26 febrer 2011
Autors Literatura Juvenil, Bulímia, Catalunya, Compromís social, Europa, General, Gènere, Lienas, Gemma, Novel·la realista, Nutrició, Trastorns alimentaris
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LIENAS, Gemma (1999): Billete de ida y vuelta, Barcelona, Muchnik editores, p. 46-47
“Estiro el brazo y cojo un cruasán. Después de dejarlo encima del plato, me chupo los dedos pringosos del caramelo blando que recubre la pasta. Con los dientes arrastro la capa minúscula de azúcar caramelizado, que resbala lentamente garganta abajo y me devuelve a la memoria un gusto casi olvidado. Clavo el tenedor en una de las puntas del cruasán y, con la ayuda del cuchillo, lo corto. Cuando lo parto, el interior esponjoso y dorado salta a la vista y, en un santiamén, libera un intenso olor a pan recién horneado. Cojo la punta del cruasán con los dedos y la mojo en el café con leche, que todavía humea. Antes de sacarla goteando, unas minúsculas gotas de grasa, efecto de la mantequilla, aparecen flotando en el líquido. De prisa, para que no se rompa y se precipite en el café, me la como. Mi boca está ya tan poco acostumbrada a este gusto, a este contacto, que, sin poder empezar a masticar, segrego involuntariamente mucha saliva y las mandíbulas se me contraen en una mueca de dolor. Al segundo mordisco deja de hacérseme la boca agua y ya no se me crispa. Continúo comiendo de prisa, sin pararme a pensar en la sensación de placer, sólo concentrada en comer, muy rápido y metiéndome trozos bien grandes en la boca.
Levanto la cabeza y la interna que está sentada delante de mí me mira atónita tras los vapores de su café con leche. La cara de asco y de espanto que pone me devuelven a la realidad.
¿Qué he hecho? Pero ¿qué he hecho? Noto la barriga inflada, brutalmente inflada, como un globo. ¿Cuánto puedo haber engordado en este rato? La pregunta me obsesiona. Tengo que hacer algo, tengo que vomitar” .

19 agost 2010
Compromís social, General, Sierra i Fabra,Jordi, Viatge iniciàtic
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Espera a los postres. La cena ha sido como la de cualquier noche, mitad amena mitad callada. Su dieta es espartana, y dura. Eso cuando puede comer y su estómago le acepta los alimentos. Un vaso de agua caliente con el zumo de un limón, fruta fresca del tiempo –dos kiwis, por ejemplo- y un yogur natural sin azúcar con cereales tipo muesli para desayunar; un vaso de zumo de frutas o uno de zumo de remolacha y zanahoria o tomate antes de la comida; ensalada, legumbres dos días a la semana o arroz, también dos o tres días a la semana, con verduras o solo, y como alternativa pollo, pavo o pescado –preferiblemente azul-, con un vaso de leche de soja con achicoria soluble o cereales solubles de postre para la comida; una manzana de merienda; un vaso de zumo de fruta fresca o uno de zumo de zanahoria y remolacha fresca para antes de cenar; y, finalmente, un caldo de verduras o una ensalada de verduras, una tortilla si no ha comido huevo durante el día o pescado al vapor o a la plancha para la cena. A veces piensa que no haría una dieta así ni para perder diez kilos si estuviera gorda. Ahora tiene que hacerla para mantener sus ojos con vida. Y debe ingerir la comida despacio, masticar bien ensalivar bien, visualizar el efecto beneficiosa de la comida en el cuerpo para que el cerebro lo acepte mejor, sin olvidar beber a pequeños sorbos. Hay más, sólo puede tomar un yogur al día, y un huevo máximo al día, y el agua fuera de las comidas, mineral sin gas y baja en sodio, y si come legumbres y arroz nunca carne, ave o pescado en la misma comida… Las delicias de su dieta son el arroz integral cocido, la coliflor cruda, las algas Agar-Agar, Wakame o Kombu, el aceite de oliva virgen crudo… La guinda es la prohibición de tomar chocolate, café, alcohol, bebidas carbónicas, patatas fritas y nada de alimentos industrializados, enlatados con conservantes, colorantes o aromatizantes. Todo debe estar hecho en la cocina para el consumo inmediato.
