04 febrer 2011
Autors Literatura Infantil, Creixement personal, Dietes especials, Gènere, Novel·la realista, Nutrició, Obesitat, Tamaro, Susanna
No hi ha comentaris

Tarta de frambuesa
Cuando el coche giró la última curva del blanco camino, Michele se asomó por la ventanilla y agitando un brazo comenzó a saludar a la abuela; en cuanto se detuvieron, bajó corriendo para abrazarla.
-¡Cariño! –exclamó la abuela besándolo en las mejillas-. ¡Qué grande estás! ¡Anda, pasa, acabo de hacer una tarta de frambuesas!
-¡Mamá! –le gritó Angélica, que estaba descargando la maleta-. ¿Cuántas veces tengo que decirte que el niño está haciendo régimen?
-Ay, Dios, ¿está enfermo? –preguntó la abuela, poniéndose triste de repente.
-No, mamá, está muy bien. Lo único que le pasa es que está gordo como un pavo antes de Navidad.
La abuela le puso a Michele la mano en la barbilla y lo obligó a levantar la cabeza. Lo miró atentamente y dijo:
-No es eso, Angélica, te equivocas, está robusto, nada más. Además, la tarta que hice no es una tarta tarta con todas las de la ley… prácticamente no tiene nada más que fruta. Apenas lleva harina, muy poco azúcar, cosa de nada; además, ya sabes que tú de niña eras igual, los niños tienen que alimentarse bien porque están en edad de crecer.
A cada palabra que decía la abuela, Michele, que estaba a su lado, asentía satisfecho con la cabeza.
Pero su madre no parecía nada contenta de lo que decía la abuela.
-¡Mamá! –exclamó, con un tono de voz exagerado-. En primer lugar, yo nunca he estado gorda. En segundo lugar, Michele ya ha comido lo suficiente para vivir perfectamente cinco años sin probar bocado, ¿está claro?
Dicho lo cual, la madre subió al coche hecha un manojo de nervios, cerró de un portazo y asomándose por la ventanilla abierta, con el motor en marcha, le gritó a Michele:
-¡Cuando vuelva, como descubra que has engordado un solo gramo, el año que viene en lugar de traerte a casa de la abuela te meteré en un colegio!
Retrocedió bruscamente y el coche desapareció por el blanco camino, envuelto en una nube de polvo.
Cuando se quedaron solos, la abuela le dijo a Michele:
-Anda, démonos prisa, que todavía estará caliente.
En la cocina, cortó una buena ración de tarta, se la sirvió en un plato y le preguntó:
-¿Te pongo un poco de nata, tesoro mío?
-No, abuela –respondió Michele con la boca llena-, ¡no puedo!
-¿Tienes problemas de hígado?
-No, abuela, es que la nata…
-Pero cariño, la tarta me ha salido tan seca… con un poquito de nata no se notaría tanto. ¿De veras no la quieres?
-Bueno, sí abuela, pero sólo una cucharadita, para probarla.
Se comieron tres trozos de tarta cada uno; después, como el sol se había puesto y ya empezaba a hacer un poco de fresquito, la abuela preparó chocolate caliente.
Se lo tomaron juntos, sentados delante de la puerta de casa.”
TAMARO, Susanna (1995): El caballero Corazón de Melón, Barcelona, Grijalbo Mondadori, pp. 25-28

30 gener 2011
Autors Literatura Juvenil, Bagés, Noemi, Catalunya, Europa, Nutrició, Trastorns alimentaris
No hi ha comentaris

