Monthly Archives: abril 2009

La hogaza de pan

El ciego y yo íbamos paseando por la calle, cuando pasamos por delante de una bonita casa que tenía en la fachada unas conchas que recordaban el mar.
El ciego se paró y me dijo que llamara a la puerta. Cuando la abrieron, apareció un hombre muy elegante que nos dijo:
-¿Qué desean?
Me quedé callado y el ciego contestó:
-Buenos días, buen hombre. ¿No tendrá usted algo que comer? Llevamos dos días sin comer ni beber nada.
Me quedé sorprendido al ver cómo podía ser tan buen actor, ya que él hacia poco que había comido.
Nos dieron pan, y como siempre, tenía que llevarlo yo. Como el pan estaba recién hecho, me entró el hambre, pero el ciego me dijo que no cogiera ni una migaja. Pensé que no se daría cuenta y le pegué varios mordiscos , pero muy pequeños, para que el ciego no lo notara.
Estábamos llegando al puente romano, cuando se sentó el ciego en una roca. Me pidió el pan, empezó a comer, y me dijo que faltaba una parte. Entonces yo le dije:
-Se lo habrá comido algún ratón, el saco está mordido.
-¡Qué raro! ¿Y cuándo se ha metido el ratón en el saco?
-Nos lo habrán dado así ya.
El ciego no se quedó convencido, pero continuamos con nuestro camino. Cuando pasamos el puente, yo iba por delante de él indicando el camino, cuando el ciego me metió su bastón entre las piernas y me hizo caer. Me empezó a sangrar la boca. Me había roto dos dientes. Entonces me dijo:
-Eso te pasa por engañarme, ahora no podrás mordisquear más el pan.
El ciego me había castigado, y ahora no podría comer bien.

Laura y Cristina

La tarde del vino

Cuando el ciego me dijo que le fuera a comprar una jarra de vino, yo ya tenía en mente la trastada que le iba a hacer, pero no pensé en las consecuencias que me podía causar. Y ahora contaré paso a paso lo que me ocurrió. Cuando el ciego me dio dos blancas para la jarra de vino, yo fui decidido hacía la taberna, lo compré y por el camino me fui bebiendo media jarra de vino. Cuando me di cuenta, se me había ido de las manos y la jarra estaba medio vacía y entonces se me ocurrió diluir el vino que quedaba con un poco de agua. Cuando llegué a casa le di la jarra al ciego y empezó a beber. Cuando se bebió el primer vaso ya empezó a sospechar hasta que me llamó para ver qué había pasado. Le expliqué que yo no sabía nada pero no se lo creyó. Se levantó y me dijo que fuera hacia la fuente que había en la terraza. Al llegar me dijo que me asomara y me metió la cabeza en el agua para darme un buen escarmiento. Estuve recuperándome del susto unos cuantos días.

Gonzalo y Josua

Nuevos episodios del Lazarillo

En la España del siglo XVI, un joven Lázaro aprende de su primer amo, el ciego, que deberá convertirse en un pícaro si quiere sobrevivir. Episodio tras episodio, va perfeccionando las argucias para engañar al cruel amo. Lo podréis comprobar a través de nuevos episodios que jóvenes escritores del IES Alexandre Galí (Sant Pere de Ribes) han creado para vosotros, los lectores de este blog.  

El trabajo se ha realizado a partir de la WebQuest Lazarillo de Tormes y es la continuación de un blog anterior con el mismo nombre.