Todo para ver un poco más, unos pocos días más…
A veces quiere hartarse de chocolate y patatas fritas, sus vicios, para reventar de una vez.
La lista de lo que puede y no puede hacer, lo que puede y no puede comer es tan larga como una novela-río.
SIERRA I FABRA, Jordi (2008): Los ojos del alma, Madrid, Pearson Educación, pp. 69-70.
24 juliol 2010
Aventures, General, Humor, Lindgren, Astrid, Suècia
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Astrid Lingren amb la Pippi televisiva
-¡Esto tiene cara de estar muy bueno! ¿Cuándo vamos a empezar?
En este momento entró la sirvienta con la tetera, y la señora Settergreen preguntó:
-¿Tomamos el té ya?
-¡Eh, que soy yo la primera! –advirtió Pippi.
Y en dos saltos se plantó al lado de la mesa. Arrambló todas las pastas que pudo de una bandeja, echó cinco terrones de azúcar en su taza de té, vació en ella buena parte de la nata que había en una fuente y volvió a su silla con el botín, antes de que las damas tuvieran tiempo de llegar a la mesa.
Pippi estiró las piernas y colocó su plato de pastas entre sus pies. Seguidamente empezó a mojar pastas en la taza de té y a llevárselas a la boca, donde acumuló tan cantidad de ellas que no podía pronunciar palabra, por mucho que lo intentaba. En un santiamén dio fin a las pastas. Entonces se levantó, golpeó el plato con los nudillos como quien toca una pandereta y se acercó a la mesa para ver si quedaba algo. Las damas la miraban con un gesto de reprobación, pero ella no se daba cuenta.
Charlando alegremente y cogiendo ahora un pastel, luego otro, dio varias vueltas a la mesa.
-Les agradezco mucho que me hayan invitado –manifestó-. Nunca había asistido a un té.
En la mesa había un gran pastel de crema con un adorno de color rojo en el centro. Pippi lo contempló con las manos en la espalda. De pronto se inclinó y apresó el adorno con los dientes. Pero esta pesca fue tan precipitada, que, cuando volvió a ponerse derecha, su cara estaba cubierta de crema.
LINDGREN, Astrid (2010): Pippi Calzaslargas, Barcelona, Ed. Juventud, Il. Richard Kennedy, p.
105-106
24 juliol 2010
Aventures, Humor, Lindgren, Astrid
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Pippi preparó el té rápidamente. Precisamente el día anterior había hecho unos bollos. En pie junto al tronco del roble. Empezó a lanzar tazas a Tommy y Annika. De vez en cuando era el tronco del roble el que las recibía, y las tazas se hacían añicos; pero Pippi iba corriendo a buscar otras. Luego le llegó el turno a los bollos; durante un buen rato, una verdadera nube de bollos flotó en el aire.
Pero los bollos tenían la ventaja de que no se rompían. Al fin subió Pippi al árbol con la tetera en la mano. Llevaba la leche en una botella, y la botella en el bolsillo; el azúcar, en una cajita.
Annika y Tommy convinieron en que jamás habían tomado un té tan rico. No lo tomaban todos los días, sino sólo cuando tenían invitados. Al fin y al cabo, también ahora había invitados, aunque fuesen ellos mismos. A Annika le cayó un poco de té en la falda. Al principio notó algo caliente y húmedo; después, una humedad fría. Pero dijo que la cosa no tenía importancia.
LINDGREN, Astrid (2010): Pippi Calzaslargas, Barcelona, Ed. Juventud, Il. Richard Kennedy, p. 58-59.
23 juliol 2010
Bagés, Noemi, General, Novel·la d'amor i sentiments, Novel·la realista, Viatge iniciàtic
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No era res més que un atac de pànic. Ja feia anys que en tenia, sempre ben dissimulats en públic. Amb el temps havia anat aprenent a amagar-los. Si no, sempre podia anar a tancar-se en un lavabo. El ioga, la teràpia, la respiració, no hi havia ajudat gaire. Els ansiolítics que li receptava el psiquiatre, en canvi, sí. Però des que havia acceptat aquella feina, tot li havia anat pitjor que abans, si és que això era possible. La Txell trigaria molt a perdonar-li que l`hagués arrancat de Barcelona, dels amics, dels avis. O potser no li ho perdonaria mai.
També sabia que no podia augmentar la dosi de medicació prescrita, però sempre li quedava un últim recurs. Havia estat previsora. Va obris el calaix inferior de la dreta i en va treure tota la paperassa. Al fons, desenes de xocolatines, caramels, núvols de sucre i pastissets de tota classe l`esperaven per a un cas d`extrema necessitat.
Es va mirar el rellotge. Faltaven cinc minuts per a un quart de deu. Tenia vint minuts. Temps de sobres per enterrar l`angoixa sota palades i palades de dolços. I si no s`entretenia, tindria prou temps per tancar-se al lavabo del seu despatx i vomitar-ho tot. Era l`única manera de no sentir-se culpable, després, per les calories ingerides.
BAGÉS, Noemi (2008): I la mort em parlava, Barcelona, Barcanova, Antaviana Jove, 71, p. 30-31
10 juny 2010
Compromís social, Li, Moying, Novel·la realista, Xina
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Carn de porc
Al 1971, dos anys després que se l`emportessin, per fi van concedir al Baba un permís temporal. Una tarda, a última hora, vaig mirar cap amunt i me`l vaig trobar al davant, amb un uniforme molt gastat que li anava balder i la cara prima i pàl·lida. Però els seus llavis es van encendre quan ens va abraçar al Di Di i a mi.
-Em menjaria un bou amb banyes –va dir de bon humor-.Avui cuino jo.
El Baba no havia cuinat mai, tot i que, de tant en tant entrava a la cuina a fer crítiques iròniques sobre les habilitats culinàries dels altres. Des que li havien reduït el sou, els nostres àpats s`havien vist reduïts a col un dia i un altre. Però avui el Baba va parlar d`estofat de porc. Quina delícia! Vam a anar junts al mercat.
Però el mercat de la zona estava tan buit com el nostre galliner. La majoria de prestatges estaven buits; només hi havia uns quants trossos prims de porc estesos amb tristesa al taulell del carnisser. Per comprar-ne, calien tant els cupons de la carn com diners. La parada de verdures estava igual de deserta, amb una gran pila de cols d`hivern que ocupaven gairebé tot l`espai, acompanyades només d`unes quantes cebetes mig congelades. Hi havia molts pocs clients. Amb tan poques coses, la compra era molt fàcil. Hi havia molt poques temptacions. Tot i així, mentre ens acostàvem a la parada de la carn, em notava excitada.
-Un quilo de port, sis plau –va demanar el baba.
El carnisser ens va servir amb molt de gust. Era un carnisser expert. Tota una llegenda, m`havia dir la Lao Lao, famós per l`habilitat a l`hora de tallar la carn. Amb un cop ferm de ganivet, va separar un bon tros de carn de la seva limitada provisió. I la balança va marcar un quilo just. Ni més ni menys. El carnisser va aspirar el cigarret que duia sempre als llavis, i li va aparèixer un somriure, a penes visible, que va desaparèixer amb la mateixa rapidesa.
Quan vam arribar a casa, la Lao Lao havia anat a visitar un parent que estava malat, o sigui que el pare es va convertir en el rei de la cuina. Jo li vaig fer d` ajudant, vaig netejar les cebetes i vaig pelar l`all. El Baba va anar tallant el trpos de carn en daus petits mentre jo l`observava,
-Quan fa que no menges carn? –li vaig preguntar.
-No me`n recordo. Des que me`n vaig anar.
El Baba va deixar de tallar i em va mirar,
-He mirat d`estalviar diners per comprar-te un edredó gruixut de cotó. Vaig pensar que potser t`enviarien al camp, que hi fa més fred. Tenia els diner amagats sota el coixí, però un dia m`havien desaparegut. No sé qui me`ls va prendre. No tan sols podia intentar descobrir-ho, perquè els guàrdies s`haurien pensat que en portava alguna de cap.
