Miguel de Cervantes al seu cautiveri d`Argel
16 juliol 2010 Ballester, Blanca, Cervantes, Miguel, General, Novel·la històrica, Novel·la realista, Viatge iniciàtic No hi ha comentarisPues bien, el hecho ocurrió así: estando los cautivos inmersos en ese insondable mar que constituye el aburrimiento, llegó el morisco que todos los días les traía el miserable rancho. Se trataba de un pequeño cuenco de madera que contenía una insuficiente ración de un guiso francamente nauseabundo, de ésos que hacen pensar que están envenenados. Sobre su superficie grasa flotaban tropezones de una dudosa carne que seguramente era de perro o de rata, y algunos raquíticos tallos verdes que eran las fuentes de vitaminas que tenían. Esta escasa alimentación era la causa de tal debilidad en los soldados, acostumbrados a la buena comida española, y cuyo mayor martirio era el pensar que las magníficas viandas que en el barco se llevaban serían manjar para infieles. Cada uno de los presos cogió un cacito. Dos de los compañeros, un antiguo zapatero y un pescador gallego, musitaron ciertas quejas que no llegaron a entenderse. Al ver el terrible aspecto de aquel almuerzo, el introvertido Rodrigo habló, diciéndole a su hermano:
-¿Recuerdas, Miguel, la comida que madre nos hacía, y lo caprichosa que era Andrea para comer, y los bollos que vendía Francisco, el panadero, en la plaza? Desde luego, como en Valladolid no se vive en ningún lado…
Íñigo interrumpió rápidamente su monótono comer y miró intrigado a los dos hermanos, que le devolvieron una mirada no menos interrogante, pero sí más molesta. En su cerebro se había dibujado la silueta redonda y dorada del bollo típico, el que vendía Francisco en la plaza, y su olor a calor, a horno y a trigo, y su sabor dulce, que transportó durante años al paraíso del azúcar a los niños de Valladolid. Así que se le ocurrió hacer alusión al sabor que tomaba si se le mojaba en vino, y lo rico que estaba con fruta, y de poco el gallego le tira el cuenco a la cabeza, por tentador. La cara de los dos hermanos presentaba un aspecto entre curioso y sorprendido.
Ballester, Blanca: Dos gramos de plomo, León, Everest, 2001. (IV Premio Leer es Vivir), pp. 85-86.
El Quijote en la Literatura Juvenil Espanyola










