo en caballero andante puede interpretarse como un acto de locura pero también es la expresión de la búsqueda de la propia identidad. Don Quijote encarna el valor de la voluntad dirigida a amoldar el mundo según sus ideales.. Ese ideal de libertad refleja la fuerza del espíritu humano que lucha por construirse a sí mismo, defendiendo su capacidad de iniciativa y su independencia de pensamiento y acción.

Atendamos a las hermosas palabras del protagonista:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres(…). (II, 58)

El ideal de libertad no puede separase del de la justicia. No es otro su objetivo cuando decide embarcarse en empresas caballerescas. Don Quijote se considera un caballero andante. La misión fundamental de todo caballero es defender al débil:

“…andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viuda y socorrer a los huérfanos y menesterosos.” (I,11) 

Si las cualidades físicas (hombre maduro) y las posibilidades externas del personaje (escaso de fuerzas, lleva unas armas que pertenecieron a sus bisabuelos) lo definen como un aspirante a caballero o como simple imitador, sus rasgos morales – valentía, caridad, espíritu de superación…- lo convierten en ocasiones en un perfecto héroe.

Don Quijote asume  los peligros que le depara su existencia aventurera y no teme a cumplir con ese código ético de defensa de los desvalidos y menesterosos (necesitados). 

En su lucha contra la injusticia , don Quijote se sitúa en ocasiones al margen de las leyes de los hombres: impone muchas veces por la fuerza de las armas (como en el episodio de los Galeotes) la justicia divina. No es de extrañar que el protagonista actúe de ese modo ya que para él la libertad está por encima de la justicia humana.

Aunque en el lecho de muerte Alonso Quijano se arrepiente de su vida pasada, sus palabras aluden a las insensatas hazañas de ficción pero no se cuestionan los valores de libertad y justicia que habían alimentado su código de conducta. Para el lector moderno Don Quijote simboliza  la persecución del ideal, de la utopía, de la justicia social. La realidad que le rodea dista enormemente de estos valores tan nobles: por lo tanto, está condenado de antemano al fracaso.

 EL AMOR CORTÉS Y LA CREACIÓN DE LA AMADA IDEAL

 En Don Quijote de la Mancha adquieren un marcado protagonismo los personajes femeninos. Pero el más importante de todos ellos es, sin duda alguna, Dulcinea, motor de la acción principal: don Quijote es un caballero andante que lucha por y para su amada, la sin par Dulcinea del Toboso, modelo de dama tomado de las novelas de caballerías (según la idea del amor cortés, mezclada con las teorías amorosas neoplátonicas y petrarquistas), y en especial, de Oriana, la enamorada de Amadís. La necesidad que don Quijote tiene de una dama de sus pensamientos para llegar a ser caballero andante se pone de manifiesto ya en el primer capítulo del Quijote:

Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmádose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma.

En realidad, Dulcinea es una idealización de la rústica Aldonza Lorenzo, una labradora del Toboso, como se nos explicita en este otro pasaje:

Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata de ello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto (I, 1, p. 44).

El de Aldonza Lorenzo es un nombre que connota rusticidad, baja condición social e incluso actitudes groseras, como parece apuntar el refrán «A falta de moza, buena es Aldonza». El hidalgo, de la misma forma que ha bautizado a su caballo y a sí mismo, renombra a Aldonza y la convierte en virtud del poder mágico de la palabra en Dulcinea, nombre creado a partir de modelos prestigiosos (Melib-ea, Claricl-ea, Galat-ea) y que connota ‘dulzura’. A partir de ese instante, don Quijote se encomendará a su amada Dulcinea al emprender sus diversas aventuras. Por ejemplo, en I, 3 se dirige a ella con estas palabras en el momento de la vela de armas:

—¡Oh señora de la hermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo (p. 59). 

En Sierra Morena tiene lugar uno de los momentos de máximo acercamiento de don Quijote al ideal de su amada (capítulo I, 25). Será allí donde don Quijote realice su famosa penitencia de amor (a imitación de la de Amadís en la Peña Pobre) y le escriba una hermosísima carta. En primer lugar, don Quijote confiesa a Sancho que su dama es una creación de su espíritu, como las de tantos otros poetas que las presentan idealmente en sus obras:

—Sí, que no todos los poetas que alaban damas debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amarilis, las Filis, las Silvias, las Dianas, las Galateas, las Fílidas y otras tales de que los libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las comedias están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de aquellos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se las fingen por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados y por hombres que tienen valor para serlo (p. 285).

Después, el caballero expresa una de sus confesiones amorosas más notables:

—Y así, bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, y en lo del linaje, importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a amar, más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama, y estas dos cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa, ninguna le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad (p. 285).

Así, don Quijote, el Caballero de la Voluntad, concibe idealmente a Dulcinea y cambia la realidad con la fuerza de su imaginación (destaquemos especialmente ese «píntola en mi imaginación como la deseo»);  Sancho —que se ha enterado de que Dulcinea es en realidad la rústica Aldonza Lorenzo— no quiere seguir discutiendo: le da la razón para evitarse problemas y le pide que le entregue la carta.

Después de ese episodio, nuestro voluntarioso caballero confiesa con más vehemencia que nunca que es Dulcinea quien infunde valor a su brazo y da por hecho que ha ganado ya el reino de Micomicón gracias a «el valor de Dulcinea, tomando a mi brazo por instrumento de mis hazañas» (I, 30, p. 353). Y añade entonces una de las más bellas frases del Quijote referidas a su ideal amoroso:

—Ella pelea en mí y vence en mí, y yo vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser (p. 353).

Así pues, en la Primera Parte del Quijote, Dulcinea permanece en el plano de lo ideal, aunque también encontramos algunas leves incursiones en el territorio de lo realista:  el traductor nos transmite una de las notas marginales del manuscrito de Cide Hamete, al afirmar que Dulcinea tuvo la mejor mano para salar puercos de toda la Mancha (I, 9, p. 108); la segunda es cuando don Quijote reconoce ante Sancho que su Dulcinea es la hija de los rústicos Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales y que, por lo tanto, no es una dama principal (I, 25); y la tercera, cuando Sancho, al inventar el resultado de su supuesta embajada al Toboso, nos ofrece una imagen degradada de la igualmente supuesta princesa, que él describe como una mujer bastante poco atractiva, a la que ha encontrado ahechando trigo, que despedía «un olorcillo algo hombruno, y debía de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo correosa» (I, 31, p. 359).

