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Cuando la lengua se convierte en misterio

 En un artículo de opinión de temática similar al de Rosa Montero, Laura Freixas explicaba en La Vanguardia sus problemas con los tecnicismos informáticos. El tema da para mucho y la periodista lo enfoca desde la perspectiva de la usuaria que se topa de forma obligada con un caudal léxico que crece sin parar.

El artículo va muy bien para recordar -un poquito de nostalgia os conviene- los procedimientos de formació del léxico castellano algunos de los cuales se pueden repasar a partir de los tecnicismos que enumera. A saber:  calco semántico y léxico,  xenismo, sigla…

 Misterios informáticos
“CHIP” NOS SUENA a patata frita, “memoria RAM” a leche desnatada, y “PC” a otra cosa

LA VANGUARDIA – 03.23 horas – 04/11/2002

 LAURA FREIXAS

Que los seres humanos tenemos una tendencia natural al animismo es algo que hemos comprobado personalmente todos los que, siendo unos zotes para la informática, nos vemos obligados a trabajar con un ordenador. Si además somos de otra generación, y de letras, para qué les voy a contar… Ya para empezar, eso del “PC” no nos suena a “personal computer”, sino a otra cosa que no diremos para que no se nos vea el plumero paleolítico, y que conocíamos en distintas variantes: PCE, PCI, PCF, PCUS… Cuando se habla de “iconos”, vemos -juro que sin querer- madera y oro viejo, incienso y velas. El “servidor” se nos aparece vestido con un chaleco a rayas, tendiéndonos una bandeja con bebidas… “Navegar” nos entusiasma: viento en popa a toda vela, no surca el mar sino vuela el velero bergantín… El “explorador de Windows”, tocado con salacot, se mete, volando, por las ventanas; el “controlador de bus” lleva gorra de plato y pone multas; el “concentrador de raíz” es un brebaje contra el mal de ojo… La “memoria” y el “destino” nos sumen en meditaciones metafísicas. “Chip” nos suena a patata frita, la “memoria RAM”, a leche desnatada; una “dirección pop” será verde y naranja, con pies descalzos y flores en el pelo, y “pinchar la pestaña”, un método refinado de tortura… La lista de los programas la confundimos con la de los reyes godos: Adobe, Chindasvinto, Epson, Excel, Kazoo, Flash Path, Quick Stitch, Readme, Recaredo, Wamba, Win Zip y Don Rodrigo. ¿Y qué decir de los “virus”, sino que si por nosotros fuera, correríamos a por un termómetro y una taza de leche muy caliente con miel, coñac y limón?… Si el servicio técnico del antivirus Panda nos explica que “las variantes del Klez pueden ser más o menos dañinas”, nos imaginamos a Klez-A como un animal pequeño, pero de dientes afilados, royendo las entrañas de nuestro ordenador; a Klez-B como una cabeza de león rugiente que apareciendo de pronto en la pantalla se zampará los iconos a dentelladas, empezando por el del antivirus Panda, del que dejará las orejas, para advertencia y escarmiento de antivirus gallitos; a Klez-C como el mismo león, pero tridimensional y estéreo, que rugiendo saltará de la pantalla afuera y no dejará de la usuaria más que los huesos, mondos y lirondos, desparramados por encima del teclado…

Total, como no podía seguir así, he contratado clases particulares. La profesora es una chica inteligente. Empezó muy seria hablándome de sistemas operativos, memoria ROM y memoria RAM, microprocesador y placa base. Al cabo de un rato, viendo la cara que yo ponía, creo que comprendió. Cambió de táctica. Ahora me explica que el sistema operativo (o la placa base, el ram, el rom, en fin, algo así) es como un director de orquesta, y que lo malo es que a veces el chip (o el rom, el ram, el zip, ahora no caigo) desafina; que el problema que tiene mi ordenador es que el chip no es que sea totalmente incompatible con el quick, el win y el pick, pero no se llevan del todo bien: es como si te pones, me explica, un sombrero verde loden con zapatos turquesa y abrigo pistacho, que no es que desentonen, pero tampoco combinan; y que un sistema operativo necesita los programas igual que una mayonesa necesita el aceite. ¡Por fin, alguien que me comprende!

