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Com podem parlar als nostres fills/es sobre les discapacitats?

Recomanat per Ana Bergua.

 

THE HUFFINGTON POST. 17/02/2014

OPINION
POR QUÉ NOS EQUIVOCAMOS AL HABLAR DE DISCIPLINA

Shefali Tsabary
Psicóloga clínica

En mi trabajo como psicóloga clínica, la mayor preocupación que expresan los padres es no lograr que sus hijos sean disciplinados.

No es ninguna sorpresa.

A menudo, están frustrados y agobiados porque han intentado todos los métodos y estrategias sin éxito. El comportamiento de sus hijos no ha cambiado y ellos se encuentran al borde del precipicio.

Para ayudar a los padres a entender por qué sus estrategias de disciplina no funcionan, suelo llevar a cabo con ellos la siguiente actividad.

Les pido que hagan una frase con la palabra disciplina.

Y ellos siempre dicen algo así: “¿Cómo puedo disciplinar a mi hijo?”, o si se están dirigiendo a su hijo, le dicen: “Voy a pensar una forma para disciplinarte”.

Lo primero que señalo es el uso del verbo disciplinar, que significa instruir o imponer algo.

Luego les pido que analicen lo que subyace de estas frases: ¿a qué se refieren cuando utilizan el término disciplinar?

Si de verdad son sinceros, contestan algo como: “Quiero encontrar la forma de controlarlos” o “Estoy harto de mis hijos y van a pagar por ello”, o “Estoy muy frustrado porque no puedo cambiar su comportamiento”.

Como yo les explico, este es el motivo por el que fracasan las estrategias de disciplina con nuestros hijos. Decimos que queremos enseñar a nuestros hijos a portarse bien y ayudarles a que desarrollen la autodisciplina. Pero, en vez de esto, adoptamos métodos que son justo lo contrario de enseñar y que se basan en la manipulación y el control.

Al igual que a cualquier ser humano, a los niños no les gusta que les manipulen, por lo que se rebelan. O se rebelan contra sí mismos y dejan de mostrarse sumisos y conformes, o se rebelan de una forma más activa contra sus padres. De cualquier modo, crean un personaje falso que reacciona contra la energía controladora de sus padres en lugar de emitir una respuesta natural que emerja de su estado interno.

Cuando decimos que alguien lleva una vida muy disciplinada, nos referimos a algo completamente diferente a si decimos que alguien recibe una acción disciplinaria. De hecho, una vida disciplinada y una acción disciplinaria son cosas opuestas.

Lo primero está relacionado con la autodisciplina, es decir, la capacidad de autocontrol sin necesidad de que alguien nos mantenga a raya. Nos guiamos por nuestro propio ritmo de vida, en el que cada eje de nuestra existencia diaria conecta con nuestro núcleo, con el corazón de nuestro ser, que es la fuente de todos nuestros deseos reales.

La segunda expresión, acción disciplinaria, se refiere a un castigo impuesto por algo externo. Para comprender la diferencia, resulta muy útil observar la etimología de disciplina. El término contiene la palabra discípulo, que procede del latín, y que significa “persona que aprende”. Asimismo, no se incluye la idea de castigo en este concepto.

Una persona que aprende, por tanto, no tiene nada que ver con alguien que recibe una acción disciplinaria. Un discípulo es alguien que quiere aprender. Y los maestros más poderosos para nuestros hijos son sus padres.

Si quiero ser la maestra de mi hijo, primero tengo que aprender a ser autodisciplinada. Tengo que tratar mi inmadurez emocional. Para ello, tengo que ser una persona auténtica, y sincera conmigo misma. De este modo, mi hijo aprende de mí cómo ser sincero consigo mismo y con los deseos más internos de su corazón.