En cambio, en la Segunda Parte la relación de don Quijote con Dulcinea se da plenamente en el ámbito de lo real, que tiende a la degradación del personaje femenino a través de lo grotesco. Así, cuando se dirigen al Toboso, Sancho convence a don Quijote de que una labradora que se acerca por el camino es Dulcinea. Don Quijote, una vez más, habrá de apelar al habitual recurso de los encantadores enemigos para explicarse por qué él la ve como una vulgar labradora, que despide un aliento «a ajos crudos, que me encalabrinó y atosigó el alma» (p. 709).

El amor hacia Dulcinea acompañará al protagonista hasta el final del relato. En II, 64, don Quijote queda vencido por el Caballero de la Blanca Luna, pero pese a la derrota no renuncia a su ideal amoroso, y mantiene que «Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude esta verdad» (p. 1160).

Tal es, en esencia, el tratamiento que recibe en la novela de Cervantes la figura de Dulcinea del Toboso: la mujer que encarna el ideal amoroso del caballero andante, héroe de la voluntad que irá cayendo en una progresiva degradación en la Segunda Parte, hasta su total acabamiento. Una figura, la de Dulcinea, que llena con sus presencias —y también con sus ausencias— las páginas de la inmortal obra. De ahí que bien podamos terminar afirmando que el Quijote es también —entre otras muchas cosas— una maravillosa y romántica historia de amor. (adaptación del texto original de Carlos MATA INDURAIN. Universidad de Navarra)

 

 

 

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Viernes, 20 de noviembre

No ha sido otro mi propósito…

Pocas obras literarias expresan tan claramente y con tanta insistencia el propósito con que han sido escritas como el Quijote. En esto Cervantes es reiterativo y machacón. En el prólogo de la primera parte afirma que “todo él es una invectiva contra los libros de caballerías”, y las últimas palabras de la novela son: “no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías”.

Los libros de caballerías, narraciones en prosa, por lo común de gran extensión, relatan las aventuras de un hombre extraordinario, el caballero andante, quien vaga por el mundo luchando contra toda suerte de personas o monstruos, por unas tierras normalmente exóticas y fabulosas, o que al mando de poderosos ejércitos y escuadras derrota a innúmeras fuerzas de paganos o de naciones extrañas. La constante actividad del caballero supone una serie ininterrumpida de sacrificios, trabajos y esfuerzos que son ofrecidos a una dama, con la finalidad de conseguir, conservar o acrecentar su amor.

Nacido este tipo de literatura en Francia -gracias a Chrétien de Troyes y sus imitadores y seguidores en el perenne tema del Santo Grial y de los caballeros del rey Artús, y a los diversos autores de la leyenda de Tristán-, a partir del siglo XIII comienza a divulgarse por tierras hispanas, donde alcanzará un gran éxito.

Muy divulgados merced a la invención de la imprenta, los libros de caballerías se multiplicaron durante el siglo XVI gracias, principalmente, al éxito del Amadís de Gaula, que movió a escritores y a impresores a ofrecer a un extenso público ávido de lecturas de este tipo toda suerte de continuaciones y de imitaciones de aquella novela, en las que el estilo degenera cada vez más y se hace pomposo, campanudo, amanerado e intrincado, la acción se pierde en episodios marginales mal hilvanados y las aventuras son cada vez más inverosímiles.

Estos libros son objeto de una serie de ataques y de censuras por parte de las mentes más preclaras. Las razones que aducen los autores graves, y con las que coincide Cervantes, son:

I. En cuanto a los autores de los libros de caballerías

– los autores son personas ociosas y despreocupadas, que pierden el tiempo escribiendo necedades.

– los autores son incultos, han leído pocos libros y escriben mal. (los libros de caballerías “son en el estilo duros…, largos en las batallas, necios en las razones, disparatados en los viajes, y, finalmente, ajenos de todo discreto artificio” Quijote, I, 47).

– los autores son enemigos de la verdad, pues relatan casos mentirosos o imposibles, lo que puede ocasionar que la gente ignorante los tome por relatos ciertos en detrimento de la auténtica historia. De hecho, la locura del protagonista del Quijote se basa, en gran parte, en este error, o sea, en creer que son históricos Lanzarote, Tristán y Amadís.

II. En cuanto a los lectores de tales libros

– esta lectura los incita a la sensualidad y al vicio

– su lectura les hace perder el tiempo ya que es propia de personas ociosas.

El empeño de atacar, por la vía de la parodia, este tipo de literatura es evidente, confesado y repetido por el propio autor.

Es importante señalar que el Quijote satiriza los libros de caballerías, no la caballería; el inverosímil heroísmo de las novelas fabulosas, no el heroísmo real.

Las críticas a las novelas de caballerías

Mientras que los lectores devoraban las novelas de caballerías, rápidamente surgieron una serie de intelectuales de la época (Luís Vives, Pedro Mexia, Alfonso de Valdés…) que demonizaban este tipo de novelas por diferentes razones.

En cuanto a los autores de los libros de caballerías

Consideraban que eran personas ociosas que perdían el tiempo escribiendo historias disparatadas, carentes de la más mínima verosimilitud. Además consideraban que estos autores escribían mal y habían leído poco. Les tachaban de mentirosos porque distorsionaban la historia auténtica.

En cuanto a los lectores

Son personas ociosas que pierden el tiempo leyendo tonterías que les incitan al vicio y a al sensualidad.

Por lo tanto, la conclusión era que había que prohibir la publicación de este tipo de lecturas.

Cervantes, seguramente, opinaba lo mismo y así lo va exponiendo en diferentes fragmentos de los capítulos del Quijote.

Cervantes consigue, utilizando la ironía y la parodia un estilo burlesco que resulta una crítica mucho más inteligente y eficaz que la que los intelectuales erasmistas iniciaron contra los libros de caballerías.

“La razón del éxito estriba en que Cervantes, en oposición a la seriedad de las censuras moralistas y autores graves, ha echado mano de la eficaz arma de la ironía. “ ( Josef de Valdivieso, 1615)

Actividad

 

A continuación te proponemos que leas los fragmentos seleccionados y los asocies con las siguientes afirmaciones.

 

1. Los libros de caballerías están escritos por autores ociosos.
2. Están mal escritos.
3. Son incitadores de la sensualidad.
4. Son lecturas propias de personas ociosas.
5. Deberían ser prohibidos y echados al fuego.

“Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los días que estaba ocioso, que eran los más del año, se daba en leer novelas de caballerías” (C.I, I)

“Así es como vuestra merced dice, señor canónigo- dijo el cura-, y por esta causa son más dignos de reprehensión los que hasta aquí han compuesto semejantes libros sin tener advertencia a ningún buen discurso, ni al arte y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse famosos en prosa, como lo son en verso, los dos príncipes de la poesía griega y latina.” (C.48, I)

“Qué haremos de la facilidad con que una reina o emperatriz heredera se conduce en los brazos de su amante y no conocido caballero” (C.47, I)

“No- dijo la sobrina-, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han sido dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanal patio, y hacer un rimero dellos y pegarles fuego, y si no, llevarlos al corral, y allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo.” (C.6, I)

“-Mirad, hermano- tornó a decir el cura-, que no hubo en el mundo Felixmarte de Hircania, ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caballeros semejantes, que lso libros de caballerías cuentan, porque todo es compostura y ficción de ingenios ociosos, que lo compusieron para el efeto que vos decís de entretener el tiempo, como lo entretienen leyéndolos vuestros segadores; porque realmente os juro que nunca tales caballeros fueron en el mundo, ni tales hazañas ni disparates acontecieron en él. “ (C.32, I)

Argumento (Las tres salidas de Don Quijote)

La obra aparece publicada en Madrid en dos partes, la primera en 1605 y la segunda en 1615. Las múltiples ediciones en los primeros años demuestran el éxito rotundo de la obra, que no se ha dejado de publicar desde entonces. Ha sido traducida a todos los idiomas de cultura.

El libro está encabezado por unos textos preliminares, la Tasa, el Testimonio de erratas y los Permisos reales que son evidencia de una censura encubierta.

A continuación aparece la dedicatoria al Duque de Béjar, bajo cuya protección y patrocinio se publicó la obra.

En el prólogo, Cervantes desarrolla, bajo la apariencia de una conversación con un amigo, diversas interpretaciones y comentarios sobre su obra. En él, tras una aparente extrema humildad (tópico de la “captatio benevolentiae”), podemos detectar la satisfacción y seguridad del autor ante su obra, especialmente por su originalidad creativa. Afirma allí el propósito con el que compone su novela.

Unos poemas, marcadamente críticos, humorísticos e irónicos con las novelas de caballerías enmarcan el comienzo y el final de la Primera parte.

– Primer parte (1605) EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Asunto: El hidalgo manchego don Alonso Quijano, llamado el Bueno, enloquece leyendo libros de caballerías y, con el nombre de don Quijote de la Mancha, y su viejo caballo Rocinante, se lanza por la Mancha guiado por nobles ideales: deshacer entuertos, proteger a los débiles, y merecer a Dulcinea (que es una labradora, Aldonza Lorenzo, idealizada por él). En una venta que imagina ser castillo, se hace armar caballero entre las burlas del ventero y de las mozas del mesón. Libera a un muchacho a quien su amo está azotando por perderle las ovejas (pero apenas se marcha prosigue la paliza). Apaleado por unos mercaderes, un conocido lo devuelve a su aldea. Mientras guarda cama, el cura y el barbero le queman la mayor parte de sus libros.Ya repuesto, convence con promesas a Sancho Panza para que lo acompañe como escudero en sus aventuras: para ello, le promete el gobierno de una ínsula. Juntos lucharán contra unos gigantes, que son son otra cosa que molinos de viento; arremeterán contra unos rebaños de ovejas que, en la imaginación de don Quijote son ejércitos; el caballero da libertad a unos criminales, que luego le apedrean, etc… Sus amigos, el cura y el barbero, salen en su busca y lo traen engañado a su pueblo, metido en una jaula.

– Segunda parte (1615) EL INGENIOSO CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

La aparición del Quijote de Avellaneda en 1614 aceleró la publicación de esta segunda parte. En los 74 capítulos de que consta se narra la tercera salida de don Quijote, con un recorrido más amplio (desde La Mancha hasta Barcelona, y regreso a casa). Esta segunda parte está centrada en las andanzas de los dos protagonistas, sin narraciones independientes.

Asunto: Don Quijote sale otra vez acompañado de Sancho, quien, en una ocasión, intenta hacerle creer que una rústica que viene montada en un asno es Dulcinea encantada. Atravesando Aragón, llegan a los dominios de unos duques, que se divierten a su costa. Mandan como gobernador de una “ínsula” (que no es sino una aldea) a Sancho, quien da pruebas de un excelente sentido común; pero cansado de los sinsabores del poder (o de pesadas bromas organizadas por los duques) se vuelve con don Quijote. Tras otras peripecias, van a Barcelona y allí el caballero es vencido por el Caballero de la Blanca Luna (su amigo el bachiller Sansón Carrasco), quien le impone como castigo regresar a su pueblo. El caballero, física y moralemnte derrotado, vuelve a su casa y, al poco tiempo, muere consciente de su anterior locura. Mientras, el bueno de Sancho procura animarlo proponiéndole una cuarta salida pero esta vez como pastores, como personajes de una novela pastoril.

 

 

DIFERENCIAS ENTRE LA PRIMERA  Y LA SEGUNDA PARTE
 1. Título +. Poemas iniciales y finales que no aparecen en la 2ª parte

2. 1ª Parte: estructura compleja y relatos intercalados// 2ª parte: mayor sencillez estructural+ No aparecen historias intercaladas. (La primera parte del Quijote ofrece una notable diferencia con la segunda. En aquella la acción principal y fundamental, o sea las aventuras de don Quijote, se ve cortada y suspendida por otros relatos intercalados en el texto, totalmente desvinculados del protagonista y su historia. En la segunda parte, en cambio, las intercalaciones desaparecen, y amo y escudero van siempre juntos, y cuando llega un momento en que deben separarse, Cervantes dedica alternativamente un capítulo al uno y al otro, con frases de enlace al final de cada uno de ellos).