El lenguaje y las tecnologías

Mi bisabuela vivió casi 100 años, de 1884 a 1984 y, salvo la conquista de la Luna, que le pareció siempre una estafa en toda regla -”Inocentes, os créeis todo lo que sale en la tele”- nunca discutió un invento ni se negó a un tecnicismo. De los lavaderos públicos a la lavadora, de la plumilla y la tinta china a la máquina de escribir eléctrica todo le parecía normal y asumible.

 

Sin embargo, no estoy tan segura de que los progresos tecnológicos de los últimos veinte años no le hubiesen hecho arquear la ceja. Todo va tan deprisa que cuesta asumirlo: los objetos, sus posibilidades, sus implicaciones y su nombres.

Hace cuatro días que la RAE incluyó en su diccionario la siguiente entrada:

cederrón.

(De CD-ROM, y este sigla del ingl. Compact Disc Read-Only Memory).

1. m. Inform. CD-ROM.

Pues bien, al margen de que es probable que nadie o casi nadie haya utilizado esta palabra por escrito, a estas alturas casi todo el mundo ha sustituido los cederrones por lápices de memoria y es muy posible, que tecnológicamente, tengan los días contados.

Aquí tenéis un artículo periodístico de Rosa Montero que habla de las implicaciones del lenguaje técnico de Internet en la vida cotidiana. Leedlo y comentadlo.

 

000 SAP , Rosa Montero

Verán, la hija de una amiga mía es informática. Un día recibí por error un email suyo. Decía así: “¡Hola a todos! Desde el mes de enero hay instalado un sistema IDES 4.6C con Oracle y sobre Sun Solaris 5.8. El SAPSID del sistema es RO4 y el host sobre el que está montado es davival28 (10.1.22.74). Está incluido en el CUA que instaló el administrador. Los mandantes que encontraréis con SSO son: Mandantes 000 SAP AG 500 IDES-ALE: Central Sist. De todas formas, para los que tengan problemas al montar el SSO, pueden usar los usuarios estándares”. Por razones de espacio, he acortado un poco el texto. Tenía más SAPS y SUPS y otros monosílabos robótico-succionadores. El caso es que me quedé un poco chafada, porque a una, que vive de la palabra y por la palabra, y que confía, pese a todo, en la capacidad de comunicación de los humanos, le fastidia que le hablen supuestamente en castellano y no poder entender ni una maldita frase. Y este rollo informático no es el único lenguaje en español que me cuesta entender: tampoco se me dan nada bien los mensajes de los móviles, esas largas frases escritas de manera tan abreviada k t haces un lío.

 

Ahora bien, no creo que los jeroglíficos de los móviles y los chapurreos electrónicos sean algo necesariamente negativo. Un idioma es una criatura viva. Es como la piel de una sociedad, y se estira y encoge a medida que el cuerpo al que recubre cambia de forma. Por eso, intentar defender a ultranza la pureza de un lenguaje, intentar fijarlo a una forma concreta, es como matarlo. Las nuevas circunstancias crean respuestas expresivas nuevas; en la informática están impregnadas de anglicismos porque responden a la realidad del mundo y a la supremacía técnica anglosajona. Y sólo conseguiremos cambiar esta tendencia si nuestra sociedad adquiere mayor importancia cultural y tecnológica. En cuanto a la transcripción sincopada de los móviles, no es más que una ingeniosa herramienta. La hija de mi amiga lee mucho, escribe muy bien, y además domina -mejor para ella- esa otra jerigonza. Lo importante es construir una sociedad lo más culta y reflexiva posible. Y la riqueza del lenguaje vendrá de modo natural y por añadidura.

 

 

Los tecnicismos

Hablando de tecnicismos, aquí tienes algunos fragmentos de la conferencia pronunciada por Alberto Gómez Font, director del Departamento de Español Urgente de la Agencia EFE, en el III Coloquio sobre lenguaje y comunicación celebrado en Caracas.

