02 març 2011
Anorèxia, Autors Literatura Juvenil, Balzola, Asun, Bulímia, Creixement personal, Dietes especials, Europa, Gènere, Novel·la d'amor i sentiments, Nutrició, Traductors, Trastorns alimentaris, Wilson, Jacqueline
No hi ha comentaris
“Las comidas del colegio también son fáciles de evitar. El olor a comida se cuela por los pasillos, invade las aulas, y al principio me tiembla la nariz, me ruge el estómago y se me hace la boca agua. Pero luego en la cafetería es más fácil, porque el olor te agobia y la visión de las salchichas, de las pizzas y de las patatas me enferma. Cuestión de concentración. Es como si hubiera cambiado los cristales de las gafas. Las salchichas se convierten en falos chamuscados, obscenamente rosados, y cuya piel se parte a cachos. La pizza tiene un aspecto patético. Rezuma una salsa de tomate de color sangriento y un queso fundido tan amarillo que parece pus. Las patatas al horno sueltan el mismo vapor que las cacas de caballo. No es difícil alejarse de tales visiones” (p. 43).

“Y me como medio cuenco de requesón con zanahorias y pepinos en trocitos. Su aspecto y su sabor son asquerosos, como si alguien más se los hubiera comido ya y los hubiera vomitado para que me los coma yo después. El aroma del espagueti a la boloñesa me quita las fuerzas, pero a pesar de todo consigo soportarlo. Algo. Si por lo menos pudiera sellarme los labios con cola de pegar, me sentiría segura de verdad.
Hasta sueño con ello por la noche y me despierto chupándome el dedo. Me hago una rosquilla y me abrazo. No debo ir a la cocina y hacer una incursión en el frigorífico. No me atrevo a tener otra sesión de nevera porque Anna podría oírme si me pongo enferma.
Me asusta llegar a caer en una bulimia. Leo un artículo en la revista Spicy de Nadine (ahora es una lectora totalmente adicta) y dice que su vomitas con frecuencia, el ácido del vómito puede echarte a perder los dientes. Una famosa modelo pasó un periodo de seis meses enferma para mantenerse en forma para su trabajo y ahora lleva dentadura postiza” (p. 64).

“-No puedo llamarme anoréxica, señora Henderson –le digo, mirando mi cuerpo con aversión-. Estoy gorda.
-Has perdido peso.
-Solo unos kilos, casi nada.
-Lo has hecho muy bien. Pero no debes perder demasiado peso en muy poco tiempo. Hacéis todas esas dietas absurdas, cuando en realidad lo que tenéis que hacer es dejar de comer todos esos dulces, chocolates y galletas de los que os atiborráis, y empezar una dieta sensata. Mucha fruta, verduras, pescado, pollo, pasta. Estarás comiendo una dieta razonablemente equilibrada, ¿verdad, Ellie?
-Sí, señora Henderson.
Una manzana, dos palitos de apio. Medio cuenco de requesón. Una rebanada de pan tostado seco. Fruta, verduras, proteínas, carbohidratos. Fantásticamente equilibrada” (p. 72).
WILSON, Jacqueline (1998): Chicas con imagen, Madrid, SM, Gran Angular, 212. Traducción Asun Balzola.

27 febrer 2011
Anorèxia, Autors Literatura Juvenil, Bulímia, Compromís social, Europa, Gènere, Novel·la realista, Nutrició, Sierra i Fabra,Jordi, Trastorns alimentaris
No hi ha comentaris

“Loreto miró la sopera, la fuente de carne, el pan, la ensalada. La necesidad de comer se le disparó en la mente. La avidez de su estómago le acentuó su habitual dolor de cabeza.
-¿Das tú las gracias hoy? –le preguntó la mujer a su marido cambiando rápidamente de conversación.
-¿Hija? –trasladó él el ofrecimiento a Loreto.
Ella vaciló solo un instante.
Después, los tres bajaron la cabeza y unieron sus manos.
-Te damos las gracias, Señor, por los alimentos que recibimos de tu bondad, y te pedimos por todos tus hijos, en especial aquellos que sufren –hizo una pausa muy breve, antes de continuar diciendo-: Y te pido que ayudes Luciana, Dios mío. Ayúdala a luchar, y a ser firme en esta hora oscura, porque sin Ti estará perdida. Ayúdala a encontrar el camino de regreso de las sombras. Te lo pedimos, Señor.
Sobrevino un largo segundo de silencio, mientras la emoción se apoderaba de ellos.
Pero incluso esa emoción quedó en un segundo plano cuando Loreto levantó la cabeza, suspiró, apretó las mandíbulas y, con determinación, se sirvió tres cazos de sopa. Luego introdujo la cuchara en el plato para empezar a tomarla con la mayor naturalidad.
Sus padres intentaron mantener la normalidad.
Después de todo la clave era siempre el después. Lo que hiciera ella con lo que hubiese ingerido.
-Está buena –dijo Loreto”.
SIERRA I FABRA, Jordi (2009): Campos de fresas, Madrid, SM, trigésimo quinta edición, Gran Angular, 10, p. 66