Em va fer una mirada de disculpa i em va dir:
-Només em quedaven els diners que m`p he gastat amb el porc, però almenys farem un bon àpat junts.
El Baba va abocar un grapat de cebetes i gingebre a l`oli roent i puf!, la cuina es va omplir d`una olor penetrant. Aleshores va anar col·locant tots els trossets de carn al wok. Hi va afegir unes quantes cullerades de salsa de soja i un pessic de sucre. I jo em vaig situar al seu costat, observant aquell vapor tan agradable que pujava del wok. Em va passar el braç per l`espatlla, i vaig notar les durícies que tenia a la mà.
Quan el Baba va portar el bol gran de porcellana a taula, jo ja havia col·locat al seu lloc les culleres, els bastonets i els bols de ceràmica. Després de remenar tots els armaris, el Di Di va trobar mitja ampolla de vi d`arròs, que devia ser una resta d`algun regal de l`últim cap d`any.
-Benvingut a casa, baba –va dir el meu germà, alçant ben amunt la copa.
Al Baba se li van humitejar els ulls mentre anava fent xocar la seva copa amb les nostres. Després va somriure.
-Va, mengem ara que està calent.
I de cullerada en cullerada, va anar servint la carn sucosa als nostres bols.
Jo gairebé no recordava que bo que era el porc estofat! Sense adonar-me`n, em vaig empassar la meitat del menjar que tenia al plat. Però quan vaig alçar la vista i vaig tornar a mirar al Baba, vaig veure que ell no havia tocat el seu plat. Amb els colzes descansant a la taula i el cos inclinat cap a nosaltres, observava com menjàvem, i els ulls li somreien.
LI, Moying (2009): Neu de primavera. Créixer a la Xina de Mao, Bambú, Barcelona, pp. 127-130.
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05 juny 2010
Adopcions, López, Susana
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Esa noche, Carlota no podía dormir de los nervios y pensó en cómo sería la familia perfecta. Imaginó que la adoptaba…¡una familia de pasteleros!
Si la adoptaba una familia de pasteleros, viviría en una pastelería. Podría pasar el día entre tartas, torteles, bollos y bombones; escribir mensajes de azúcar en las tartas y sorber el merengue de los pasteles de merengue. Tendría palmeras de chocolate para desayunar, comer, merendar y cenar. Sun duda, ¡una familia de pasteleros sería la mejor familia del mundo!
LÓPEZ, Susana (2008): La mejor familia del mundo. Madrid. SM. Ilustraciones de Ulises Wensell
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27 abril 2010
Viatge iniciàtic
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Bicicletas blancas (Amsterdam, Ana Frank i molt més)

Bicicletas blancas: Amsterdam
Este fin de semana mi madre y yo hemos intimado bastante. Por la cuestión gastronómica. Se empeña ella en cultivármela y, qué decir, le dejo que me eduque el paladar.
-Heeft u een tafel voor ons?
Esto lo dije yo en el restaurante (lo llevaba muy ensayado con Shanti) en un holandés casi perfecto, y viene a querer decir. ¿Puede darnos una mesa?
La frase causó el efecto deseado en mi madre, que según constado, a veces, es muy ingenua, la pobre… Como ya se me había anunciado que el fin de semana íbamos a dedicarnos a la cultura gastronómica, le pedí a Shanti un par de frases en su idioma y el nombre de algunos comestibles para fardarle a mi propia. Lo reconozco, mi Eva es una mujer muy fácil.
[…]
A mí, lógicamente, lo que me encanta de Amsterdam son los broodjeswinkels, o sea las tiendas de bocatas. Están que te mueres y hay por todas partes. Son panecillos rellenos de salmón, gambas rebozadas, carne tártara, ensalada cremosa, humm. ¡Así me como yo lo que me pongan! ¿Y los hojaldres de la merienda?, los pannekoeken, cubiertos con azúcar o con jarabe de melaza. Buenísimos. Entre eso y los cucuruchos de patatas fritas callejeras con mayonesa o salsa curry, suelo ponerme morado.