Cathou Cathare (2007). Salon du chocolat
A veure… no sé com va començar, què va ser primer, vull dir… Ja se`m barregen algunes coses… Primer no dormia, després vaig deixar de banda el menjar… No ho sé, estava massa capficada per pensar a menjar… Em vaig aprimar molt, sí. Home, seqüeles… No, d`aquella etapa no es pot dir que m`hagin quedat, de seqüeles… Per sort, no va ser prou temps perquè m`acabés afectant els ronyons, ni les genives. Vaig sofrir d`amenorrea quatre o cinc mesos, i ja em vaig espantar… Sí, en coneixia els símptomes… D`alguna cosa m`havia de servir, haver estudiat medicina! Potser va ser veure tants casos d`anorèxia nerviosa, a l`hospital, el que em va donar el senyal d`alerta. De manera que vaig tornar a menjar. Però vaig descobrir en el menjar una droga molt dura, que no podia deixar… Home, és que no és que pugui posar una data de començament i una de final, exactament, però la bulímia deu ser de finals del 97. Al principi poc, després més sovint. No, no vomitava, al principi… Dos mesos, potser… Em vaig engreixar uns sis, set quilos… Exacte… En això, haver vist tants casos em va ser perjudicial… Home, perquè em sabia molts truquets, ja… Com amagar-se… com vomitar… Ho vaig arribar a fer en lavabos públics també. Sí restaurants, bars… Com més es practica, menys temps es necessita… Qualsevol cosa. I ara! Encara que fos pa sec! M`he arribat a menjar el pa dur que guardava per a la veïna… És que la seva mare tenia gallines, al poble… Jo ja ho intentava, no tenir menjar a casa… però era igual. Si no tenia xocolata, magdalenes o pastissets, m`atipava de tonyina, fesols, pa mullat en llet… El que fos.
BAGÉS, Noemi (2008): I la mort em parlava, Barcelona, Barcanova, Antaviana Jove, 71, p.58-59.
Més informació en DE LA LITERATURA A LES CUINES DE LA MEDITERRÀNIA.

19 agost 2010
Compromís social, General, Sierra i Fabra,Jordi, Viatge iniciàtic
No hi ha comentaris

Espera a los postres. La cena ha sido como la de cualquier noche, mitad amena mitad callada. Su dieta es espartana, y dura. Eso cuando puede comer y su estómago le acepta los alimentos. Un vaso de agua caliente con el zumo de un limón, fruta fresca del tiempo –dos kiwis, por ejemplo- y un yogur natural sin azúcar con cereales tipo muesli para desayunar; un vaso de zumo de frutas o uno de zumo de remolacha y zanahoria o tomate antes de la comida; ensalada, legumbres dos días a la semana o arroz, también dos o tres días a la semana, con verduras o solo, y como alternativa pollo, pavo o pescado –preferiblemente azul-, con un vaso de leche de soja con achicoria soluble o cereales solubles de postre para la comida; una manzana de merienda; un vaso de zumo de fruta fresca o uno de zumo de zanahoria y remolacha fresca para antes de cenar; y, finalmente, un caldo de verduras o una ensalada de verduras, una tortilla si no ha comido huevo durante el día o pescado al vapor o a la plancha para la cena. A veces piensa que no haría una dieta así ni para perder diez kilos si estuviera gorda. Ahora tiene que hacerla para mantener sus ojos con vida. Y debe ingerir la comida despacio, masticar bien ensalivar bien, visualizar el efecto beneficiosa de la comida en el cuerpo para que el cerebro lo acepte mejor, sin olvidar beber a pequeños sorbos. Hay más, sólo puede tomar un yogur al día, y un huevo máximo al día, y el agua fuera de las comidas, mineral sin gas y baja en sodio, y si come legumbres y arroz nunca carne, ave o pescado en la misma comida… Las delicias de su dieta son el arroz integral cocido, la coliflor cruda, las algas Agar-Agar, Wakame o Kombu, el aceite de oliva virgen crudo… La guinda es la prohibición de tomar chocolate, café, alcohol, bebidas carbónicas, patatas fritas y nada de alimentos industrializados, enlatados con conservantes, colorantes o aromatizantes. Todo debe estar hecho en la cocina para el consumo inmediato.
Todo para ver un poco más, unos pocos días más…
A veces quiere hartarse de chocolate y patatas fritas, sus vicios, para reventar de una vez.
La lista de lo que puede y no puede hacer, lo que puede y no puede comer es tan larga como una novela-río.
SIERRA I FABRA, Jordi (2008): Los ojos del alma, Madrid, Pearson Educación, pp. 69-70.
20 juliol 2010
Autors Literatura Juvenil, General, Savater, Fernando, Viatge iniciàtic
No hi ha comentaris

Su protector era un hombre cuarentón, bastante corpulento y de simpática sonrisa. Vestía de modo algo desastrado y su raída levita estaba decorada con lamparones y manchas de tinta. Se había quitado la peluca, que tenía depositada a su lado, y se rascaba frecuentemente la cabeza en la que le quedaba poco pelo, mientras intentaba concentrarse en la partida de ajedrez que estaba jugando.

Diderot
-Sentaros por aquí, muchachos. ¿Os gusta el chocolate? A mí me encanta. ¡A ver, Gaston, trae tres tazas de chocolate y unos bollos para estos jóvenes! Tendréis que esperar un poco hasta que acabe esta partida.
Savater, Fernando: El gran laberinto, Ariel, Barcelona, 2005, p. 89.
06 juliol 2010
Barcelona, Carranza, Maite, Humor
No hi ha comentaris

-¡Càndida, el berenar!
La mare era tan prosaica i terrenal que no tan sols ignorava el seu sacrifici sinó que a més la convidava a perpetuar la seva trista condició de foca temptant-la amb xocolates calòriques i croissants greixosos.
La Càndida va veure una porta oberta per a la seva salvació. No calia fer tanta fumera ni socarrimar-se com un pollastre a l`ast. Hi havia altres camins.
¡Faria règim!
¿No feien règim les mames, les tietes, les secres de segona, les hostesses de British Air, les models i les gimnastes?
Doncs ella, la Càndida, no es quedaria a la cua.
-Gràcies mama, no berenaré perquè faig règim.
La mare va entrar com un coet a l`habitació, amb l`evident intenció de coaccionar-la.
-¿T`has tornat ximple?
-M`he tornat grassa.
-¡Estàs creixent!
-¡I un be negre! Fa més de sis mesos que no creixo ni un centímetre. Si menjo m`engreixaré i prou.
-I si no menges, acabaràs que t`haurem de portar a l`hospital.
-Qui ha dit que no menjaré. Penso fer règim. Jo ho saps, coses lights.
La mare va fer una cara que la Càndida coneixia prou: maquiavèlica.
-¿O sigui que vols fer règim? ¿Vos dir que menjaràs bledes bullides, carn a la planxa, verduretes sense sal i peix blanc?
La Càndida va fer un gest de repugnància.
-¡Puagg! Això és menjar de iaios amb colesterol, jo vull dir coses light, ja m`entens, macarrons lights, xocolates lights, estofats lights.
La mare no ho volia entendre.
-No en fan, de tot això, Càndida. Si ho vols pots prendre llet descremada, que és fastigosa; o galetes de règim, que semblen serradures; o formatgets insípids sense calories. El règim que fa aprimar és el que t`he dit jo.
La Càndida va ser valenta.
-Molt bé, doncs menjaré porqueries d`aquestes teves fins que torni a gastar la quaranta.
La mare havia guanyat.

La Càndida es va quedar resignada a la seva sort. De moment havia rebutjat un croissant deliciós i una xocolata que es desfeia a la boca, dolça com la mel. Se li va fer salivera.
Va sentir la veu de la Lucil·la. La Lucil·la tenia una veu cridanera, que se li clavava al cervell.
-Mama, ¿em puc halar el berenar de la Càndida? Jo no m`engreixo.
La Càndida es va reprimir el gest de sortir esperitada i prendre el que era seu de les mans d`aquella aprofitada, però va poder resistir la temptació.
Ella era una noia coratjosa i valenta, que havia pres una determinació heroica. No pagava la pena posar-se pedres al fetge per un berenar miserable ni per una germana roïna.
La Càndida es va entaforar un xandall ajustat, que encara li cabia, va endreçar la roba i la va desar amorosament a l`armari, amb la ferma esperança de treure-la la setmana següent, i es va asseure a la seva taula per enllestir els deures.
Al cap de mitja hora, el seu estómac la va trair. Era impossible fer deures amb aquella batibull de budells que reclamaven el que era seu. Era desesperant.
Com que no tenia gens de voluntat, va obrir la porta de l`habitació, va mirar si hi havia moros a la costa i va escapolir-se com una lladregota fins a la cuina.
La cuina feia una pudor insuportable de bledes bullides. Les seves bledes bullides. ¡Quina perspectiva de vida insípida!
Va obrir la nevera i allà, a peu dret, va endrapar un petit suís de plàtan d`en Marcel·lí, les restes de bunyols de bacallà que havien quedat del dinar i una meravellosa salsitxa de frankfurt freda que li va semblar celestial.
Amb la boca plena va sentir el timbre de la porta.
No va gosar respirar i es va afanyar a entaforar-se la resta de la salsitxa per no se descoberta. Tenia la boca tan plena que la salsitxa li sortia per les orelles.
CARRANZA, Maite (1993): ¡Frena, Càndida, frena!, Barcelona, Cruïlla, Gran Angular, 50, pp. 60-64
Text en pdf
06 juny 2010
Barcelona, Company, Mercè, Premi Literari
No hi ha comentaris

