02 març 2011
Autors Literatura Juvenil, Balzola, Asun, Creixement personal, Europa, Gènere, Novel·la d'amor i sentiments, Nutrició, Traductors, Trastorns alimentaris, Wilson, Jacqueline
No hi ha comentaris
“No puedo creerme que esté tan gorda. Siempre he sabido que estaba un poco llenita. Pesada. Más bien grande. Pero no gorda.
Susurro la palabra en voz muy baja: “Gorda”. Me vienen a la mente imágenes de grasa aceitosa en una sartén de humeantes patatas fritas. Miro mi cuerpo y veo la manteca que hay bajo mi piel. Empiezo a agarrarme cachos de carne como si se tratara de desprenderme de ellos.
Ahora la chica del espejo parece que está majara, además de gorda. Me giro rápidamente y vuelvo a ponerme la ropa. Los vaqueros me están tan estrechos que apenas puedo subirme la cremallera. El jersey se ciñe de forma obscena sobre mi pecho. Me peino tratando de tapar mi gran cara de luna llena. Sigo mirándome para ver si he cambiado a mejor en los últimos dos segundos. Tengo peor aspecto a cada momento que pasa” (p. 20).

Jacqueline Wilson
“No como yo. Porque yo estoy hambrienta. Oigo a mi padre y a Eggs que vuelven de la piscina. Oigo que están charlando sin parar, abajo en la cocina. Y luego me llega el olor. Flota en el aire y se cuela por debajo de la puerta de mi habitación, y vuela sobre mi cama, hasta llegar a mi nariz. Ay, señor, que mi padre está friendo beicon. Que van a comer sándwiches de beicon. Me chiflan. Mi padre no es muy buen cocinero, pero hace unos sándwiches de beicon fabulosos. Tuesta el pan y extiende encima de las rebanadas una buena cantidad de mantequilla color oro y luego fríe el beicon hasta que no queda nada de grasa blanda…” (p. 23).
“Ahora me encuentro mal. Muerta de hambre. Mi tripa es como un géiser, gorgotea sin parar. Tengo tanta hambre que me duele. Suspiro mientras me doy la vuelta. Me siento como la cría de un pájaro con el pico abierto de par en par, y piando sin parar. Por ejemplo, un cuco. La cría del cuco es enorme y regordeta, el doble de grande que los demás pájaros, mucho más gorda que el frenético padrastro que la alimenta” (p. 31).

WILSON, Jacqueline (1998): Chicas con imagen, Madrid, SM, Gran Angular, 212. Traducción Asun Balzola.

04 febrer 2011
Creixement personal, Dietes especials, Gènere, Novel·la realista, Nutrició, Obesitat, Tamaro, Susanna
No hi ha comentaris

Susana Tamaro
“-Buenas noches, pequeños hipopótamos, paquidermitos míos. Aquí me tenéis; como de costumbre, he venido a traeros la reflexión de esta noche. Quitaos el pijama, mirad vuestras barrigas, vuestros muslos temblorosos. Estáis gordos, ¿no? Bien, pensemos ahora en el mundo de la naturaleza. La naturaleza es sabia, provee a todo de la mejor forma. ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué nunca se ven animales gordos? Porque no comen, me diréis. ¡Craso error! Los animales gordos existen, pero duran poco. ¿Sabéis por qué? Venga, tratad de exprimir esos cerebritos. ¿Pueden correr deprisa los animales gordos? No, ¿verdad? No vemos animales gordos porque como no son veloces, son los primeros en ser devorados. Reflexionad, tesoritos míos, sobre lo sabia que es la naturaleza. Vuestra instructora, Delicia Esquelética, os desea que paséis unas buenas noches. ¡Hasta mañana, ballenas!”
TAMARO, Susanna (1995): El caballero Corazón de Melón, Barcelona, Grijalbo Mondadori, pp. 46

29 juliol 2010
Álvarez, Blanca, Autors Literatura Juvenil, Compromís social, Europa, Gènere, Madrid, Novel·la realista
No hi ha comentaris

Intuían que los buenos tiempos de correrías y libertad llegaban al final. Tan sólo permanecería el hambre.
De golpe, los niños volvieron a existir, a formar parte del mundo controlado: se acabaron las correrías, el tiempo sin preguntas; ahora, todos debían estar bien controlados, en el lugar designado, sin moverse.
Los colores de la historia desaparecieron engullidos por el gris, el negro y el blanco de las tocas, impecables, de las monjas, del alzacuellos bajo la nuez de los curas, de las puntillas en los faldones de monaguillos infantiles.
Lo que no fue blanco, pese a las promesas, fue el pan.
La vieja alegría de Gran Vía se transformó en otra cosa. Se llenó de militares, de falangistas, curas y filas interminables de niños tras sus pasos de militar con sotanas, de niñas siguiendo, de dos en dos, las tocas de las monjas. Y de madrileños cabizbajos, asustados y más hambrientos.
ÁLVAREZ, Blanca (2010): Gran Vía, Madrid, Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, Hitos de Madrid. Il. Francisco Delicado, p. 57-58
29 juliol 2010
Álvarez, Blanca, Autors Literatura Juvenil, Compromís social, Europa, Gènere, Madrid, Novel·la realista
No hi ha comentaris
Paco dibujaba. Era capaz de garabatear posiciones del enemigo, en uno de aquellos cuadernos negros de los corresponsales, en cuestión de minutos. Y retratos. Y mentiras. Le pagaban los dibujos con trozos de queso, paquetes de café, incluso chorizos o dulce de membrillo. Paco compartía con Eladio las ganancias, a veces llevaban parte del botín a sus casas. Las madres no hacían preguntas.
Era comida. Y el hambre no pregunta.
Eladio nunca diría que los tiempos de guerra fueron buenos tiempos, en esa trampa de la memoria no caía; pero llegaron tiempos peores.
p. 55.
ÁLVAREZ, Blanca (2010): Gran Vía, Madrid, Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, Hitos de Madrid. Il. Francisco Delicado,

Codonyat
29 juliol 2010
Álvarez, Blanca, Compromís social, Delicado, Francisco, Europa, General, Gènere, Il·lustradors, López, Antonio, Madrid, Novel·la realista, Pintura
No hi ha comentaris

Gran Vía. Antonio López
Los niños, en medio del espanto, gozaron de una impensable libertad de movimientos. Y todo parecía estar permitido.
La vida debía tener menos valor.
Los adultos andaban demasiado ocupados.
La muerte te encontraba en cualquier esquina de la ciudad.
Buscar comida, escondrijos y gatos, se convirtió en la tarea principal de los niños durante la guerra. Los gatos llegaron a ser un mercado paralelo del cual eran señores los niños, capaz de convertir el hambre en espejismo por entre sus huesecillos roídos. Eso y correr a la más cercana estación de metro cuando sonaban las alarmas.
Paco y Eladio ya eran, por entonces, hermanos en la libertad, en el hambre, en los negocios gatunos, en la pasión por el cine, las canicas y las correrías. Y en el desastre. Fue por entonces cuando la Gran Vía se convirtió en uno de sus lugares favoritos para las excursiones “hacia lo desconocido”.
pp. 44-45
ÁLVAREZ, Blanca (2010):
29 juliol 2010
Àfrica, Autors Literatura Juvenil, Aventures, Gènere, Marín M., Francisco, Novel·la realista, Ruanda, Viatge iniciàtic, Viatges
No hi ha comentaris

Mapa de Ruanda
Hasta hace poco había en Ruanda dos grupos étnicos: los hutus y los tutsis. Eran distintos pero habían convivido pacíficamente durante muchos años y ambos se consideraban ruandeses. Ahora la pobreza los ha llevado a considerarse enemigos. En toda la zona de los Grandes lagos hay eso que se llama superpoblación. Cuando falta comida, la gente desconfía de los que no son como ellos, de los diferentes. Y aunque a los europeos todos los negros nos parezcan iguales, no todos los habitantes de África son lo mismo.
MARÍN, Francisco M.(2000): Las Montañas de la Luna, Barcelona, Alba, (Mapamundi),
pág. 71
16 juliol 2010
Ballester, Blanca, Cervantes, Miguel, General, Novel·la històrica, Novel·la realista, Viatge iniciàtic
No hi ha comentaris
Pues bien, el hecho ocurrió así: estando los cautivos inmersos en ese insondable mar que constituye el aburrimiento, llegó el morisco que todos los días les traía el miserable rancho. Se trataba de un pequeño cuenco de madera que contenía una insuficiente ración de un guiso francamente nauseabundo, de ésos que hacen pensar que están envenenados. Sobre su superficie grasa flotaban tropezones de una dudosa carne que seguramente era de perro o de rata, y algunos raquíticos tallos verdes que eran las fuentes de vitaminas que tenían. Esta escasa alimentación era la causa de tal debilidad en los soldados, acostumbrados a la buena comida española, y cuyo mayor martirio era el pensar que las magníficas viandas que en el barco se llevaban serían manjar para infieles. Cada uno de los presos cogió un cacito. Dos de los compañeros, un antiguo zapatero y un pescador gallego, musitaron ciertas quejas que no llegaron a entenderse. Al ver el terrible aspecto de aquel almuerzo, el introvertido Rodrigo habló, diciéndole a su hermano:

Miguel de Cervantes
-¿Recuerdas, Miguel, la comida que madre nos hacía, y lo caprichosa que era Andrea para comer, y los bollos que vendía Francisco, el panadero, en la plaza? Desde luego, como en Valladolid no se vive en ningún lado…
Íñigo interrumpió rápidamente su monótono comer y miró intrigado a los dos hermanos, que le devolvieron una mirada no menos interrogante, pero sí más molesta. En su cerebro se había dibujado la silueta redonda y dorada del bollo típico, el que vendía Francisco en la plaza, y su olor a calor, a horno y a trigo, y su sabor dulce, que transportó durante años al paraíso del azúcar a los niños de Valladolid. Así que se le ocurrió hacer alusión al sabor que tomaba si se le mojaba en vino, y lo rico que estaba con fruta, y de poco el gallego le tira el cuenco a la cabeza, por tentador. La cara de los dos hermanos presentaba un aspecto entre curioso y sorprendido.
Ballester, Blanca: Dos gramos de plomo, León, Everest, 2001. (IV Premio Leer es Vivir), pp. 85-86.
El Quijote en la Literatura Juvenil Espanyola
Textos en PDF
19 juny 2010
Adopcions, Compromís social, Cushman, Karen, Estats Units, Novel·la realista
No hi ha comentaris

Serp abans de ser rostida
¿Comer? Yo no. Ni hablar. A lo largo de mi vida había comido patas de cerdo, sangre de pato y estómago de vaca, pero no pensaba comerme ninguna serpiente. Ni hablar.
Sarah Dew trajo una cazuela llena de agua del barril de lluvia. Myra Jane echó unas verduras, unas patatas mustias y la serpiente troceada.
-Estofado –me dijo sonriendo.
-¿Qué más coméis por aquí? –le pregunté con la esperanza de que hubiera algo más que serpiente estofada y torta de cerdo.
-Sobre todo liebre, perrillos de las praderas, pez gato, gallina con salvia… cualquier cosa que Pa o los chicos encuentren por ahí. En primavera cultivamos algunas verduras y cosas antes de que llegue el calor y se seque todo y se fastidie. En otoño hay ciruelas y uvas silvestres, y cerezas. Y siempre tenemos judías.
¡Me iba a morir de hambre! ¿Cómo se podía vivir a base de serpientes y perrillos de las praderas? ¿Sin cerdo asado con pasas? ¿Sin col agria? ¿Sin torta de especias o limonada fresca o rollitos de col rellenos? Me gruñó el estómago y suspiré.
El señor Clench llegó cerca de la hora de la cena.
-Huele estupendamente –dijo-. Siempre puedo confiar en que mis chicas me preparen una cena digna de un rey.
Se relamió y me dirigió una gran sonrisa mientras se sentaba a la mesa sobre el barril de clavos. Sarah Dew le dio un cuenco de estofado y yo retiré una taza llena para la señora Clench. Los demás se colocaron alrededor de la cazuela y compartieron el estofado con una única cuchara. Las primeras veces que me llegó la cuchara no quise comer, pero, finalmente, me sentí tan hambrienta por el olor, los ramilletes de heno que había retorcido y las atenciones a la mamá, que tomé la cuchara y tragué una buena cantidad de estofado de serpiente. Estaba caliente y no sabía demasiado mal. No era como las kietbasa ni el cerdo asado pero era algo mejor que los viejos sándwiches secos de jalea. Hubo silencio en el refugio hasta que se terminó la última gota.
CUSHMAN, Karen (2004): Rodzina, Barcelona, EntreLIbros, pp. 120-121.
Textos en PDF
19 juny 2010
Adopcions, Chicago, Compromís social, Cushman, Karen, Novel·la realista
No hi ha comentaris

Estaban comiendo patatas cuando los conocí. Acababa de enterrar a mamá y de dejar nuestra casa en Honore Street y no tenía donde ir. Caminando por un frío y ventoso Chicago, vestida con un chaquetón demasiado pequeño y calzada con unas botas demasiado grandes, vi una hoguera en el portal de una iglesia de Michigan Avenue, una hoguera rodeada por un montón de niños, grandes, pequeños e intermedios, pero todos sucios, necesitados y hambrientos. Había un chico que llevaba hojas de periódico envueltas sobre los pies en lugar de zapatos y que se parecía un poco a mi hermano Toddy.
-¿Te importaría decirme? –le pregunté- dónde puedo conseguir algo de comer? Tengo muchísima hambre.
Algunos de los chicos me hicieron burla, pero el que se parecía a Toddy dijo:
-¡Ven! ¡Siéntate a la mesa!
Me puse en cuclillas a su lado y él sacó una patata de las brasas.
-¡Eh! –dijo un chico que después resultó ser Sammy- ¡Fíjate en ésa! No tiene pinta de estar muriéndose de hambre, y yo podría aprovechar esa patata mucho mejor.
-De eso nada, es mía –dijo otro. Después supe que se llamaba Joe; intentó agarrarla-. Trae aquí, nariz de patata.
-¡Ya está bien, so golfos! –exclamó el que se parecía a Toddy poniendo la patata en mis manos. Olía tan bien y estaba tan calentita que no sabía si comérmela o seguir sosteniéndola. Al final hice un poco de cada cosa.
Ojalá hubiera tenido entonces una patata, calentita y crujiente, recién sacada de la lumbre. O una taza de sopa con pollo…
pp. 16-17
CUSHMAN, Karen (2004): Rodzina, Barcelona, EntreLIbros,
10 juny 2010
Compromís social, Li, Moying, Novel·la realista, Xina
No hi ha comentaris

Però l`any següent [1959], igualment van morir hectàrees i hectàrees de camps d`arròs i blat, aquest cop destruïts pels insectes, que s`havien multiplicat amb rapidesa perquè els seus predadors naturals, els pardals, no havien tornat.
Allò només va ser el començament. Durant els tres anys següents, la Xina va patir un desastre rere l`altre. A més de la plaga d`insectes, hi va haver una sequera molt forta, seguida d`una gana generalitzada. Milions de persones van morir de fam. A la ciutat, teníem el menjar estrictament racionat. Teníem uns cupons petits per tot: blat, arròs, oli per cuinar i carn. La Lao Lao mirava d`anar sovint a la botiga, però la majoria de vegades les provisions ja s`havien acabat. Jo, que feia primer, dinava a l`escola. Ens va, passar setmanes menjant arròs i melmelada de fruita cada dia. Ben aviat, l`estómac se`m regirava només de veure l`arròs amb melmelada.
-No suporto l`arròs fastigós de l`escola –li vaig dir rondinant a la Lao Lao un dia- puc venir a dinar a casa?
Amb una mirada trista, es va ajupir i em va abraçar:
-Tots ho passem malament –em va dir. No vaig trigar gaire a entendre que era una bestiesa queixar-se.
Com que la majoria d`adults de la família treballaven fora de la ciutat durant la setmana, ara la Lao Lao només cuinava per al Lao Ye, el Di Di i jo. Em vaig començar a fixar que feia el sopar per al Di Di i jo, ens mirava mentre menjàvem i després ens enviava a jugar al pati abans de fer el sopar per a ella i el Lao Ye. Al començament no hi vaig donar gaire importància, però un dia em vaig adonar de la diferència. L`olor que feia el seu menjar era molt estranya. Aprofitant que la Lao Lao estava distreta, vaig aixecar la tapa del wok i vaig veure una aigua grisosa amb unes quantes fulles que hi flotaven. Aquell mateix vespre, el meu germà i jo havíem menjat arròs i col fregida, amb una cullerada de carn i tot. Vaig córrer a compartir el meu descobriment amb el Di Di. L`endemà, vam amenaçar de fer vaga de fam si la Lao Lao no ens donava per menjar el mateix que ells.
-Però esteu en ple creixement i necessiteu aliment –va dir amb un sospir-. Nosaltres ja som molt grans i en podem passar.
No! Aquest cop vam ser el Di Di i jo, els que vam defensar la nostra posició.
pp. 30-31.
LI, Moying (2009): Neu de primavera. Créixer a la Xina de Mao, Bambú, Barcelona,
Text en PDF