Un suceso en el puente del río Búho

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An Occurrence at Owl Creek Bridge, de Ambrose Bierce, se publicó por primera vez en 1890 en el San Francisco Examiner. Un año después apareció formando parte de Tales of Soldiers and Civilians (1891), una selección de relatos breves del autor.

Un suceso en el puente del río Búho es una indagación psicológica en la mente de un condenado a la horca justo en el instante previo a ser ejecutado.La necesidad humana de escapar de la muerte es el tema que lleva a Bierce a construir esta inquietante historia. Y lo hace mediante un constraste sorprendente de ritmos y tiempos narrativos. De la escena inmóvil, casi pictórica, de la preparación de la ejecución se pasa, inesperadamente, a un intento de huida trepidante y dominado por sensaciones de desesperación alucinatoria. Con el desenlace llega el impactante choque de los dos planos narrativos y la comprensión global de la peripecia experimentada por Peyton Farquhar.

De este relato vamos a analizar los aspectos que caracterizan el texto descriptivo. Después lo compararemos con la versión cinematográfica, rodada por Robert Enrico en 1962 y titulada La Rivière du hibou.

Se acerca el examen

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elgrito_caraHa llegado el momento de preparar el examen de final de trimestre, que será el 17 de noviembre. Aquí tenéis el temario desglosado y algunas orientaciones, que espero que os sean de ayuda. Todo esto es lo que hay que dominar para hacer frente a la prueba con solvencia. ¡Ánimo y muchísima suerte a todos!

TEXTOS. Propiedades textuales y tipologías

El texto. Propiedades textuales: definición de texto; propiedades textuales (la adecuación, la coherencia, la cohesión); elementos de cohesión de un texto: procedimientos gramaticales (deixis, anáfora, catáfora, elipsis).

La narración: definición; estructura externa e interna (planteamiento, nudo y desenlace), estructuras según el orden cronológico (lineal, in media res, en flash back o analepsis, en flash forward o prolepsis, en contrapunto); argumento y trama; narrador y narratario; el punto de vista narrativo: externo (omnisciente y observador externo u objetivo) e interno (protagonista y personaje secundario), móvil o caleidoscópico; el espacio y el tiempo (interno y externo); los personajes: principales, secundarios e incidentales; el discurso narrativo: estilos directo, indirecto, indirecto libre, monólogo y monólogo interior.

La descripción: definición y características generales; proceso; formas lingüísticas características (marcadores espaciales, enumeración, adjetivación, figuras retóricas, verbos); clasificación según su objetivo (técnicas y literarias), descripciones de personas: prosopografía, etopeya, retrato y caricatura), según si reflejan actividad (estáticas y dinámicas).

La exposición: definición y características generales; tipos: divulgativos y científicos; estructura básica (introducción, desarrollo y conclusión), estructura según el orden de la información (deductiva e inductiva); formas lingüísticas (sintaxis, léxico y formas verbales).

La argumentación: definición y características generales; tipos, estructura básica (introducción, desarrollo y conclusión), tipos de argumentos, estructura según el orden de la información (deductiva, inductiva y encuadrada), técnicas y formas lingüísticas (léxico, sintaxis, formas verbales)

GRAMÁTICA. Funciones del lenguaje, morfología y sintaxis

Funciones del lenguaje: elementos de la comunicación (emisor, receptor, mensaje, canal, código y situación o contexto), las funciones del lenguaje (emotiva, conativa, referencial, poética, fática y metalingüística).

El léxico: orígenes del léxico castellano: palabras patrimoniales, cultismos, préstamos, neologismos (calcos semánticos, calcos fonéticos y xenismos o extranjerismos), estructura de las palabras, clases de monemas (el lexema, los morfemas, morfemas independientes y dependientes (derivativos -prefijos, infijos y sufijos- y flexivos); procedimientos de formación de palabras: derivación, composición (simple, culta y sintagmática), parasíntesis, siglas, acrónimos y reducciones.

El significado de las palabras: relaciones semánticas: significado denotativo y significado connotativo; monosemia y polisemia; homonimia, sinonimia, antonimia, paronimia, hiponimia e hiperonimia.

Estructura y criterios de evaluación

El examen se dividirá en 3 partes: comprensión lectora (4 puntos), expresión escrita (4 puntos) y cuestiones lingüísticas específicas (3 puntos). En la primera y en la tercera habrá preguntas de múltiple opción (respuesta correcta: 0,50 puntos; en blanco: 0 puntos; respuesta incorrecta: -0,15 puntos)

Los criterios de evaluación de la segunda parte serán exactamente los mismos que he seguido en la corrección de los ejercicios de redacción: adecuación y coherencia, riqueza y precisión léxica, madurez sintáctica, corrección normativa.

Los errores de normativa (gramaticales, léxicos, ortográficos) supondrán un descuento de 0,1 punto por cada error, incluidos los repetidos, sean del tipo que sean y sin límite. A excepción del ejercicio de expresión escrita, el descuento por errores se aplicará al examen en global, una vez sumada la puntuación de los tres ejercicios.

Examen 1.er trimestre curso 2015-2016

El disco

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Vamos a estudiar el texto narrativo y el texto descriptivo. Empezamos con el narrativo. Aquí tenéis un relato de  Jorge Luis Borges, titulado El disco (El libro de arena, 1975). Observaréis cómo el autor transgrede los límites de la realidad, llevándonos por el camino de una fantasía verosímil gracias a un objeto imposible, un disco que únicamente tiene una cara. No existe si se le da la vuelta. Leedlo con atención y analizad los siguientes elementos narrativos:

– La estructura
– El narrador (punto de vista)
– El espacio y el tiempo
– Los personajes
– El discurso narrativo

Aquí tenéis un esquema para que podáis trabajar más cómodamente. Esta página también os puede ser de ayuda.

 

Botella al mar para el Dios de las palabras

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ortografiaEn 1997 Gabriel García Márquez inauguró el I Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas con un polémico discurso contra la ortografía dedicado al «dios de las palabras». García Márquez pedía simplificar la gramática “antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros”.

¿Debe existir una ortografía o cada cual debería poder escribir como quisiera? Y si ha de existir ¿deberíamos simplificarla para que desaparecieran de una vez por todas las dudas sobre g/j, b/v…? Lee el discurso y da tu opinión al respecto redactando un texto argumentativo de entre 120 y 150 palabras:

Botella al mar para el Dios de las palabras
Gabriel García Márquez. Premio Nobel de Literatura 1982

A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: ¡Cuidado!». El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.

Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es «la color» de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?

Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis 12 años.

El último abrazo

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Aquí tenéis un esquema sobre las propiedades textuales. Y para trabajar el tema de la cohesión, un ejercicio: marcad en este texto los procedimientos gramaticales de referencia (deixis, anáforas, catáforas y elipsis) que encontréis e indicad a qué elemento se refieren:

Un último abrazo

Fuimos a dar una vuelta. Adela necesitaba hablar conmigo, me lo había pedido una y otra vez y ya no podía darle más largas. Aquella tarde no tenía mucho trabajo del instituto y pensé que era la ocasión ideal para dejar las cosas claras. Ella se sentía mal por todo lo ocurrido, yo le había insistido que lo olvidara pero no parecía superarlo. Estuvimos varias horas juntos, concediéndonos entre los breves diálogos largos momentos de silencio, que a mí se me hicieron eternos. Me rogó un último abrazo y al despedirnos no pude evitar decírselo, la había querido mucho, pero no podía perdonarla. Ya había oscurecido cuando me fui calle abajo, bajo los balcones porque había empezado a llover, y ella se quedó allí, inmóvil, llorando. No me giré y eso debió de dolerle. Pero no había en mí despecho, ni odio. Lo hice porque no quería que ella viera que yo también lloraba.