A continuación se reproduce la estructura de la primera parte del Quijote:

Primera parte (capítulos del I al VIII) → Primera salida (D. Quijote solo) a partir del capítulo II// La segunda salida se inicia en el capítulo VII (junto a Sancho)Segunda parte (cap. IX al XIV)→ Se inserta la Hª de Marcela y Grisóstomo (n. pastoril)Tercera parte (c. XV al XXVII)→ Se inserta la Hª de Cardenio y Luscinda (n. sentimental)Cuarta parte (cap. XXVIII al LII)→ Se insertan la Hª del curioso impertinente (n. psicológica) y la Hª del cautivo (n. morisca)

3. 1ª parte: dominio de la aventura// 2ª parte: mayor importancia de lo psicológico
4.1ª parte: visión grotesca, ridícula del protagonista- D. Quijote confunde realidad y ficción// 2ª parte: Visión más humanizada y comprensiva del protagonista + D. Quijote distingue la realidad: son los demás los que le confunden.La locura de Don Quijote sufrirá una evolución en la segunda parte del libro. Mientras que en la primera parte Don Quijote padece innumerables alucinaciones, relacionadas con el mundo de la caballería; en la segunda parte, los personajes conocedores del comportamiento de don Quijote le quieren hacer creer  situaciones inexistentes, basándose en la experiencia de la primera parte del libro.
5.1ª parte: D. Quijote y Sancho apenas se influyen// 2ª parte: “Quijotización” de Sancho y “Sanchificación” de don Quijote.1ª parte: dominio del humorismo// 2ª parte: mayor peso del pesimismo y la melancolía

LA LOCURA DE DON QUIJOTE

“Las locuras de Don Quijote”

 ¿Se puede perder el juicio por leer novelas?

Don Quijote está tan obsesionado por las novelas de caballerías que incluso llega a perder el juicio. ¿Es eso posible?

Puede que Cervantes tuviera noticia de que personas reales de su época se hubiesen vuelto locos a causa de esta afición. Te contamos algunas anécdotas.

Lope de Vega, en su novela Guzmán el Bravo, cuenta que un señor italiano, leyendo el Amadís de Gaula, comenzó a llorar.

Don Gaspar Galcerán de Pinós, conde de Guimerá, en 1600, cuenta que un estudiante de Salamanca …

“en lugar de leer sus liciones, leía en un libro de caballerías, y como hallase en él que uno de aquellos famosos caballeros estaba en aprieto por unos villanos, levantóse de donde estaba, y empuñando un montante, comenzó a jugarlo por el aposento y esgrimir en el aire, y como lo sintiesen sus compañeros, acudieron a saber lo que era, y él respondió: – Déjenme vuestras mercedes, que leía esto y esto, y defendiendo a este caballero: ¡qué lástima! ¡cuál le traían estos villanos!” (citado en p.34. Para leer Cervantes. Martín de Riquer)

Se considera este fragmento como un precedente de lo que sería la locura de Don Quijote por leer libros de caballerías.

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Lunes, 16 de noviembre

TEXTO ORIGINAL DEL QUIJOTE

CERVANTES Y LA LEYENDA DEL QUIJOTE

ILUSTRADORES DEL QUIJOTE

1. Miguel de Cervantes Saavedra, un perfil biográfico

1.1. De la cuna al cautiverio

Nacido en 1547, en Alcalá de Henares. Cuarto de los siete hijos de un médico cirujano, que mantuvo con dificultades la familia, con la que tuvo que trasladarse a Valladolid, donde Miguel inició su formación académica, que culminó en Madrid, en el colegio de Juan López de Hoyos, de la mano del cual Cervantes publicó sus primeros versos, un erasmista que, sin duda, influyó fuertemente en su pupilo: las críticas que se lanzan a la riqueza y a los que abusan de su poder, junto con la defensa de la libertad individual, que encontramos en el Quijote son algunas de las señales del erasmismo del mismo Cervantes.

Durante el verano de 1569, Cervantes huye a Italia,acusado de herir a un hombre, seguramente en un duelo. En Roma, sirve durante un tiempo al cardenal Acquaviva y, en 1570, se enrola como soldado. En octubre de 1571, en la batalla de Lepanto, Miguel entró en combate a pesar de estar con fiebres y recibió dos heridas, una en el pecho y otra en la mano izquierda, que no impidieron que, una vez curado (la mano quedó algo anquilosada), participase en otras acciones militares y sirviera como soldado de guarnición en varias ciudades italianas.

La estancia en Italia dio a Cervantes la oportunidad de conocer ciudades como Roma, Milán, Florencia y Venecia, que florecían entonces en el cenit de su esplendor renacentista, y que dejaron honda huella en el escritor.

En setiembre de 1575, Cervantes se embarcó con su hermano Rodrigo, también soldado, para viajar de Nápoles a la península Ibérica. Llevaba cartas de recomendación con las que pretendía ser ascendido a oficial del ejército. Cuando bajeles turcos apresaron la galera y se llevaron cautivos a Argel a los dos hermanos, las cartas de recomendación se convirtieron en comprometedoras, ya que los turcos pensaron que estaban ante un rehén de elevada condición y que, por tanto, de él podrían conseguir un elevado rescate. En el caso de Miguel, el rescate se demoró cinco años, tiempo que se le hizo insufrible, de manera que protagonizó audaces intentos de fuga que fueron frustrados. La libertad le llegó en setiembre de 1580, después que unos frailes trinitarios pagaran su rescate. Hay huella de esta experiencia en dos piezas teatrales: El trato de Argel y Los baños de Argel, así como en la historia del cautivo que interpoló en la primera parte del Quijote.

1.2. Dificultades para rehacer su vida

El rescate de los hermanos mermó la menguada hacienda de los Cervantes hasta el endeudamiento. Miguel, falto de recursos, marchó al encuentro de la corte de Felipe II, de la que consiguió algo de dinero; sin embargo, intentó infructuosamente marchar a Amèrica. Por ese tiempo (1582), ya había comenzado a redactar La Galatea y mantenía relaciones con Ana Villafranca, mujer casada con quien reconoció tener una hija, Isabel de Saavedra. A pesar de ello, en 1584, contrajo matrimonio con Catalina de Salazar, una joven de 19 años, hija de una familia principal, aunque no rica.

Entre 1587 y 1600, Cervantes se estableció en Sevilla con el cargo real de comisario de abastos, que le llevó a recorrer gran parte de Andalucía como cobrador de impuestos y requisando cereales y aceite para proveer las galeras de la Armada Invencible. Era un oficio ingrato y lleno de incidentes que le puso en contacto con una variopinta gama de tipos humanos, que irá recordando y retratando en el Quijote y otras obras: venteros y campesinos, pícaros y titiriteros, curas de aldea y delincuentes, etc. Su segundo intento de marchar a América quedó también frustrado. Continuando con su oficio de recaudador de impuestos, fue encarcelado por un corregidor de Écija en 1592, acusado de vender una partida de trigo sin autorización. La apelación fue rápida y se le puso de inmediato en libertad. En 1594, obtuvo la comisión de cobrador de alcabalas (tributo que gravaba las ventas de productos) y otros impuestos atrasados en el Reino de Granada. El banco donde iba depositando el dinero quebró, y, ante la imposibilidad de presentar en efectivo lo cobrado, fue encarcelado de nuevo, esta vez durante tres meses en la cárcel de Sevilla. Corría el año 1597 y de esta segunda experiencia carcelaria nació el Quijote. De la desilusión, del cansancio y la amargura de este hombre acosado por el infortunio surgió la mayor reflexión que haya hecho un hombre sobre su tiempo: el Quijote.La cárcel de Sevilla, además, lo puso en contacto con el hampa local, gente sin ley que describió con extraordinaria maestría en la novela ejemplar Rinconete y Cortadillo y en el episodio de los galeotes del Quijote.

