Día Mundial del Teatro

 Es posible que el Día Mundial del Teatro no resista la comparación con el siempre cercano DÍa Mundial de la Poesía. Aun así, si nos dejamos tentar…, o ni siquiera, si vamos a buscarlo, el teatro no nos defraudará. Nunca lo hace. Podemos leerlo de forma silente, como solemos hacer con la narración o la lírica; podemos leerlo o dejar que se nos lea de forma dramatizada y situarlo ya a medio camino entre su esencia y su función —nosotros venimos de hacerlo en las clases de 4.º de ESO con los Tres sombreros de copa—; o, finalmente, podemos representarlo o asistir a su representación.

Literatura, en primera instancia, e interpretación, dirección, escenografía…, ulteriormente, el arte dramático tiene mucho de espejo en que mirarnos y aprender. Y hoy es un buen día para hacerlo. Tan bueno como otro cualquiera, aunque más señalado; de ahí que yo lo esté diciendo ahora.

Espero que disfrutéis del corte teatral que os he seleccionado en el encabezamiento de esta entrada. Se trata de una representación con mucho sentido del humor al alimón entre Tricicle y Les Luthiers, dos de las compañías que llevan toda la vida haciéndome reír inteligentemente.

«Oh, qué hermoso día habrá sido».

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