Esto difiere completamente de la obsesión con el comportamiento de nuestros hijos y de los constantes deseos de disciplinarlos (controlarlos) para que cumplan nuestros deseos. La concentración, en cambio, debe dirigirse hacia nosotros, los padres, abuelos, cuidadores y maestros, para asegurarnos de que estamos siendo el ejemplo que va a desarrollar en nuestros hijos el deseo de emular la equilibrada y valiosa vida que llevamos.

La autodisciplina es algo que aprendemos por nosotros mismos, no algo que se nos pueda imponer con eficacia.

Cuando los padres somos ejemplo de autodisciplina, esta funciona mejor que cualquier estrategia que probemos con nuestros hijos. Se desprende de la manera en que hacemos la cama cada mañana, del ejercicio que realizamos, de la comida que comemos, de los límites que establecemos y de la forma en que nos comprometemos con nuestros propios objetivos. Nuestra labor no consiste en buscar por todo el mundo un médico que nos dé la clave para arreglar o controlar la vida de nuestros hijos. En su lugar, debemos llevar una vida clara, equilibrada, con intención y propósitos.

¿Tenemos la sabiduría y la valentía para amansar a nuestros indisciplinados yos y para confiar en que nuestros hijos serán el reflejo de nuestro espíritu?

ADEMÁS:

8 formas de cagarla emocionalmente con tus hijos
La importancia de gritar
Las cosas que, como padres, nos da miedo contar
¿Qué debe saber un niño de cuatro años?
El día en que dejé de decir “date prisa”
24 señales claras de que eres madre

Mi nuevo libro Out of Control – Why disciplining your child doesn’t work and what wil l- trata estos temas desde un enfoque pragmático y funcional.

Traducción de Marina Velasco Serrano

 

Ideas para recompensar por las buenas notas a los niños

Ideas para recompensar por las buenas notas a los niños

THE HUFFINGTON POST. 20/01/2014

 

OPINION

7 formas de manejar la actitud desafiante de tus hijos

Sarah MacLaughlin, LSW

Trabajadora social y educadora de padres

 

Cuando tu hijo te mira fijamente a los ojos y te dice: “No, no voy a hacerlo”, “Te odio” o “No puedes obligarme”, sientes que te está desafiando y no sabes cómo actuar.

 

Tranquila, no eres la única.

 

No obstante, puedes llevar mejor este comportamiento incómodo si tratas de que la relación con tu hijo se base en la motivación más que en las consecuencias negativas y en el castigo. Aquí tienes siete estrategias que te ayudarán a no desmoronarte cuando tengas que enfrentarte a un comportamiento desafiante por parte de tus hijos.

 

1. No te lo tomes de forma personal

 

Cuando tu hijo se niega a desayunar, no lo hace con la intención de frustrarte. Cuando la niña no quiere subirse al coche, no lo hace para molestarte. Un comportamiento desafiante y fuera de lugar es la señal de que tu hijo se siente desconectado. Los niños que se portan mal no lo hacen para conseguir tu atención. Lo hacen porque necesitan atención y mantener la conexión contigo. Enfadarte es lo peor que puedes hacer en ese momento.

 

2. Piensa en el motivo de su reacción

 

Imagina que un día te levantas y, antes de que puedas desperezarte, alguien te dice lo que tienes que hacer. Te dicen lo que tienes que ponerte, lo que tienes que comer, a la hora a la que deber salir de casa, y así sucesivamente. No digo que haya que dejar que los niños tomen las riendas, pero si intentas ponerte en su lugar, con su casi inexistente autonomía, quizás entiendes su deseo de poder, aunque sea poder para desafiar.

 

3. Habla contigo misma

 

No hay mejor manera para tranquilizarse que hablar con uno mismo. Para asimilar que no es un ataque personal contra ti, tendrás que hablar con tu yo interno y dilucidar qué es lo que está ocurriendo. Esto significa que cuando el niño empieza con su “No quiero vestiiiirme” y tu primera reacción es “¡NO ME IMPORTA! ¡VÍSTETE AHORA MISMO!”, podrías guardarte eso para ti en vez de exteriorizarlo, y decirte a ti misma: “Respira hondo. El niño se niega a vestirse y yo lo que quiero es chillar, pero puedo tranquilizarme”. Si te dices a ti misma que no quieres comenzar una discusión, te convencerás para reaccionar de forma más efectiva.