Entre Lepanto y la Armada Invencible, de 1571 a 1588, pasaron diecisiete años, que son los del progresivo desengaño de Cervantes, quien despertó del sueño heroico para darse amargamente de bruces con la realidad.

1.3. Los años de la vejez y la muerte

“Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; este digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha […] llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria“. (Prólogo a Novelas ejemplares)

 

Así sería el retrato de Miguel de Cervantes en 1603, cuando, casi sesentón, se estableció en Valladolid con su mujer, sus hermanas y su hija Isabel.

La noche del 27 de junio de 1605, fue herido de muerte frente a la casa de Cervantes un caballero. Se detuvo e interrogó a toda la familia, y aunque el auto del proceso demuestra que no tuvo nada que ver con el suceso, sí se puso en duda la moralidad de la casa del escritor.

A partir de 1606, siempre tras la corte, Cervantes fijó su residencia en Madrid, donde comenzó su etapa de fecundidad editora, facilitada por el éxito de la primera parte del Quijote. Hasta entonces solo había publicado algunos poemas circunstanciales, La Galatea (1585) y algunas obras estrenadas entre 1582 y 1587, que no obtuvieron el éxito deseado. En los diez años que van desde 1606 hasta su muerte, Cervantes vio aparecer el resto de su obra; fue en esta etapa de madurez, cuando nuestro autor conoció el éxito y la fama, con sus correspondientes envidias y elogios. Por ejemplo, es notoria la mutua animadversión entre él y Lope de Vega, no disimulada ni por uno ni por otro.

Cuando murió, hacia el 23 de abril de 1616, hacía pocos días que había terminado la dedicatoria de su última obra, Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

A la luz de lo comentado el día anterior, podemos concluir que la biografía de Miguel de Cervantes es la propia de un personaje antiheroico– de ahí, el claro paralelismo entre el escritor y su máxima creación, el hidalgo Alonso Quijano-. Resulta también evidente la correspondencia entre su trayectoria vital y la situación del país: su vida transcurre a caballo entre dos periodos histórica e ideológicamente antitéticos.

La locura de don Quijote como asunto narrativo corría el riesgo de convertirse en una payasada, si no se le daba una aspiración superior, y ello Cervantes lo solucionó magníficamente con la creación de Dulcinea del Toboso, la genial figura cervantina que llena todo el Quijote sin asomarse realmente ni a una sola página. “Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, si es fantástica, o no es fantástica” (II, 32), afirma en cierta ocasión don Quijote. Él creó su mito, porque

Aldonza Lorenzo le valía para ello, mito originariamente literario (caballeresco y pastoril), pero de

tal suerte se introdujo en su corazón, alimentado por la fantasía y el ensueño, que real y

verdaderamente se enamoró de su propia criatura. Es ello uno de los síntomas de su locura, pero

también algo tan sentido y tan elevado que adquiere una validez total.

Loco entreverado, solo desatina cuando se refiere a su manía, y es perfectamente cuerdo en las demás circunstancias. La relación entre su paranoia y la realidad va evolucionando en el transcurso de la novela, en tres fases principales:

1. En la Mancha no ocurre absolutamente nada: todo es normal, vulgar, cotidiano, Rutinario; y don Quijote lo sublima al estilo caballeresco: los molinos serán gigantes; los rebaños, ejércitos.

2. En Aragón, donde está el palacio de los duques,

la realidad sigue siendo igual y el ambiente

continúa no apropiado a las aventuras; pero el

ingenio de los que rodean a don Quijote lo

transforma engañosamente en un mundo

caballeresco y fantástico.

3. En Cataluña, las aventuras de veras, tan

buscadas antes, se han ofrecido a don Quijote. Y el

lector advierte con tristeza que mientras don

Quijote estuvo entre los bandoleros su figura se

eclipsó ante la gallardía y la viril eficacia de Roque

Guinart, y que en cuanto se halló metido en una

batalla naval, su voz se calló, su ademán quedó

inmóvil y no cometió ninguna de sus locuras, ahora

que la suerte le brindaba la ocasión auténtica para

demostrar el esfuerzo de su valeroso brazo.

En cuanto aparece la aventura desaparece don

Quijote, por la sencilla razón de que don Quijote es una falsedad; que no es ni caballero, ni fuerte, e

incluso su Dulcinea es una moza que se llama Aldonza Lorenzo. Ante el Mediterráneo, en las arenas

de la playa de Barcelona, don Quijote será vencido por un bachiller manchego también disfrazado

de caballero. Todo ello es triste, muy triste, porque el lector ha cobrado un afecto extraordinario por

este don Quijote, bueno, inteligente, simpático, honrado, pero a quien su chifladura ha convertido

en un arcaísmo viviente, que solo tiene validez ante lo imaginado o lo fingido y que se desmorona

ante la realidad.

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3.3. Composición, tipos y estilo del Quijote

La primera parte del Quijote ofrece una notable diferencia con la segunda. En aquella la

acción principal y fundamental, o sea las aventuras de don Quijote, se ve cortada y suspendida por

otros relatos intercalados en el texto, totalmente desvinculados del protagonista y su historia. En la

segunda parte, en cambio, las intercalaciones desaparecen, y amo y escudero van siempre juntos, y

cuando llega un momento en que deben separarse, Cervantes dedica alternativamente un capítulo al

uno y al otro, con frases de enlace al final de cada uno de ellos.

El Quijote, cuya acción se expone en riguroso orden cronológico, es una singular novela que

se va haciendo ante el lector. Cervantes está siempre a nuestro lado, y nos comunica sus problemas

de novelista, sus dudas sobre la perfección o eficacia de lo que va escribiendo, y gracias a la ficción

de Cide Hamete Benengeli -en principio parodia de un recurso común en los libros de caballerías-,

la narración se compone y se comenta ante nuestros ojos.

