27 febrer 2011
Anorèxia, Autors Literatura Juvenil, Bulímia, Compromís social, Europa, Gènere, Novel·la realista, Nutrició, Sierra i Fabra,Jordi, Trastorns alimentaris
No hi ha comentaris

“Loreto miró la sopera, la fuente de carne, el pan, la ensalada. La necesidad de comer se le disparó en la mente. La avidez de su estómago le acentuó su habitual dolor de cabeza.
-¿Das tú las gracias hoy? –le preguntó la mujer a su marido cambiando rápidamente de conversación.
-¿Hija? –trasladó él el ofrecimiento a Loreto.
Ella vaciló solo un instante.
Después, los tres bajaron la cabeza y unieron sus manos.
-Te damos las gracias, Señor, por los alimentos que recibimos de tu bondad, y te pedimos por todos tus hijos, en especial aquellos que sufren –hizo una pausa muy breve, antes de continuar diciendo-: Y te pido que ayudes Luciana, Dios mío. Ayúdala a luchar, y a ser firme en esta hora oscura, porque sin Ti estará perdida. Ayúdala a encontrar el camino de regreso de las sombras. Te lo pedimos, Señor.
Sobrevino un largo segundo de silencio, mientras la emoción se apoderaba de ellos.
Pero incluso esa emoción quedó en un segundo plano cuando Loreto levantó la cabeza, suspiró, apretó las mandíbulas y, con determinación, se sirvió tres cazos de sopa. Luego introdujo la cuchara en el plato para empezar a tomarla con la mayor naturalidad.
Sus padres intentaron mantener la normalidad.
Después de todo la clave era siempre el después. Lo que hiciera ella con lo que hubiese ingerido.
-Está buena –dijo Loreto”.
SIERRA I FABRA, Jordi (2009): Campos de fresas, Madrid, SM, trigésimo quinta edición, Gran Angular, 10, p. 66

27 setembre 2010
Aldecoa, Ana, Autors Literatura Juvenil, Aventures, Cuina mediterrània, Novel·la d'amor i sentiments, Venècia, Viatges
No hi ha comentaris

Enseguida llegamos al mar, el Mediterráneo quedaba debajo de nuestros pies, azul, verde, con algunas sombras oscuras que eran el antirreflejo de las pequeñas nubes que atravesábamos. Nos dieron de comer una ensalada de jamón, un zumo de naranja y uno de estos pastelitos borrachos con una guinda roja en el medio. Me lo comí todo, incluso el pan con mantequilla que en casa no podía soportar. Allí dentro todo era diferente. Saqué un libro.
ALDECOA, Ana (2003): El retrato de Carlota, Madrid, Anaya, Espacio Abierto, 104, p. 8.
21 agost 2010
Europa, Gènere, Humor, Lindgren, Astrid, Suècia
No hi ha comentaris

La mamá de Miguel empezó enseguida a poner la mesa. Le cayeron algunas lágrimas sobre la ensalada de arenques cuando la llevaba en las manos, pero la puso en la mesa juntamente con los rollos de carne, las chuletas de cerdo y las tartas de queso y todo lo demás. La señora Petrell se relamía. Aquello parecía prometedor. Pero todavía no había visto la salchicha y eso la inquietó.
De pronto, la mamá de Miguel dijo:
-Lina, se nos ha olvidado la salchicha. ¡Corre enseguida a buscarla!
Lina salió corriendo. Todos estaban esperando con ansiedad, y la señora Petrell asentía:
-Sí la salchicha. Nos sabrá riquísima en medio de esta pesadumbre.
LINDGREN, Astrid (2010): Las aventuras de Miguel el travieso, Barcelona, Juventud, p. 55.
21 agost 2010
Europa, Gènere, Humor, Lindgren, Astrid, Suècia
2 comentaris

Miguel olfateó con la nariz. Olía muy bien en la despensa. También había golosinas. Miguel miró muy bien alrededor. ¡Sí, ya lo creo, aquí hay comida! Del techo colgaban jamones ahumados y morcillas en largas filas, un largo varal lleno, porque al papá de Miguel le gustaba mucho la morcilla con tocino y bechamel. Y allí en un rincón estaba el arca del pan con todos los quesos amarillos, y las ollas de barro con la mantequilla recién hecha. Detrás de la mesa estaba la tina de madera llena de tocino salado, y allí al lado, el gran armario donde la mamá de Miguel tenía el jugo de frambuesa y los pepinillos en vinagre y las peras en jengibre y la compota de fresa. Pero en el estante del medio tenía la célebre salchicha.
A Miguel le gustaba mucho la salchicha, ya lo creo.
En Katthult, el banquete estaba en todo su apogeo. A los invitados les habían dado café con muchas cosas para mojar en él. Ahora solamente estaban esperando tener hambre otra vez para empezar a comer chuletas de cerdo y ensalada de arenque y salchicha y todo lo demás.
pp. 48-50
LINDGREN, Astrid (2010): Las aventuras de Miguel el travieso, Barcelona, Juventud,
19 agost 2010
Compromís social, General, Sierra i Fabra,Jordi, Viatge iniciàtic
No hi ha comentaris