 

4. Reflexiona en voz alta sobre los sentimientos del niño, muestra que los tienes en cuenta

 

Deja que el niño exprese sus quejas, tómatelas con calma y háblale con dulzura. (Sí, se supone que esto es posible si antes has tenido una conversación contigo misma). Inténtalo con algo así: “Ya sé que no te quieres bajar del coche. Ya veo cómo te agarras al asiento y quizás estás pensando que no te vas a bajar del coche por nada del mundo”. Así, haces un pausa en mitad de la espiral de enfado en la que os habíais metido. Cuando pronuncias en voz alta (y tranquila) qué es lo que sucede, cuál es el problema, tu hijo se siente reconocido. Y como no te estás implicando en ningún tipo de lucha por el poder, no hay ni autoridad ni control contra la que el niño pueda reaccionar.

 

5. Párale los pies solo cuando se ponga agresivo

 

Me refiero a que cuando tu hijo pierde completamente los nervios no hay forma de hacerle entrar en razón. Si se pone tonto por algo, mantén la calma y déjale hasta que se tranquilice. Eso sí, si empieza a dar golpes, sujétale los brazos y dile “eso no te lo consiento”. Si contraataca y se pone a gritar “te odio, eres la peor madre del mundo”, no tengas en cuenta sus palabras. Al menos ha pasado de expresar de forma muy inapropiada su agobio y su enfado (mediante golpes) a otro modo un poco más civilizado (ponerse a gritar). No lo hagas más difícil. Demuestra que tu corteza prefrontal está completamente desarrollada. Tú puedes.

 

6. Ten una opinión positiva de tu hijo

 

Considera que criar a unos individuos respetuosos, amables y productivos forma parte de una maratón, no de un sprint. Este es otro momento perfecto para que tengas una conversación contigo misma: “Mi hijo es pequeño y todavía está aprendiendo. Su cerebro aún no está desarrollado del todo y necesita que le guíe con cuidado”. Confía en él para las cosas del día a día. Quizás se empeña en no salir de casa a una hora concreta, pero probablemente no tenga problema en hacerlo diez minutos más tarde. Piensa que al final te hará caso.

 

7. Utiliza el humor y los juegos de poder

 

El humor, si se usa de manera sabia, es una herramienta muy valiosa. Te sugiero que emplees un tono gracioso evitando el sarcasmo y la burla. Si tu hijo se resiste a lavarse los dientes, puedes decir: “Mmm, pues si cierras la boca, me imagino que es porque prefieres cepillarte la nariz y los oídos en su lugar”. Ríete y ellos se reirán… y después de las risitas, serán obedientes. Los juegos de poder consisten en dejar que el niño se quede con el rol del poderoso. Tumbar a Papá es uno de nuestros juegos favoritos.

 

Sé que cuando las cosas se van de las manos, resulta difícil (muy difícil) mantener el control y la calma en vez de reaccionar mal, pero recuerda que tus hijos se fijan en tus gestos y los imitan. Estos consejos te ayudarán a no perder los nervios; pronto verás los resultados: mejorará la relación con tus hijos así como su comportamiento.

 

Tenir cura, mimar o malcriar?

Els més petits viuen les situacions a través nostre. Si la por de malcriar-los impedeix un acompanyament en l’expressió del seu malestar, la vivència pot ser doblement difícil també per a nosaltres.

Per Paola Velázquez. Psicòloga

Article del Bloc “PETITS I GRANS“. Portal digital en català per a tota la família.

 

Article interessant per als pares que comencem a tenir fills en edat de merèixer mòbils,

Recomanat per Ana Bergua

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