Con una audacia originalísima,

Cervantes en persona se asoma a las

páginas de su libro cuando se le agotan

los documentos de los archivos de la

Mancha y, posteriormente, encuentra el

presunto original árabe. Pero no solo

Cervantes aparece en el Quijote, sino

el Quijote mismo: la primera parte de

la novela es un elemento novelesco de

la segunda, e incluso el bachiller

Sansón Carrasco nos da la primera

bibliografía de la novela: “el día de

hoy están mpresos más de doce mil

libros de la tal historia; si no, dígalo

Portugal, Barcelona y Valencia, donde

se han impreso; y aun hay fama que se está imprimiendo en Amberes, y a mí se me trasluce que no

ha de haber nación ni lengua donde no se traduzga” (II, 3). Cervantes irá incluso más lejos cuando

haga que un personaje creado por Avellaneda aparezca como personaje del Quijote verdadero (II,

72), para desmentir al falsario continuador.

Los mismos descuidos de Cervantes, como el del famoso robo del rucio, son elementos de la

novela, pues se discute sobre ellos, se justifican y se achacan al impresor: ¡en el Quijote se habla

hasta del mismo impresor que lo imprimió! Realidad y fantasía, imaginación y certeza, libro,

impresor, lectores y seres imaginarios (incluso uno real) se entremezclan tan acertadamente, que

ello contribuye de un modo muy eficaz a hacer del Quijote un libro singular que alcanza plenamente

el mayor objetivo de todo novelista: convencernos de que lo que estamos leyendo es verdad.

El abigarrado mundo que ofrece la novela presenta una enorme variedad de tipos y

personajes. Los más importantes son, claro está, Dulcinea, don Quijote y Sancho. Este último,

genial creación cervantna, es un ejemplo típico de personaje que se va haciendo y perfilando a lo

largo del relato, no solo porque el escritor lo perfecciona y lo matiza, sino también porque el

contacto con don Quijote hace que experimente una clara evolución.

Cuando Sancho entra en la novela, es un “hombre de bien -si es que este título se puede dar

al que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera” (I, 7). Pero poco a poco este tonto empieza a

hablar y a discurrir, y con las tonterías va entreverando agudezas, y tardará bastante en empedrar

sus discursos con refranes, lo que se convertirá en una de las más características peculiaridades de

su conversación, siempre amena y divertida. Ya no tiene “poca sal en la mollera” cuando es capaz

de inventar su entrevista con Aldonza Lorenzo, en la primera parte; en la segunda, ya ha asimilado

con tanta sagacidad la locura de su amo, que es capaz de urdir la farsa de que las tres aldeanas son

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Dulcinea y dos de sus doncellas y de convencer a don Quijote de ello.

Sigue a don Quijote, a cambio de palizas,

pedradas, manteamientos y mil desdichas, en

parte porque le profesa un auténtico cariño y en

parte engolosinado con la promesa de ser rico y

poderoso. Cuando los duques hagan efectivos sus

sueños y se vea gobernador de la ínsula Barataria,

emergerán en él todo el ingenio popular, las ideas

más elementales de justicia y buen gobierno.

Cervantes se vale de Sancho gobernador para

satirizar, con muy buen humor, a los malos

gobernantes, que por muy sabios y encumbrados

que sean no llegan a la suela del zapato de este

humilde campesino analfabeto puesto a regir y a

mandar.

Cuando en la ínsula Barataria Sancho deje enterradas sus ambiciones, a pesar del fracaso,

está ya tan imbuido del espíritu de aventura de don Quijote, que continuará siguiéndolo fielmente,

ahora sin aspirar a recompensas desmesuradas y con el agravante de tener que azotarse para

desencantar a Dulcinea.

Don Quijote y Sancho son personajes literarios que carecen de tradición precedente.

Nacieron con Cervantes, quien los creó con su imaginación y sin recogerlos de anteriores prototipos

ni inspirarse en modelos literarios ni folklóricos ya conocidos. Por eso nos resistimos a ver en don

Quijote y en Sancho símbolos -el “idealismo” y el “materialismo” tan cacareados-, porque son algo

mucho más importante: dos hombres con ambiciones, problemas, luchas y un gran corazón.

Únicamente Dulcinea podría haber sido infundida por Cervantes de cierta categoría simbólica, ya

que ella, precisamente, en oposición a don Quijote y Sancho, está en la línea de la tradición

medieval de la dama lejana que inspira el amor “de oídas”.

La variedad de asuntos y personajes que se mezclan en la primera parte del libro hace que el

estilo narrativo y dialogado de esta no sea lo uniforme que es en la segunda. Hay en ambas partes

un estilo perfectamente acomodado a la trama principal de la novela; pero, como esta es, en su

propósito inicial, una parodia de los libros de caballerías, una sutil capa de ironía envuelve todo el

asunto, desde el principio hasta el final, de manera que da la impresión de que la obra está escrita en

falsete. Las mismas rúbricas de los capítulos revelan este matiz: “Alta ventura y rica ganancia del

yelmo de Mambrino” (I, 21), “Donde se cuenta lo que en él se verá” (II, 9), “Capítulo setenta: Que

sigue al sesenta y nueve, y trata de cosas no escusadas para la claridad desta historia” (II, 70).

En la ironía de la prosa del Quijote, el aspecto que más fácilmente puede escapar al lector

moderno es el del humorismo producido a base de los arcaísmos. Sería el caso de “non fuyades”,

“fecho”, “la vuestra fermosura”, “fasta”, “cautivo” (por “desdichado”). Lo curioso es que esta

dicción arcaica se pega a otros personajes de la obra, a veces a Sancho, a doña Rodríguez, e incluso

al mismo Cervantes, quien, ironizando como siempre, emplea arcaísmos en algunos momentos de

prosa narrativa. Conviene advertir que, aunque no desaparecen del todo, los arcaísmos menguan

mucho en la segunda parte de la novela.

En la primera parte del Quijote hay pasajes de estilo propio de la novela pastoril, como es

el episodio de Marcela y Grisóstomo; cuando los dos protagonistas se planteen hacerse pastores,

Cervantes apunta un tipo de sátira de la novela pastoril similar al aplicado a los libros de caballerías.

En algunos momentos de la primera parte, aflora el estilo propio de la novela picaresca, tan

en boga en aquel tiempo y que Cervantes rozó en el Rinconete y Cortadillo y en el Coloquio de los

perros. Ello se da principalmente en el capítulo dedicado a la aventura de los galeotes (I, 22).

La historia del Cautivo, también en la primera parte, cae en cierto modo dentro de la boga de

narraciones moriscas.

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Los discursos que pronuncia don Quijote en varias ocasiones son excelentes muestras de

estilo oratorio, aunque siempre hay que ir con sumo cuidado y no interpretar en serio lo que puede

ser ironía cervantina.

