¿Cuales son los límites del poder del estado y la sociedad sobre el individuo?

El debate sobre la relación entre el individuo y el poder que ejerce sobre él el estado ha sido presente en toda la historia. La diversidad geográfica, social, de liderazgo e histórica ha llevado a la presencia de innumerables modelos de relación entre el hombre y el poder, siendo las libertades del primero y los derechos del segundo objeto constante de confrontación. A partir de esto surge la duda sobre los límites de la influencia del estado en el individuo.
Diversas teorías han aparecido alrededor de esta problemática, y aquí se exponen algunas de ellas, ordenadas de mayor independencia del individuo respecto al estado hasta la subordinación total del primero al segundo.
En primer lugar se encuentra el modelo de estado neoliberal o liberal extremo, defendido por el filósofo Nozyck. De acuerdo con su teoría, el individuo no tiene ningún tipo de deber respecto al estado, goza de plena libertad positiva. Sin embargo, el estado tiene el deber de proteger los derechos básicos de los individuos como la vida, la propiedad y la salud. No obstante, para proteger dicha libertad el estado requiere cierto poder, de modo que puede regular las relaciones entre individuos. Por este motivo los individuos ceden al estado la capacidad legislativa y judicial. La pertinencia de este poder del estado sobre el individuo está sujeta a la capacidad del primero de protección de los derechos mencionados del individuo, pues de otro modo éste puede volver al estado de libertad anterior, caracterizado por la plena libertad e igualdad entre hombres.
Fruto de la inestabilidad de las monarquías absolutistas del siglo XVII-XVIII, surgieron en Francia diversos pensadores que reflexionaron sobre cuales debían ser las libertades de los individuos para que fuesen compatibles con los estados. Basándose en la antigüedad clásica Rousseau concibió el modelo de estado democrático moderno. Como el individuo por si solo se encuentra en perfecto estado de armonía y felicidad, el estado no debe estar sometido al mandato de una persona. Por esta razón, el mejor sistema de gobierno es el de seguir el criterio de la mayoría. La mayoría dicta los límites del poder del estado sobre el individuo. Como los votantes constituyen parte del estado y son individuos, el equilibrio será adecuado, siempre basándonos en la corrección de las decisiones de la mayoría. Pero ¿Qué ocurre con aquellos que no piensan igual? Rousseau opina que, como el estado es libre y sus decisiones también, debe obligarse a los opositores de las decisiones a “ser libres”. El resultado de este sistema es la dictadura de la mayoría, por lo que esta tiene el poder de limitar y eliminar toda libertad de los individuos, aunque también el de permitir a los individuos gozar de plena libertad negativa.
Los resultados que se obtendrían de una dictadura de la mayoría que tendiese a restringir la libertad de los individuos serían similares a los de la teoría de Tomas Hobbes, recogida en la obra El Leviatán. La teoría que defiende este contractualista se basa en el estado de guerra insoportable existente entre los hombre en la ausencia del estado. El miedo y el deseo de paz llevan a los individuos a definir unos derechos naturales y, para protegerlos, realizan convenios entre ellos. En estos convenios los individuos pactan entre ellos la creación de una personaje artificial, el monarca (o el estado). La única finalidad del monarca es la protección de sus súbditos, pero como este no ha realizado ningún pacto con ellos, su poder es ilimitado. Su capacidad de restringir las libertades es absoluta, tiene el total de derecho de procurarse su máxima felicidad y de coartar la libertad negativa de los súbditos al máximo. El modelo de estado resultante es la monarquía absolutista.
La evolución de este modelo de estado absolutista y la corrección de sus errores lleva a la aparición del estado totalitario, que se deriva del modelo de estado ideado por Marx y Hegel. En el estado colectivo que proponen, la subordinación del individuo al estado es total. Los derechos del último son totales, siendo el individuo un sujeto sin libertad alguna, solamente alguna, controlada por el estado. El estado decide los derechos de los individuos, y la prioridad yace en el mantenimiento del estado, por lo que la oposición, la libertad de expresión, opinión, e incluso de conciencia pueden (y acostumbran) a ser prohibidas.
Tras analizar las diversas libertades que pueden permitir los distintos modelos de estado ideados, se llega a la conclusión de que una magnífica opción es la del liberalismo moderado. La libertad positiva del individuo es total, es completamente libre y está en armonía con los demás. Sin embargo, el estado expolia la libertad de ciertas acciones y actitudes de los individuos, pudiendo legislar y ejercer la justicia.
Estos derechos solamente pueden ser utilizados para limitar las libertades de los individuos cuando estos atenten contra otros individuos y sus acciones supongan la violación de las libertades de estos. En ningún caso un individuo verá su libertad coartada por oponerse al estado, siempre y cuando no ataque a los derechos de los demás de tener un estado que vele por ellos.

À. Casadevall
2n Bat –A-

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