“Tecnicismo es el conjunto de voces técnicas empleadas en el lenguaje de un arte, una ciencia, un oficio…, o cada una de estas voces. Tecnología es el tratado de los términos técnicos o el lenguaje propio de una ciencia o un arte. (…)

Si algo caracteriza al lenguaje científico y al lenguaje técnico es su léxico. El léxico general, el propio de todos los hablantes, puede ser utilizado para transmitir mensajes a todos los que conocen una determinada lengua, y el grado de comprensión de esos mensajes dependerá del nivel de información que posea el receptor , sea lector u oyente. Pero el léxico de un lenguaje especializado no puede ser dirigido a toda la gente y no admite grados de comprensión. Ante un texto escrito en lenguaje científico o técnico tiene más posibilidades de comprensión un novato en el campo correspondiente del saber, que las que tiene un buen conocedor del léxico de la lengua que no sepa nada de la especialidad de la que trate el texto.

(…)

En el lenguaje científico y técnico los vocablos especializados son absolutamente insustituibles y no pueden ser retirados del texto para colocar otros que actúen como sinónimos o casi sinónimos, pues éstos no pueden existir.

La parte esencial de lo que llamamos vocabulario especializado la constituye el léxico científico y técnico. La especialización no se produce por ningún otro mecanismo que pueda afectar al léxico sino por la eliminación de cualquier posibilidad significativa que no sea la deseada en la oportuna utilización del vocablo. El lenguaje especializado exige un significante propio para cada significado. Un texto científico en el que cada noción especializada no tuviera una palabra (un significante) propia sería necesariamente un texto confuso. Sólo los especialistas pueden distinguir con precisión los términos propios de su ciencia, ya que frecuentemente éstos tienen la forma de una palabra del léxico general, pero en el texto científico o técnico tienen un significado unívoco para su empleo especializado. Quien pretenda interpretar el sentido de las voces propias de un campo especializado, sin ser especialista, caerá en una confusión total, pues cometerá el error de tratar esos términos como si fueran palabras de l a lengua general, y la realidad es que no tienen nada que ver con ellos.

El significado de un término científico debe aprenderse de una sola vez. No se consiguen mayores matizaciones ni se alcanza un mejor conocimiento del significado del término por el hecho de que el lector lo encuentre repetidas veces, pues en todas ellas esa palabra deberá tener el mismo significado, y si el lector no la conoce antes de leer el texto, no podrá entender ese texto. Es más, dentro de una ciencia determinada, una metodología nueva puede adoptar un significante ya existente con un nuevo significado que resultará oscuro para el especialista que no conozca esa nueva metodología.

(…)

Los textos especializados son los que contienen un vocabulario que sólo puede comprender un grupo muy reducido de hablantes, y todos los textos sobre ciencias o tecnología son así. Tratar de leer un texto especializado científico o técnico sin ser especialista en el campo correspondiente es casi lo mismo que tratar de leer un texto literario en una lengua que no se conoce. Es posible que el lector no sienta como ajenas a su lengua las palabras que va encontrando, pero finalmente tiene que convencerse de que no está entendiendo nada de nada. En un texto especializado, el lector no especialista no encuentra ningún auxilio en la relación gramatical entre las palabras, sino que más bien sucede lo contrario.

(…)

El científico o el técnico escriben para pocas personas, es decir, únicamente para los que dominan la parcela de la ciencia de la que tratan sus escritos; incluso en las obras de divulgación científica el autor no puede prescindir de los términos propios del lenguaje científico-técnico. Actualmente la exposición científica para un público amplio se hace a base de la colaboración entre los científicos y los periodistas especializados de los grandes periódicos y las grandes agencias de información internacionales. Estos últimos, los periodistas, deben transformar el lenguaje científico en lenguaje periodístico, prestando atención a los niveles de los receptores de esos mensajes, que pueden ser científicos, personas cultivadas o público en general y que pueden variar según los países y las sociedades, precisando cada uno de ellos una determinada forma en la exposición, en los razonamientos y en el lenguaje.

Un nuevo lenguaje técnico: el español de Internet

Alberto Gómez Font