Las cartas que se intercalan en el Quijote ofrecen aspectos muy variados: la auténtica

misiva amorosa, en el caso de la de Luscinda a Cardenio (I, 27); la parodia de la epístola amorosa, o

sea la carta que don Quijote escribe a Dulcinea I(, 25), nuevamente parodiada y deformada cuando

Sancho la rehace de memoria (I, 26); las magníficas cartas que intercambian Sancho y Teresa

Panza, de una gracia insuperable; o la libranza pollinesca (I, 25), estupenda burla del estilo

mercantil, que tantos quebraderos de cabeza dio a Cervantes cuando era comisario en Andalucía.

El lenguaje caracteriza perfectamente a los

personajes, en un caso excelente de polifonía

lingüística que consigue dar naturalidad y verdad a los

aproximadamente doscientos personajes que conviven

en el Quijote.

El diálogo es uno de los mayores aciertos

estilísticos de la novela; diálogo a veces lento y

expresado en largos parlamentos, a veces rapídísmo y

cortado con interrupciones, enlazando preguntas y

respuestas con una técnica que parece propia del teatro.

También las descripciones van de un extremo al otro,

desde la pormenorizada, detallista y sugerente de los

pies de Dorotea (I, 28), hasta las tumultuosas y

dinámicas de pendencias y riñas, como la que provoca

Maritornes en la venta (I, 16).

El humorismo cubre todo el Quijote, hasta que

el protagonista recobra el juicio para morir poco

después, descontando las historias intercaladas o

marginales. El habla de muchos de sus tipos ya es

cómica de por sí, tanto la de los que naturalmente son

graciosos (como Sancho), la de los que se expresan mal

(el vizcaíno, por ejemplo), como la de aquellos que

sencillamente dicen tonterías (es el caso de doña

Rodríguez).

La ironía no tan solo se manifiesta en episodios o trances que ya de por sí son divertidos,

sino en breves notas gratuitas, a veces en dos palabras, que hacen recordar al lector que está leyendo

un libro de entretenimiento.

Cuando el escritor acaba su novela, tiene ya sesenta y ocho años, ha sufrido toda suerte de

penalidades, de estrecheces y de humillaciones, de las que no se ha escapado su propio hogar, y

aunque en el Quijote existe un fondo evidente de amargura y de tristeza, la forma es alegre y

risueña, chistosa y divertida, como si con estas manifestaciones humorísticas quisiera ahogar un

dolor profundo.

Extraído y adaptado de Martín de Riquer, introducción a Don Quijote de la Mancha, edit. Planeta

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Miércoles, 18 de noviembre// Jueves, 19

Producción literaria

Poesía 

Es curioso observar como el propio Cervantes considera que el Quijote, su obra trascendental y universal, no es otra cosa que un pasatiempo. Sin embargo le concede gran importancia a su obra poética. Por lo visto, el sueño de Cervantes hubiese sido pasar a la posteridad como un gran poeta, pero no fue así, porque su obra poética no alcanza la calidad de su narrativa. Es conocida la admiración que sentía Cervantes por Garcilaso de la Vega a quien intentaba imitar en sus poemas.

Sin embargo, Cervantes no llegó nunca a ser un gran poeta. En el Viaje al Parnaso, poema en tercetos, él mismo reconoce su fracaso:

Yo, que siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo.(…)

 

Teatro 

A Cervantes  le fascinaba el teatro y siempre fue un dramaturgo frustrado. Las compañías de teatro no le compraban sus obras porque veían que eran más aburridas, lentas o clasicistas. Así, Cervantes tuvo que conformarse con contemplar el gran éxito de Lope de Vega. Nuestro autor reivindicaba un teatro más reflexivo, pero eso no le interesaba al público. No supo encontrar una fórmula dramática exitosa como la de Lope.

En 1615 publicó Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados:

El gallardo español
La casa de los celos
Los baños de Argel
El rufián dichoso
La gran sultana doña Catalina de Oviedo
El laberinto de amor
La entretenida
Pedro de Urdemalas
El juez de los divorcios
El rufián llamado Trampagos
La elección de los alcaldes de Daganzo
La guarda cuidadosa
El vizcaíno fingido
El retablo de las maravillas
La cueva de Salamanca
El viejo celoso

Los mayores aciertos teatrales de Cervantes se concretan en sus ocho entremeses: El juez de los divorcios, El rufián viudo llamado Trampagos, La elección de los alcaldes de Daganzo, La guarda cuidadosa, El vizcaíno fingido, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y El viejo celoso.

El entremés es una pieza teatral de carácter menor que se puso de moda a finales del siglo XVI. Los entremeses se caracterizan por su lenguaje popular, a menudo dialectal, y se solían representar en los entreactos de las comedias para dar más variedad, diversión y entretenimiento en las jornadas teatrales. Suelen ser breves cuadros de costumbres con un argumento muy sencillo.

En los entremeses de Cervantes destaca la viveza del lenguaje, la colorista vitalidad del conjunto y la espléndida recreación de sus tipos y personajes: un mundo de tramposos, vividores, rufianes y prostitutas que son herederos de la gracia de los pasos de Lope de Rueda, por quien Cervantes sentía profunda admiración.

Las novelas

Aunque actualmente consideramos como novela narraciones de largo formato, en tiempos de Cervantes no sucedía así. En Italia y en Francia las narraciones largas recibían el nombre de “roman” y “romanzo”, mientras que a las cortas se las denominaba como “nouvelle” o “novella”. Puesto que en España el término “romance” se empleaba ya para otro tipo de composiciones literarias, podemos decir que Cervantes fue el primer autor en utilizar el término “novela” para las narraciones largas. Cervantes, fue, por encima de todo, un fructífero autor de narrativa y cultivó todos los géneros de novelas- idealistas y realista-, aunque la más reconocida fue el Quijote.

Novela pastoril

La Galatea (1585) (fue su primera novela) 

Novelas ejemplares

La Gitanilla
El amante liberal
Rinconete y Cortadillo
La española inglesa
El licenciado Vidriera
La fuerza de la sangre
El celoso extremeño
La ilustre fregona
Las dos doncellas
La señora Cornelia
El casamiento engañoso
El coloquio de los perros

Novela bizantina

Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617) (publicada póstumamente)

 

 

 

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Miércoles, 11// Jueves, 12 y Viernes 13

. Comentario de “Ir y quedarse…”

Para ofrecernos una definición del amor y expresar el dolor que le provoca la ausencia de la amada, Lope recurre a un soneto de estructura bimembre y paralelística y en donde predominan las paradojas y antítesis, recursos que ya aparecían en la lírica cancioneril del S. XV.

