El pla per tornar a la Lluna

Arribar a la Lluna no serà l’objectiu final sinó el punt de partida per establir una presència humana permanent en el satèl·lit i utilitzar-lo com a trampolí per arribar més enllà en el futur, a Mart o a algun asteroide.

https://www.lavanguardia.com/ciencia/20181007/452207539894/plan-pisar-luna-aniversario-nasa-estacion-espacial-mision-astronautas.html

Cuando van a celebrarse los 50 años de la llegada de los primeros astronautas a la luna, y está a punto de estrenarse en los cines la película ‘First Man’ sobre Neil Armstrong y el programa Apolo, la NASA vuelve a tener un plan para enviar misiones tripuladas al satélite.

Pero lo hará de manera muy diferente a como lo hizo la primera vez. En esta ocasión, no será una carrera espacial para llegar antes que los comunistas de la Unión Soviética. Será un trabajo en equipo en el que podrán participar otros países que ya cooperan con EE.UU. en la Estación Espacial Internacional (EEI).

La NASA tiene programada la primera misión con astronautas para el 2023

Llegar a la luna no será el objetivo final sino el punto de partida para establecer una presencia humana permanente en el satélite y utilizarlo como trampolín para llegar más allá en el futuro, a Marte o a algún asteroide.

Y no será una iniciativa financiada únicamente con fondos públicos, sino un proyecto en que el gobierno de Washington espera que tengan protagonismo empresas privadas –lo cual puede garantizar su éxito a largo plazo o bien ser su condena, según cómo se desarrollen los acontecimientos, ya que la viabilidad de los proyectos espaciales, cuando son tecnológicamente posibles, siempre acaba siendo cuestión de dinero–.

La ESA aporta el sistema de propulsión de la cápsula Orion en que irán los tripulantes

Ha sido la administración Trump quien ha desempolvado la idea de volver a la luna, que nadie ha visitado desde que se marcharon los últimos astronautas del programa Apolo en 1972. Los nuevos planes, en realidad, no son tan nuevos. Están inspirados en el programa Constellation que la Administración Bush impulsó después del accidente del shuttle Columbia en el 2003, cuando se llegó a la conclusión de que mantener la flota de transbordadores era prohibitivo y se reorientaron las prioridades de la NASA hacia el regreso a la luna. Aquel programa preveía construir nuevos cohetes y cápsulas para volver a enviar astronautas a la luna a principios de la década del 2020.

Sin embargo, la Administración Obama canceló el programa Constellation cuando una auditoría reveló que los objetivos eran inalcanzables con las previsiones presupuestarias heredadas de la era Bush. El gobierno Obama prefirió renunciar a la luna y fijarse como objetivo la colonización de asteroides próximos a la Tierra, así como fomentar la participación de compañías en el sector del espacio.

La superficie de la luna fotografiada por astronautas del programa Apollo

La superficie de la luna fotografiada por astronautas del programa Apollo (NASA)

Para Trump, Obama obró mal, también en política espacial. El pasado diciembre Trump firmó una orden en la que instaba a la NASA a reorientar su programa de vuelos tripulados para volver a la luna. En marzo, en los nuevos presupuestos aprobados por el Congreso de Washington, a la NASA se le adjudicaron 20.700 millones de dólares (unos 18.000 millones de euros), lo que representa un incremento de 1.100 millones de dólares respecto al año anterior.

Este dinero ayudará a financiar dos elementos clave del futuro programa de exploración lunar. Por un lado, el gran cohete Space Launch System (SLS), que en el 2018 ha recibido una inyección de 2.150 millones de dólares (unos 1.900 millons de euros). Inspirado en el Saturno V que llevó a los astronautas del programa Apolo a la luna, será un cohete que se lanzará no más de una o dos veces al año y que se reservará para grandes ocasiones. Con capacidad para enviar cargas de hasta 37 toneladas a la luna, la NASA lo presenta como el más potente jamás construido. Su primer lanzamiento, no tripulado por precaución, está previsto actualmente para junio del 2020. El segundo, ya con astronautas, para el 2023.

Los astronautas irán en la parte superior del cohete a bordo de una cápsula Orion diseñada para cuatro tripulantes. La cápsula se está desarrollando en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA) y EE.UU. le ha adjudicado 1.350 millones de dólares en el presupuesto federal del 2018. Mientras EE.UU. se encargará del módulo habitable de la cápsula, que se reutilizará en misiones sucesivas, Europa aportará el llamado módulo de servicio, que incluirá los sistemas de propulsión y que será de un solo uso.