Para el almuerzo su madre ha preparado los platos preferidos del chico: arroz con huevo y lomo empanado. ¿Y para beber, naranjada!
A la hora de la tarta, una gran tarta de chocolate, y antes de soplar las cinco velas, el padre descorcha una botella de champán.
-Papá, ¡que haga pum!
Y el tapón de corcho sale con la fuerza de una minúscula bala de cañón, dejando tras de sí un bordado de espuma.
El chico aplaude y ríe:
-¡Yo quiero, yo quiero!
Su madre escancia unas gotas en la copa fina y estrecha y la acerca al niño:
-Sólo un poquito, aún eres pequeño, Ernesto. ¡Y deja la gata en el capazo que tenemos que brindar!
La gata, que ronroneaba feliz en el regazo del niño, protesta débilmente al verse en el cesto.
El padre y la madre, con los ojos brillantes, levantan sus copas. Sonríen, miran al niño y exclaman:
-¡Por el DÍA DE LA LLEGADA!, Ernesto. Hoy hace cinco años que llegaste a casa. ¡Por ti, hijo!
Las copas tintinean, y el chico brinda con tanto ímpetu que casi derrama la de su padre. Los tres ríen y beben.
Luego, Ernesto coge un trozo de tarta y, con la boca llena, pide:
-Venga, mamá, cuéntame ya mi historia.
-Más tarde, hijo, siempre lo hacemos después de comer, ¿no te acuerdas?
Ya es hora del café. El padre y la madre toman asiento en los cómodos sillones del comedor.
Cada año, desde que adoptaron a Ernesto celebran por todo lo alto el aniversario del día en que lo fueron a buscar.
COMPANY, Mercè ( 1986): La historia de Ernesto, Madrid, SM, (El Barco de Vapor, 10. Primeros lectores), pp. 23-29
Text en PDF
12 maig 2010
Amèrica, Autors Literatura Juvenil, Aventures, Continents, Gènere, Mendoza,María Eugenia, Mèxic
2 comentaris

Y como si la escuela no fuera todo un martirio, de paso hay que cargar este mochilón por más de cuatro cuadras. Si mi mamá supiera lo que significa todo esto entendería por qué me enfurruño.
Lo bueno es que al abrir la puerta los deliciosos aromas que salían de la cocina actuaron como antídoto.
Al percibirlos, automática los dolores y hasta los malos recuerdos se esfumaron. Tenía tanta hambre que me hubiera comido un búfalo.
¿Qué se llevará bien con el búfalo? ¿Una ensalada de verduras? No, porque conociendo a mamá le pondría chayote. ¡Hmmmm, ya sé, debe ir bien con puré de papas! Todo va bien con puré de papas o con papas fritas o con guacamole o hasta con simples y frescas rodajas de jitomate.
No esperé a que mamá comenzara, como siempre a dar órdenes y recordarme cosas que una “jovencita con buenos modales” hace automáticamente cuando llega a su casa y fui a cambiarme el uniforme y a lavarme las manos.
¡No había búfalo! Pero en cambio vi la sopera con una deliciosa y humeante sopa que nos esperaba sobre la mesa, un platón rebosante de pollo en salsa verde con papas en cubos y un chiquigüite que mantenía bien calientitas las tortillas. ¡Qué mexicanismo tan chistoso: chiquigüite!
Chiquigüite: cesto o canasto de mimbre en donde se conservan calientes las tortillas.

Sopa de lletres
MENDOZA, María Eugenia: Peligro en la Aldea de las Letras. México. Edición de la autora y coedición con la Secretaría de Educación Pública para Biblioteca de Aula 2009-2010
Para consultar la actividad de aula, CLICAD AQUÍ.