Desde el inicio nos muestra la primera antítesis (“ir y quedarse y con quedar partirse”) y a medida que vamos avanzando nos encontrados con otras (“caer de un cielo, y ser demonio en pena, hablar entre mudas soledades, pedir pues resta fe paciencia, a lo temporal llamar eterno…”) y todo ello con la finalidad de demostrar, justamente, que el amor es un sentimiento tan complicado , tan irracional, que resulta imposible de describirlo sin afirmar y a la vez desmentir lo dicho anteriormente.

Estructura interna: dos partes, la primera hasta el primer verso del segundo terceto, en donde el poeta define el sentimiento amoroso y el dolor provocado por la ausencia, y la segunda en donde desvela el estado definido.

Aclaraciones sobre el contenido:

– Verso 2- El amante parte sin alma porque se marcha sin vigor, desalentado y va con alma ajena porque lleva el alma de la amada impresa en su interior.-vv 3 y 4- Alusión a una episodio de la Odisea de Homero- Referencia culta
-v 6- “hacerse ilusiones sobre frágiles realidades”- v. 8- Lope se identifica con un demonio caído. Como los angles caídos, condenados a la ausencia de Dios, el amante es un “demonio en pena” castigado a la ausencia de la amada.-v. 14- metáforas propias de la poesía petrarquista.

Obsérvese también que la composición habla de sufrimiento que causa la ausencia de la amada, en diferentes partes del poema:
* Arder como la vela y consumirse: sufrimiento de cualquier enamorado.
* No poder del árbol desasirse: no poder escapar del dolor, la locura del amor.
* Haciendo torres sobre tierna arena: acciones en vano, que fácilmente se viene abajo.
* Caer de un cielo, y ser demonio en pena: agonía que deja el amor.
* Creer sospechas y negar verdades: engañarse a sí mismo
* Fuego en el alma, y en la vida infierno: el fuego amoroso y el sufrimiento que deja.

– Otros: El uso del infinitivo confiere un valor atemporal y de reflexión.

. Comentario de “¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?”

Este soneto forma parte de las Rimas sacras (1614) y es uno de los poemas religiosos más interesantes de este autor. Recordemos que la vida de Lope de Vega estuvo determinada por la continua alternancia entre una vida libertina, disoluta y sinceros arrepentimientos que lo inducían a la vida religiosa. Mediante un imaginario diálogo, el poeta expresa el remordimiento por su conducta, que juzga dolorosamente incorregible.

El tema, mil veces vivido por el poeta, tan proclive al desvío como al arrepentimiento, expone una de tantas situaciones de incomodidad interior, ante la sucesión de sus vivencias de hombre pecador que se sabe llamado por Dios, una y otra vez. Destaca la amorosa y paciente espera silenciosa de Cristo, sujeto a todos los agravios que infiere la infidelidad, con tal de alcanzar al fin una respuesta. En su espiritual desconsuelo, el poeta imagina la dureza de su indiferencia como la actitud de quien sabe a Jesús desamparado a la intemperie fría de la noche, sufriendo el relente tras la puerta, mientras se excusa una y otra vez, sin lograr desalentar por eso las esperanzas de Cristo. Por eso iniciará el poema preguntando ya a Jesús la razón por la que se empeña tanto en procurar su amistad: “¿Qué tengo yo?”, pregunta el poeta. Observemos que con esta reflexión el autor desea remarcar la bondad, la paciencia y el amor sin límites que siente Jesús ante cualquier pecador.

La expresión afectiva (tono emotivo) ha elegido, por eso, los recursos  de la pregunta retórica, en el primer cuarteto, y la admiración en el resto de las otras tres estrofas, para destacar mejor la hondura sentimental del alma acongojada por su actitud injustificable. La composición va dando curso a un desarrollo graduado de efectos sensibles que rematan su dramatismo en un diálogo con el ángel de la guarda, de intervenciones contrapuestas, que va de los intentos suplicantes que interpretan a Cristo a los desplantes  del hombre de fe frágil  que fue siempre Lope (estructura sintetizante).

 

. Comentario de “Un soneto me manda hacer Violante…”

En 1617 Lope había estrenado una comedia menor, La niña de plata, la cual es en general poco conocida, aunque incluye uno de los poemas más célebres del autor, el soneto que, a modo de juego, se va explicando a sí mismo mientras se desarrolla, hasta coronar su logro final.

Este tipo de composiciones recibe el nombre de “metapoemas”, ya que el tema es la propia realización del poema: un soneto del soneto. Se trata de un ejercicio metapoético en el que se va descubriendo la composición del poema paso a paso.

Diego Hurtado de Mendoza  (1503-1575)  fue el primero en cultivar el burlesco tema del “soneto del soneto”.

http://www.biblioteca-antologica.org/wp-content/uploads/2009/09/HURTADO-DE-MENDOZA-Diego-Sonetos.pdf   (XXXV)

Al principio del poema nos sitúa “in media res”, ya que no nos hace ninguna presentación , solamente nos informa de la tarea que tiene entre manos. También en el primer verso encontramos la excusa literaria “un soneto me manda hacer Violante”. Así pues, este Violante (en principio un nombre inventado) hace de mecenas de Lope y es el que motiva el  soneto.En el segundo verso, Lope utiliza la “captatio benevolentiae”, con gesto de humildad, aunque sea falsa. A partir de ahí se dedica a describir el proceso de la composición mediante un tono divertido y desenfadado.
La grandeza en este poema consiste en  que sin hablar de nada habla de todo. Dicho de otro modo, aparentemente esta composición no cuenta ninguna historia pero en cambio nos detalla el modo de hacer un soneto de forma ingeniosa y sorprendente.
El lenguaje es extremadamente sencillo, no hay ni una palabra de difícil comprensión. Junto con este fácil lenguaje nos encontramos con una ausencia de figuras literarias, tal y como las conocemos, pues este poema se desvía hacia el conceptismo, de un modo elemental. Solo encontramos tópicos latinos como la captatio benevolentiae et alii que vimos con anterioridad e hipérbatos (ya que sigue siendo un poema, un poco desordenado). Dicho esto si ordenamos todos los versos veremos que no hay otra complejidad.
En definitiva, no hay ninguna temática oculta en el fondo y es, quizá, el poema más sencillo pero a la vez desconcertante e inquietante de Lope de Vega.

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