Júpiter té 11 llunes noves i una “bestiola estranya” en la seva òrbita

Anem avançant a poc a poc en el coneixement del nostre univers. 11 satèl·lits nous per Júpiter. Una que gira en sentit contrari a totes les altres. Ara ens faltaria saber perquè. Per als científics, aclarir “les complexes influències” que van donar forma a la història orbital d’una lluna pot oferir dades sobre els primers anys del nostre Sistema Solar.

https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20180717/jupiter-12-lunas-nuevas-bicho-raro-6948308

Júpite se acaba de convertir en el planeta del Sistema Solar con más satélites después de que un grupo de astrónomos hayan descubierto una docena de nuevas lunas que orbitan el cuerpo celeste. Ahora, con un total de 79 lunas a su alrededor, el estudio del planeta más grande de nuestro sistema planetario sigue arrojando grandes novedades.

Las nuevas lunas

La primera pista sobre estas nuevas lunas de Júpiter se tuvo la pasada primavera, cuando un equipo del estadounidense Instituto Carnergie dirigido por Scott Sheppard examinaba el cielo en busca de objetos muy lejanos como parte de la “caza” de un posible planeta más allá de Plutón, conocido como planeta X o nueve. “Júpiter simplemente estaba en el cielo cerca de los campos de búsqueda donde estábamos buscando objetos del Sistema Solar extremadamente distantes, así que pudimos encontrar afortunadamente nuevas lunas alrededor de Júpiter mientras, al mismo tiempo que buscábamos planetas en los límites de nuestro Sistema Solar”, afirma Sheppard.

El Centro de Planetas Menores de la Unión Astronómica Internacional usó los datos obtenidos para calcular las órbitas de la nuevas lunas, un proceso que se prolongó un año pues, según explicó uno de sus expertos, Gareth Williams, “hacen falta varias observaciones para confirmar que un objeto realmente orbita Júpiter”.

 

Júpiter se ha convertido en el planeta del Sistema Solar con más lunas / NASA-CASSINI

Nueve de las lunas son parte de una nube exterior que orbita Júpiter en dirección contraria al giro del planeta, tardan unos dos años en darle la vuelta y se cree que son los restos de tres cuerpos celeste más grandes que se rompieron por colisiones. Otras dos forman un grupo interior más cercano a Júpiter al que orbitan en la misma dirección que la rotación del planeta, con distancias orbitales y ángulos de inclinación similares, por lo que también podrían ser parte de una luna mayor. La última luna es “realmente un bicho raro”, en palabras de Sheppard, quien explicó que se trata de un luna que tiene una órbita que no se parece a ninguna de los otros satélites de Júpiter.

La extravagante Valetudo

Y es que Valetudo (nombre propuesto en honor a la diosa de la salud y la higiene, bisnieta del dios romano Júpiter) mide solo un kilómetro y medio de diámetro, por lo que es probable que sea la luna más pequeña de Júpiter. Este pequeño satélite se sitúa entre el grupo de nueve lunas más exteriores, está más inclinada que el resto y tarda aproximadamente 18 meses en completar su órbita.

Pero lo más llamativo es su órbita, pues gira alrededor de Júpiter en la misma dirección que el giro del planta, o lo que es lo mismo, se mueve en dirección contraria que las del resto de su grupo, por lo que se cruza con ellas y hace mucho más probable que se produzcan colisiones frontales. El equipo considera que esta pequeña luna “extravagante” podría ser el último remanente de una satélite mayor que formó parte de alguno de los grupos lunares.

Nuevos horizontes

Para los científicos, aclarar “las complejas influencias” que dieron forma a la historia orbital de una luna puede ofrecer datos sobre los primeros años de nuestro Sistema Solar. Por ejemplo, saber que en los diversos grupos orbitales de Júpiter siguen siendo abundantes la lunas más pequeñas “sugiere” que las colisiones de las que se originaron ocurrieron después de la era de la formación del planeta, cuando el Sol todavía estaba rodeado por un disco giratorio de gas y polvo del cual nacieron los planetas.

El descubrimiento inicial de la mayor parte de las nuevas lunas de Júpiter si hizo con el telescopio Víctor Blanco, de Cerro Tololo, en Chile, que recientemente fue mejorado con una cámara de energía oscura, que le convierte en “una potente herramienta” para vigilar el cielo nocturno en busca objetos débiles, en referencia a su brillo.

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