La producció clandestina de gasos CFC a Àsia amenaça la capa d’ozó

L’escut protector que protegeix la Terra de les radiacions solars és anomenat capa d’ozó. La radiació que prové del sol és anomenada llum ultraviolada, i és responsable de nombroses calamitats com el càncer de pell, gasos de l’efecte hivernacle i cert mal als cultius. Si no fos per la presència de la capa d’ozó, la vida a la Terra seria insostenible. No obstant això, els CFC (clorofluorocarburos )han debilitat la capa d’ozó, causant-li un aprimament .

Un estudi publicat a ‘Nature’ conclou que s’està produint de nou un dels gasos clorofluorocarbonats prohibits pel protocol de Mont-real. L’estudi, liderat per l’investigador Stephen Montzka, demostra que encara que l’efecte de les mesures contra el forat de la capa d’ozó van portar a una disminució constant de la concentració del CFC-11 entre els anys 2002 i 2012, aquesta es va alentir a partir d’aquesta data. La concentració geogràfica de la presència d’aquest gas, detectada per diversos observatoris des de Groenlàndia fins al Pol Sud, suggereix que les emissions poden estar produint a Àsia, probablement a la Xina, Mongòlia o la península de Corea.

https://www.elperiodico.com/es/medio-ambiente/20180516/produccion-clandestina-gas-capa-ozono-6823145

Algo extraño le puede empezar a suceder a la capa de ozono. Aunque la concentración en la atmósfera de los gases clorofluorocarbonos teóricamente debería estar reduciéndose a mayor ritmo, desde el año 2012 se ha activado una misteriosa fuente de emisiones, de origen desconocido, que ha frenado en un 50% la tasa de disminución de uno de estos gases en la atmósfera, el triclorofluorometano (CFC-11). Un estudio elaborado por científicos de la agencia meteorológica de EEUU, la NOAA, publicado en la revista científica ‘Nature’, sostiene que han aparecido “nuevas fuentes de producción” de este gas, el segundo más dañino de los productos que fueron identificados como los culpables de la creación del agujero en la capa de ozono que incrementó la exposición de la Tierra a los rayos ultravioletas.

La extensión máxima del agujero de la capa de ozono en 2017, alcanzada en septiembre, fue de 19,6 millones de kilómetros cuadrados, según los cálculos de la NASA y la NOAA, mientras que la media desde 1991 fue de 26 millones de kilómetros cuadrados. Una disminución que ha avanzado acompañando la reducción de la concentración de estos gases en la atmósfera desde su prohibición.

Sin embargo, este ritmo de reducción podría retrasarse al menos 10 años más respecto a las previsiones que cuentan con un cumplimiento efectivo del protocolo de Montreal, mediante el cual se establecieron en 1987 mecanismos para eliminar gradualmente la emisión de los CFC y que se mostró, ante el posterior reto de la lucha contra el cambio climático, como el modelo de éxito (ahora cuestionado) de actuación coordinada contra un problema ecológico global.

Producción clandestina

El estudio, liderado por el investigador Stephen Montzka, demuestra que aunque el efecto de las medidas contra el agujero de la capa de ozono llevaron a una disminución constante de la concentración del CFC-11 entre los años 2002 y 2012, esta se ralentizó a partir de esa fecha.”Este incremento no está relacionado con la producción anterior, sino que sugiere que está vinculado a una nueva producción que no ha sido reportada y que no concuerda con el protocolo de Montreal”, señala el estudio.

La variación detectada por el estudio se refiere solo al segundo gas más dañino de los regulados por el protocolo de Montreal, el triclorofluorometano (CFC-11), utilizado en la elaboración de espuma, desengrasantes y refrigeración, y no se ha detectado en cambio en los gases CFC-12 y CFC-13. La concentración geográfica de la presencia de este gas, detectada por diversos observatorios desde Groenlandia hasta el Polo Sur, sugiere que las emisiones pueden estar produciéndose en Asia, probablemente en China, Mongolia o la península de Corea.

Según el modelo elaborado por los autores del estudio, los datos recogidos se explicarían por un incremento de las emisiones de CFC-11 de 13.000 toneladas métricas a partir del 2012 a pesar de que oficialmente la producción de este gas debería ser prácticamente de cero desde el año 2006, según los reportes de los países firmantes del protocolo de Montreal. Las emisiones desprendidas por la espuma y maquinaria fabricada antes del 2006 y que contenía CFC-11 no son suficientes para explicar el fenómeno. El CFC-11 permanece en la naturaleza 50 años, pero procesos naturales eliminan de la atmósfera el 2% de este gas anualmente. Tampoco es suficiente como explicación que un proceso de producción poco riguroso de otros componentes esté generando CFC-11 como subproducto. Así que solo queda una explicación, la producción clandestina de este gas prohibido. Sus sustitutivos para la elaboración de espumas para muebles y aislamiento de viviendas son más caros.

“Como detectives de la atmósfera”

“Es la observación más sorprendente e inesperada que he hecho en mis 27 años de mediciones”, dice el autor del estudio, Strephen Montzka, químico de la NOAA. “Estamos actuando como detectives de la atmósfera, intentando entender qué está sucediendo y por qué”, añade. Según Ross Salawitch, un científico atmosférico de la Universidad de Maryland no relacionado con el estudio, esta “producción clandestina”, en caso de continuar, “podría amenazar la recuperación de la capa de ozono”. “Es de importancia crítica que identifiquemos las causas de estas emisiones para tomar las acciones necesarias”, opina el director ejecutivo del programa de Medio Ambiente de la ONU, Erik Solheim.

El año pasado, Montzka fue uno de los firmantes de otro artículo que señalaba el incremento de la concentración de otro gas no regulado por el protocolo de Montreal, el diclorometano, que también tiene algún efecto, aunque menor, sobre la capa de ozono.

https://muyfitness.com/como-afectan-los-cfc-a-la-capa-de-ozono_13065105/

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