Imagen virtual de la estación espacial Gateway alrededor de la luna con una cápsula aproximándose

Imagen virtual de la estación espacial Gateway alrededor de la luna con una cápsula aproximándose (NASA)

El primer viaje de Orion a la luna está programado para el 2020, coincidiendo con el primer lanzamiento del cohete SLS. Consisitirá en una misión de tres semanas en que la cápsula se situará en órbita alrededor del satélite y después regresará a la Tierra con un amerizaje en el Pacífico frente a la costa de California.

Dos años después, en el 2022, está previsto que se inicie la construcción de la primera estación espacial situada en órbita alrededor de la luna. Llamada Gateway (entrada, en inglés), la NASA espera utilizarla como vía de acceso de los astronautas a la superficie lunar a finales de la próxima década, y posiblemente como punto de partida de misiones a Marte más adelante.

Será una estación pequeña, con 55 metros cúbicos (m3) de espacio habitable (o una sexta parte de los 388 m3de la EEI actual) y con capacidad para cuatro astronautas (frente a los seis de la EEI). Tendrá una órbita elíptica muy alargada, que la acercará a 1.500 kilómetros de la luna en el punto más próximo y la alejará a 70.000 kilómetros en el más lejano –o aproximadamente una quinta parte de la distancia de la Tierra a la luna-.

Según las previsiones de la NASA, la estación Gateway puede estar lista para recibir a sus primeros astronautas a mediados de la próxima década. Pero, a diferencia de la EEI, la estación lunar no estará siempre habitada ya que sería demasiado caro enviar astronautas allí con frecuencia con cohetes SLS. Cuando esté deshabitada, se aprovechará la instalación para obtener datos y realizar experimentos de manera automatizada.

A más largo plazo, aunque aún sin presupuesto ni calendario, la NASA y la ESA han adelantado la idea de construir una base en la superficie lunar en la que los astronautas podrían permanecer durante semanas o meses. Según el plan propuesto hace dos años por Jan Wörner, director general de la ESA, el Moon Village (o Aldea Lunar) sería un punto de encuentro y colaboración entre los países interesados en la exploración lunar, así como entre agencias espaciales y compañías privadas.

Imagen virtual de la cápsula Orion para futuros vuelos tripulados a la luna

Imagen virtual de la cápsula Orion para futuros vuelos tripulados a la luna (NASA)

Así, podrían participar en una futura base lunar los países que ya colaboran actualmente en la EEI –EE.UU., Rusia, Japón, Canadá y los miembros de la ESA–. Podrían sumarse también India (que el próximo 3 de enero tiene previsto lanzar un todoterreno a la luna) e Israel (con quien la NASA ha firmado esta semana un acuerdo para colaborar en la luna). Y podrían entrar incluso empresas interesadas en la explotación comercial de la luna como Space X (que el 17 de septiembre anunció que enviará el primer turista a la luna en el 2023, aunque es una compañía que suele incumplir los calendarios que anuncia). Más difícil será que China se integre en un programa internacional de exploración lunar después de que EE.UU. no facilitara su participación en la EEI y el gobierno de Pekín decidiera desarrollar por su cuenta su programa espacial, que también incluye misiones a la luna.

Para que todos estos planes se hagan realidad, va a hacer falta más dinero. Los fondos llegarán en parte de los que ahora se destinan a la estación espacial. La administración Trump ha anunciado que EE.UU. dejará de financiar la EEI a partir del 2025 después de que la Administración Obama se comprometiera a mantener su participación hasta el 2024. Si esta decisión se mantiene, los socios de la EEI decidirán previsiblemente cerrar la instalación y hundirla en el Pacífico en la segunda mitad de la próxima década.

Pero la principal incógnita en torno al nuevo plan de la NASA para volver a la luna es la coherencia de la política espacial de EE.UU. El plan es técnicamente factible. Las tecnologías para construir una estación espacial alrededor de la luna, una cápsula para transportar astronautas y un cohete lo bastante potente para llegar hasta allí están desarrolladas. Las tecnologías para empezar a construir una base habitable en la luna, pese a que falta mejorarlas, también. Sin embargo, después de que la Administración Bush corrigiera las prioridades de la era Clinton, Obama corrigiera las de Bush y Trump haya corregido las de Obama, nada garantiza que el próximo presidente vaya a mantener los nuevos planes de exploración lunar.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *