19 agost 2010
Compromís social, General, Sierra i Fabra,Jordi, Viatge iniciàtic
No hi ha comentaris

Espera a los postres. La cena ha sido como la de cualquier noche, mitad amena mitad callada. Su dieta es espartana, y dura. Eso cuando puede comer y su estómago le acepta los alimentos. Un vaso de agua caliente con el zumo de un limón, fruta fresca del tiempo –dos kiwis, por ejemplo- y un yogur natural sin azúcar con cereales tipo muesli para desayunar; un vaso de zumo de frutas o uno de zumo de remolacha y zanahoria o tomate antes de la comida; ensalada, legumbres dos días a la semana o arroz, también dos o tres días a la semana, con verduras o solo, y como alternativa pollo, pavo o pescado –preferiblemente azul-, con un vaso de leche de soja con achicoria soluble o cereales solubles de postre para la comida; una manzana de merienda; un vaso de zumo de fruta fresca o uno de zumo de zanahoria y remolacha fresca para antes de cenar; y, finalmente, un caldo de verduras o una ensalada de verduras, una tortilla si no ha comido huevo durante el día o pescado al vapor o a la plancha para la cena. A veces piensa que no haría una dieta así ni para perder diez kilos si estuviera gorda. Ahora tiene que hacerla para mantener sus ojos con vida. Y debe ingerir la comida despacio, masticar bien ensalivar bien, visualizar el efecto beneficiosa de la comida en el cuerpo para que el cerebro lo acepte mejor, sin olvidar beber a pequeños sorbos. Hay más, sólo puede tomar un yogur al día, y un huevo máximo al día, y el agua fuera de las comidas, mineral sin gas y baja en sodio, y si come legumbres y arroz nunca carne, ave o pescado en la misma comida… Las delicias de su dieta son el arroz integral cocido, la coliflor cruda, las algas Agar-Agar, Wakame o Kombu, el aceite de oliva virgen crudo… La guinda es la prohibición de tomar chocolate, café, alcohol, bebidas carbónicas, patatas fritas y nada de alimentos industrializados, enlatados con conservantes, colorantes o aromatizantes. Todo debe estar hecho en la cocina para el consumo inmediato.
Todo para ver un poco más, unos pocos días más…
A veces quiere hartarse de chocolate y patatas fritas, sus vicios, para reventar de una vez.
La lista de lo que puede y no puede hacer, lo que puede y no puede comer es tan larga como una novela-río.
SIERRA I FABRA, Jordi (2008): Los ojos del alma, Madrid, Pearson Educación, pp. 69-70.
24 juliol 2010
Autors Literatura Infantil, Aventures, General, Humor, Lindgren, Astrid
No hi ha comentaris

Inger Nilsson: la Pippi televisiva
Pippi exclamó:
-¡Aquí se cuecen tortillas! ¡Aquí se sirven tortillas! ¡Aquí se fríen tortillas!
Dicho esto, sacó tres huevos y los arrojó al aire. Uno de ellos le cayó en la cabeza, se rompió y la yema resbaló por su frente hasta uno de sus ojos. Pero los otros dos cayeron y se rompieron donde debían: en una taza.
-Siempre he oído decir que la yema de huevo es buena para el cabello –dijo Pippi limpiándose el ojo-. Veréis lo de prisa que me crece ahora y lo fino que me queda. Por eso en el Brasil todo el mundo lleva un huevo en la cabeza, y por eso no hay brasileños calvos. Hubo un anciano tan original, que se comía los huevos en vez de ponérselos en la cabeza. Naturalmente, se quedó calvo. Y cuando salía a la calle, la gente se aglomeraba alrededor de él y tenía que acudir la policía.
Mientras hablaba, Pippi iba sacando cuidadosamente los trocitos de cáscara que habían quedado en la taza. Luego descolgó de la pared un cepillo de baño y batió con él los huevos de tal modo, que en seguida empezaron a subir e incluso treparon por las paredes. Finalmente, recogió cuanto pudo y lo echó en una sartén que había sobre el hornillo. Cuando la tortilla se doró por un lado, la lanzó al aire, casi hasta el techo, y la tortilla, dando una voltereta, volvió a caer en la sartén. Luego la arrojó hacia un lado, y la tortilla, volando a través de la cocina, fue a aterrizar en un plato que había sobre la mesa.
-¡Coméosla antes de que se enfríe! –exclamó.
Tommy y Annika empezaron a comérsela y la encontraron exquisita.
LINDGREN, Astrid (2010): Pippi Calzaslargas, Barcelona, Ed. Juventud, Il. Richard Kennedy, p. 14-15.
20 juliol 2010
Savater, Fernando, Viatge iniciàtic
No hi ha comentaris

Un minúsculo anexo de la trastienda alojaba una cocinita y un frigorífico. De modo que se les brindaba la apetitosa posibilidad de preparar tostadas con mantequilla, además de café bien calentito con leche. Pusieron manos a la obra, en tanto que don Hilarión se ofrecía generosamente para ir a comprar fruta, Mientras el pan se tostaba y el aroma del café despertaba a Arno (que preguntó soñoliento “¿hay churros?”), don Pantaleón propuso hacer una tortilla tamaño familiar. Los dos jóvenes protestaron sólo por cumplir que no hacía falto tanto pero en cuanto la tuvieron delante la devoraron en un santiamén, de modo que don Pantaleón tuvo que hacer otra no menos grande y que acabó igual. Al rato llegó don Hilarión cargado de fruta y hubo jugo de naranja para todos. Arno rebañó su plato con el último pedazo de tostada que le quedaba y poco después todos suspiraban de placer tras la comilona y charlaban de los incidentes de la travesía que acababan de realizar.
p. 136-137.
Savater, Fernando: El gran laberinto, Ariel, Barcelona, 2005,
19 juny 2010
Adopcions, Ciència ficció, França, Sautereau, François
No hi ha comentaris

Desde luego, esto no se parecía en nada al café de la Clique. Además, los niños se dieron cuenta de que las mismas palabras no significaban las mismas cosas en el País Elevado o en Metrópoli. En Courquetaines, un coche era un carro tirado por uno o varios caballos. Aquí, era un automóvil. Lo mismo ocurría con el restaurante: aquí consistía en una inmensa sala con columnas por todas partes y con grandes ventanales que daban a unas terrazas repletas de jardincillos.
-Esto es maravilloso –dijo Grisón en la cola de espera.
-Sí, todo está nuevo –añadió Prune.
A cada comensal le daban una bandeja en la que había cinco paquetitos envueltos en papel de aluminio. Parecían tabletas de chocolate desprovistos de su primera envoltura, pero más pequeñas y más gruesas. Además de eso, una especie de jarrita de agua con tres botones.
-Cuidado, es frágil –dijo Saura.
Se instalaron en una mesa verde en la que hubieran cabido holgadamente seis.
-Voy a enseñaros cómo se usa esto –dijo la madre-. Es fácil. Le dais al botón rojo de la botella –así llamaba a la jarra, aunque no se parecía en nada a las botellas que había en los Ultramarinos Reunidos- y ¡cuidado!, que el agua empieza a calentarse.
Mientras esperaban, quitaron los envoltorios de aluminio y los tiraron en una papelera. Cuando el agua estuvo caliente, Saura echó el contenido del primer paquete en una de las cavidades de la fuente, que estaba llena de hondos y elevaciones. Era el primer plato. Grisón y Prune hacían lo mismo, procurando no parecer demasiado ignorantes.
-Lo que estáis comiendo es una Tortilla Barnabé.
Era inútil buscar los huevos en aquel plato. Lo mismo ocurría con el pollo en el plato siguiente, aunque se llamaba Pollo al arroz. En realidad, todo era como una pasta parecida a la papilla de los bebés. Lo único que variaba era el color y el sabor.

Arròs amb pollastre
Acabaron la comida con un helado que, éste sí, justo es reconocerlo, se parecía a un helado.
pp. 162-163.
SAUTEREAU, François (2005): Un agujero en la alambrada, Madrid, SM, El Barco de Vapor, 12,
12 maig 2010
Amèrica, Autors Literatura Juvenil, Aventures, Continents, Gènere, Mendoza,María Eugenia, Mèxic
2 comentaris

Y como si la escuela no fuera todo un martirio, de paso hay que cargar este mochilón por más de cuatro cuadras. Si mi mamá supiera lo que significa todo esto entendería por qué me enfurruño.
Lo bueno es que al abrir la puerta los deliciosos aromas que salían de la cocina actuaron como antídoto.
Al percibirlos, automática los dolores y hasta los malos recuerdos se esfumaron. Tenía tanta hambre que me hubiera comido un búfalo.
¿Qué se llevará bien con el búfalo? ¿Una ensalada de verduras? No, porque conociendo a mamá le pondría chayote. ¡Hmmmm, ya sé, debe ir bien con puré de papas! Todo va bien con puré de papas o con papas fritas o con guacamole o hasta con simples y frescas rodajas de jitomate.
No esperé a que mamá comenzara, como siempre a dar órdenes y recordarme cosas que una “jovencita con buenos modales” hace automáticamente cuando llega a su casa y fui a cambiarme el uniforme y a lavarme las manos.
¡No había búfalo! Pero en cambio vi la sopera con una deliciosa y humeante sopa que nos esperaba sobre la mesa, un platón rebosante de pollo en salsa verde con papas en cubos y un chiquigüite que mantenía bien calientitas las tortillas. ¡Qué mexicanismo tan chistoso: chiquigüite!
Chiquigüite: cesto o canasto de mimbre en donde se conservan calientes las tortillas.

Sopa de lletres
MENDOZA, María Eugenia: Peligro en la Aldea de las Letras. México. Edición de la autora y coedición con la Secretaría de Educación Pública para Biblioteca de Aula 2009-2010
Para consultar la actividad de aula, CLICAD AQUÍ.