27 febrer 2011
Anorèxia, Autors Literatura Juvenil, Bulímia, Compromís social, Europa, Gènere, Novel·la realista, Nutrició, Sierra i Fabra,Jordi, Trastorns alimentaris
No hi ha comentaris

“Loreto se miró en el espejo de su habitación.
Desnuda.
Recorrió las líneas de su cuerpo, una a una. Casi podía contar sus huesos, las diagonales de sus costillas, el vientre hundido, la pelvis salida y extrañamente frondosa, las nudosidades de sus rodillas, la piel seca, el cabello débil y sin fuerza que se le caía cada día más.
Y aún así, se sintió mal por algo distinto. Peor.
Gorda.
Tuvo que cerrar los ojos, y volver a abrirlos, para enfrentarse a la realidad.
Tal y como le había dicho el psiquiatra.
Se estaba muriendo. Si no dejaba de comer incontroladamente para vomitar después al sentirse culpable de ello y temiendo a la obesidad, sería el fin. Había llegado al punto límite, y tras él, no existía retorno posible.”
SIERRA I FABRA, Jordi (2009): Campos de fresas, Madrid, SM, trigésimo quinta edición, Gran Angular, 10, p. 52

26 febrer 2011
Anorèxia, Autors Literatura Juvenil, Bulímia, Catalunya, Compromís social, Europa, Gènere, Lienas, Gemma, Novel·la realista, Nutrició, Trastorns alimentaris
No hi ha comentaris
“Dijo que ella siempre había estado un pelín regordeta.
“Regordeta”, dice. Utiliza esta palabra, pero viéndola aquí, acurrucada en el sofá, con esos dedos tan delgados que parecen ramitas de chopo, me cuesta imaginarla gorda.
Explica que un chico de su clase, hace ya tres años, le puso un mote: foquita. Y mientras lo explica se pasa las manos por el costado, como si quisiera hacerse una idea exacta de sus proporciones, como si le horripilara la idea de volver a parecerse a la foca que había sido. Empezó a llamarla así sólo para hacerle la puñeta. Al principio a ella le daba igual: le gustaba tanto comer…, sobre todo rebanadas grandes de pan untadas con mantequilla y miel, o cuencos barrigudos llenos de chocolate caliente con una pizca de canela, o virutas de jamón con sus tirillas de grasa o tortillas bien jugosas…” (p. 50).

Gemma Lienas
“-Yo no soy como Mónica. Mi problema es todavía más grave que el suyo. Ella es lo que se llama una comedora compulsiva: come demasiado y a todas horas para calmar la ansiedad; se refugia en la comida. Yo, en cambio, cuando me doy cuenta de que me he pasado, o bien vomito, según lo que pueda resistir, hasta que me muero de hambre o de ansiedad y vuelvo a darme otra panzada” (p. 129).

“Hoy peso 53 kilos, dos más de lo que me conviene. Seguro que el vestido que me compré para la fiesta de Miriam me queda estrecho. Lo pruebo y, efectivamente, me queda justo. Tengo hasta mañana por la noche para perder dos kilos. Decido que hoy no voy a comer en todo el día. Por la mañana tomo un café con leche y un laxante. Al mediodía un zumo de tomate y un laxante. Voy al gimnasio y hago cuatro horas de ejercicio y una sauna. Salgo roja como un tomate. Me peso: ¡victoria, 51.5! A las ocho, cuando llego a casa, me tomo dos tazas de caldo vegetal y un laxante y, después, como estoy hecha polvo y muerta de hambre, me voy a la cama enseguida. En total, hoy debo haber pasado dos horas sentada en el váter” (p. 179).
LIENAS, Gemma (1999): Billete de ida y vuelta, Barcelona, Muchnik editores.