Espera a los postres. La cena ha sido como la de cualquier noche, mitad amena mitad callada. Su dieta es espartana, y dura. Eso cuando puede comer y su estómago le acepta los alimentos. Un vaso de agua caliente con el zumo de un limón, fruta fresca del tiempo –dos kiwis, por ejemplo- y un yogur natural sin azúcar con cereales tipo muesli para desayunar; un vaso de zumo de frutas o uno de zumo de remolacha y zanahoria o tomate antes de la comida; ensalada, legumbres dos días a la semana o arroz, también dos o tres días a la semana, con verduras o solo, y como alternativa pollo, pavo o pescado –preferiblemente azul-, con un vaso de leche de soja con achicoria soluble o cereales solubles de postre para la comida; una manzana de merienda; un vaso de zumo de fruta fresca o uno de zumo de zanahoria y remolacha fresca para antes de cenar; y, finalmente, un caldo de verduras o una ensalada de verduras, una tortilla si no ha comido huevo durante el día o pescado al vapor o a la plancha para la cena. A veces piensa que no haría una dieta así ni para perder diez kilos si estuviera gorda. Ahora tiene que hacerla para mantener sus ojos con vida. Y debe ingerir la comida despacio, masticar bien ensalivar bien, visualizar el efecto beneficiosa de la comida en el cuerpo para que el cerebro lo acepte mejor, sin olvidar beber a pequeños sorbos. Hay más, sólo puede tomar un yogur al día, y un huevo máximo al día, y el agua fuera de las comidas, mineral sin gas y baja en sodio, y si come legumbres y arroz nunca carne, ave o pescado en la misma comida… Las delicias de su dieta son el arroz integral cocido, la coliflor cruda, las algas Agar-Agar, Wakame o Kombu, el aceite de oliva virgen crudo… La guinda es la prohibición de tomar chocolate, café, alcohol, bebidas carbónicas, patatas fritas y nada de alimentos industrializados, enlatados con conservantes, colorantes o aromatizantes. Todo debe estar hecho en la cocina para el consumo inmediato.
Todo para ver un poco más, unos pocos días más…
A veces quiere hartarse de chocolate y patatas fritas, sus vicios, para reventar de una vez.
La lista de lo que puede y no puede hacer, lo que puede y no puede comer es tan larga como una novela-río.
SIERRA I FABRA, Jordi (2008): Los ojos del alma, Madrid, Pearson Educación, pp. 69-70.
03 juliol 2010
Biografia, Compromís social, Novel·la històrica, Novel·la realista, Vara, Mariano
No hi ha comentaris
-Hemos conseguido –dijo Fidel- permiso para hacerte una comida de bienvenida en la celda más amplia del penal, la número once. Un gran banquete de espera. Hemos escrito hasta el menú. Aquí lo tiene el señor para que dé su aprobación.

Casa de Miguel Hernández a Orihuela
No pude evitar una amplia sonrisa que dirigí a todos.
-“Sopa sala once, jamón de donde sea, ensalada del preso, cigarrillos plenipotenciarios, macedonia del condenado, café de la libertad…” Todo en honor a nuestro poeta.
Éramos once personas en el banquete de la celda número once. No hubo palabras de amargura por parte de nadie. Brindamos sin vino y hubo incluso pequeños discursos al final de una comida que me pareció exquisita.
VARA, Mariano (2010): Tren de ida y vuelta, Alzira, Algar, Algar Joven, pp. 217-218
Textos de Tren de ida y vuelta en pdf
Fundación Cultural Miguel Hernández
Obra de Miguel Hernández
Casa-Museo de Miguel Hernández
28 maig 2010
Nilsson, Per, Novel·la d'amor i sentiments, Premi Literari, Suècia
No hi ha comentaris

Tarongina o melissa
-Olora.
Va olorar. Mmm. Feia una olor de llimona fresca, mols bona i intensa.
-Mmmm…
Ella li havia deixat anar la mà i se`l mirava satisfeta.
-Bona, no?
Va fer que sí amb el cap, feliç.
-Què és això? Una droga prohibida o què?
-Tarongina –va contestar la noia.
-Com?
-Tarongina. És una planta remeiera. El seu nom és tarongina o melissa. Tarongina és més bonic, no trobes?
-Molt –va dir, però va arrufar les celles.
-Què et passa? –va preguntar-li.
-Aquesta olor m`és coneguda. Em sembla que ja l`he sentida abans.
Ella va riure però no va dir res.
Te`n pots quedar una, si vols. Jo ja en tinc cinc. Les he plantat jo mateixa. Les fulles es poden posar fresques a les amanides, o també se`n pot fer infusions. Són bones per fer-te dormir bé i er procurar-te somnis agradables.
-Amb molt de gust, gràcies, i tant que me l`enduc.
Va agafar de grat el test que ella li donava.
-Em cap a la bossa.
-Adéu.
-Adèu, i gràcies per la tarongina.
-Mm. De res.
NILSSON, Per: Si truca l`Anna. Barcelona, Columna, 2001, Columna Jove, 160, pp. 49-50
Textos en PDF
20 maig 2010
Barcelona, Compromís social, Continents, Premi Literari
No hi ha comentaris