Mi madre no se resiste tampoco, aunque ahora está con la cosa de restauración. Pero yo sé que a ella lo que le pirran son las angulas ahumadas de los puestecillos callejeros. Las pide siempre aderezadas con cebolla picada (puaaag) y pepinillos en azúcar y vinagre, te lo juro por Arturo, de verdad. En cuanto me despisto está engulléndose una anguila, o, su variedad favorita, el jaring, o sea un arenque.
LÓPEZ SORIA, Marisa (2001): Bicicletas blancas. Madrid: Espasa-Calpe. (Espasa Juvenil, 148)

26 abril 2010
Autors Literatura Juvenil, Claudín, Fernando, Compromís social, Europa, Madrid
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A cielo abierto
Se sentaron a comer. Todo el mundo alababa la cocina de mamá, el celo con que lo preparaba todo. La mesa, invariablemente, estaba dispuesta con todo lujo de detalles. Guisaba y presentaba sus platos como si todos los días se celebrara una fiesta.
-Hoy he cocinado a base de manzana el primer plato –dijo, con la expresión intranquila. Selene se preguntó cuánto tiempo habría empleado en preparar todo aquello. Mamá dormía seis horas y aun así siempre estaba apurando su tiempo, como si fuera a terminársele definitivamente al cabo de tres días.
Los estilizados recipientes humeaban como las chimeneas y torres de refrigeración de una central térmica.
-Tiene una pinta buenísima, mamá.
La abuela hizo la señal de la cruz y le agradeció a Jesucristo los alimentos. Mamá y Selene asintieron a sus oraciones y también trazaron la cruz entre la frente y el pecho, apresuradamente.
El gratinado de manzana hacía funcionar automáticamente las papilas gustativas. A Selene se le llenó la boca de saliva.
-¿Qué lleva? –inquirió.
Mamá agradeció su interés con un fruncimiento de sus labios leñosos.
-Tres manzanas Golden, un vaso de nata líquida, trecientos gramos de jamón cocido, cuatro cucharadas de queso Ementhal rallado, mantequilla, sal y nuez moscada.
-Muy rico –opinó la abuela, arrastrando entre los dientes con deleite el contenido de su cuchara.
-Me alegro –los ojos de mamá centelleaban.
-¿Qué hay de segundo, mamá?
-Huevos a la mostaza.
Selene suspiró. Era uno de sus platos preferidos. Se sabía de memoria la receta. Si se hacía para cuatro personas, debía llevar seis huevos, vinagre, cuatro lonchas de jamón serrano, cuatro rebanadas de pan de molde y aceite para freírlo. Para la salsa: cuatro cucharadas de aceite, media cebolla, un diente de ajo, un puerro, una zanahoria, una cucharada de harina, un cuarto de litro de caldo de pollo, dos cucharadas de mostaza, sal y pimienta.
En el último examen de matemáticas Selene tuvo una leve amnesia que le impidió recordar lo estudiado. Las únicas palabras que aparecieron en su mente, y con toda nitidez, fueron las de la receta de los huevos a la mostaza.
-De postre hay helado de tomate, Sele.
-¿Le pondrás azúcar glas?
-Pues claro, hija.
Mamá estaba animada. La abuela sonreía con complicidad. Selene se dijo que después de todo tal vez el enojo de mamá se había esfumado. Por ello se concentró en dar rienda suelta a su gula.
A la abuela se le cayó el tenedor. Una pequeña porción del gratinado fue a parar a la alfombra. ¡Oh, no, Dios! Selene cerró los ojos. Mamá dio un respingo. Los músculos de sus hombros, que el vestido de tirantes no ocultaba, se tensaron como resortes. Su rostro adquirió una expresión hierática.
Siguieron comiendo. Selene no se atrevió a levantar la vista durante un rato. Sin embargo, el fuego de la mirada de mamá podía sentirse.
Claudín, Fernando: A cielo abierto. Madrid, Anaya, 2000, (Espacio Abierto, 80), pp. 35-38