Bárbara Molina
Abro la nevera y curioseo los tupperwares donde guardo la comida de días anteriores hasta que se pudre. Tengo prohibido tocarlos. Es una costumbre que me impuse hace años, después de vivir hambrienta. No sirve de mucho pero me da tranquilidad. Me dije nunca más volveré a pasar hambre, como Escarlata O`hara en aquella escena en la que levanta la cabeza y toma un puñado de tierra roja de Tara. Pero yo no fui tan fotogénica ni tan heroica, simplemente me privaba de los restos de comida, los clasificaba en pequeñas raciones y las guardaba como un tesoro. Abro un tupperware con hojas de ensalada y tomate y me los meto en la boca a puñados, a continuación abro otro con un trozo de pollo frío y me lo trago sin masticar. Quiero aplacar la desazón, borrar la angustia, pero en vez de saciarme cada vez tengo más hambre.
Durante estos tres años me había conseguido adiestrar, como a los leones, a fuerza de escamotearme el alimento. Descubrió que era un arma poderosa y jugó con ella. Y lo que no habían podido los golpes lo pudo el hambre. Me tenía en ayunas, sufriendo, hasta que de pronto venía y me dejaba oler una comida apetitosa. Abría la puerta unos instantes y un aroma de pollo asado, insultante de tan deliciosa, se colaba en el sótano y me daba en la nariz. Tener hambre y no poder comer es morir un poco cada minuto, cada segundo.
CARRANZA, Maite: Palabras envenenadas. Barcelona. Edebé, 2010, Periscopio, 78, pp. 152-155
Text sencer en pdf
Web Maite Carranza
12 maig 2010
Amèrica, Autors Literatura Juvenil, Aventures, Continents, Gènere, Mendoza,María Eugenia, Mèxic
2 comentaris

Y como si la escuela no fuera todo un martirio, de paso hay que cargar este mochilón por más de cuatro cuadras. Si mi mamá supiera lo que significa todo esto entendería por qué me enfurruño.
Lo bueno es que al abrir la puerta los deliciosos aromas que salían de la cocina actuaron como antídoto.
Al percibirlos, automática los dolores y hasta los malos recuerdos se esfumaron. Tenía tanta hambre que me hubiera comido un búfalo.
¿Qué se llevará bien con el búfalo? ¿Una ensalada de verduras? No, porque conociendo a mamá le pondría chayote. ¡Hmmmm, ya sé, debe ir bien con puré de papas! Todo va bien con puré de papas o con papas fritas o con guacamole o hasta con simples y frescas rodajas de jitomate.
No esperé a que mamá comenzara, como siempre a dar órdenes y recordarme cosas que una “jovencita con buenos modales” hace automáticamente cuando llega a su casa y fui a cambiarme el uniforme y a lavarme las manos.
¡No había búfalo! Pero en cambio vi la sopera con una deliciosa y humeante sopa que nos esperaba sobre la mesa, un platón rebosante de pollo en salsa verde con papas en cubos y un chiquigüite que mantenía bien calientitas las tortillas. ¡Qué mexicanismo tan chistoso: chiquigüite!
Chiquigüite: cesto o canasto de mimbre en donde se conservan calientes las tortillas.

Sopa de lletres
MENDOZA, María Eugenia: Peligro en la Aldea de las Letras. México. Edición de la autora y coedición con la Secretaría de Educación Pública para Biblioteca de Aula 2009-2010
Para consultar la actividad de aula, CLICAD AQUÍ.
27 abril 2010
Aventures, Baell,Gustavo, Colòmbia, Compromís social, Viatge iniciàtic
No hi ha comentaris

Después de rellenar los formularios requeridos, la directora del centro les propuso ir a comer mientras esperaban que Sara preparara su maleta y se despidiera de sus amigos.
Tras casi cuatro horas de reunión y con un hambre feroz fueron los tres a un restaurante que estaba a unos cien metros del orfanato y donde se podía comer una exquisita ensalada criolla compuesta de patatas cocidas, carne de cerdo, cebollas, aguacates, huevos duros y diferentes tipos de salsas y especies. Después pidieron un plato de arepas, un delicioso pan de maíz amasado con huevos y manteca.
-¿Quieren un “tinto” o un “perico”’ –les preguntó la directora después de acabar la comida-. Creo que es lo que ustedes llaman café solo o con leche, ¿verdad?
No probar un buen café colombiano era como ir a Italia y no comer un buen plato de pasta.
BAELL, Gustavo (2001): La niña colombiana. Buenos Aires: Laertes.