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Una educació per a la sostenibilitat no se centra només en l’alfabetització i el mercat laboral

Entrevista a Erik Assadourian. L’investigador del Worldwatch Institute, parla de l’escola com a eina clau per combatre l’amenaça del canvi climàtic.  Idees que comparteixo plenament.

Destaquem:
“El sistema educatiu està empitjorant perquè crea estudiants que són bons consumidors”.
“La negació del canvi climàtic és un pensament continu en una economia creixent. Aquest model de consum no funciona”.

http://www.eldiario.es/sociedad/ecologia-educacion-educacion_sostenible_0_694330975.html

La responsabilidad de los centros educativos ante el cambio global y su necesidad de transformación para que sus alumnos habiten de forma sostenible el planeta es el tema central del libro Educación ecosocial. Cómo educar frente a la crisis ecológica. Este texto, editado por FUHEM Ecosocial e Icaria, forma parte de un proyecto global coordinado por Erik Assadourian, investigador senior del Worldwatch Institute, en el que se realiza una investigación sobre la situación del mundo y el papel fundamental de la educación para combatir el cambio climático.

¿En qué consiste la educación ecosocial? ¿en qué deberían centrarse las familias y profesores para educar a los estudiantes en una crisis ecológica como la actual?

Lo más importante es la educación para la sostenibilidad y la resiliencia. Los niños deben construir un futuro sostenible y tienen que estar preparados para ser líderes en época de crisis, ayudar a su comunidad en cambios económicos o desastres naturales, como lo que está sucediendo en Puerto Rico. Que sepan hacer frente a la sequía o a conflictos que suceden a menudo en áreas con climas extremos. Para ello necesitan tener conocimientos científicos, una situación que en Estados Unidos es complicada porque muchos padres y profesores mantienen la negación del cambio climático.

También necesitan adquirir habilidades sociales y emocionales, que conozcan el exterior, que tengan conocimientos sobre ecología y sepan que deben ser responsables para cuidar el planeta. Hay muchos elementos interconectados, no es solo una estructura educativa holística como la actual con modelos centrados en la alfabetización y el mercado laboral. Además, últimamente está empeorando porque crean estudiantes que son buenos consumidores. Hay mucha actividad comercial dentro de la educación.

Usted destaca que la educación para la sostenibilidad no consiste solo en difundir las 3R (reciclar, reutilizar y reducir), ¿cómo debería evolucionar ese lema?

Necesitamos nuevas R. Ahora mismo tengo cuatro en mente: repensar, reconectar, resistir y reconstruir. Tenemos que resistir a la influencia de las empresas en el colegio, la negación del cambio climático es un pensamiento continuo en una economía creciente. Obviamente este modelo de consumo no funciona, tendremos que reconstruir algo nuevo.

En Estados Unidos hay colegios rodeados, de forma estratégica, por una gran cantidad de negocios de fast food. Otros centros cuentan con máquinas que venden refrescos y bollería industrial. ¿Cómo se puede educar a los estudiantes para que consuman de forma sostenible?

La situación es más crítica. En un capítulo del libro hablamos sobre la comercialización de la infancia en los colegios. El autor describe una situación que sucede en EE UU, se conoce como las McNoches del profesor.

Como de forma crónica las escuelas están escasas de fondos e incluso los centros públicos se lanzan a recibir aportaciones privadas, McDonalds explota esa situación con la organización de eventos en los que los profesores llegan a ponerse el uniforme de la compañía de comida rápida.

Cuando alguien, que es un ejemplo a seguir [para los alumnos], se pone un determinado uniforme, ayuda a normalizar estos establecimientos que venden comida poco saludable. En Los Ángeles se está tratando de prohibir esas prácticas. Pero los daños ya están hechos. Tenemos que readaptar la educación y reorientarla hacia la dirección correcta. En EE UU hay compañías que llegan a pagar por material que meten en las clases, una petrolera puede conseguir que su perspectiva sobre el cambio climático se introduzca en las aulas.

Si la obesidad infantil es una de las preocupaciones actuales de las administraciones públicas, ¿por qué permiten estas actuaciones?

Es corrupción. Que a estas actuaciones las denominemos influencia corporativa sirve para blanquear la corrupción. Estas empresas tienen mucho poder, son fuertes lobbies y cuentan con estrategias de marketing. Así consiguen que se normalice que los niños coman en McDonalds una o dos veces a la semana. Los menores ven todos los días esta marca y estas corporaciones presionan para evitar que los miembros del Gobierno lo regulen mejor.

Recientemente se han publicado unos estudios sobre Nestlé. En ellos explicaban que la tasa de obesidad se ha disparado desde que sus vendedores van puerta a puerta a ciudades remotas de Brasil, u otros lugares de Latinoamérica. Así las dietas indígenas y tradicionales, basadas en comida saludable, se han ido reemplazando por bebidas azucaradas, comida envasada y dulces. Actualmente, esta alimentación procesada es nuestra dieta y le sirve a mucha gente para ganar mucho dinero.

Assadourian y Luis González (FUHEM) durante la presentación del libro
Assadourian y Luis González (FUHEM) durante la presentación del libro JAVIER MARTÍN/FUHEM

Aluden a la necesidad de instruir a los menores sobre la dependencia que tienen de la tierra y de incidir en la relación de los niños con la naturaleza. ¿Esta vinculación ayuda a combatir los modelos de alimentación que critica?

Mi hijo nunca ha pisado un McDonalds, sin embargo lo puede identificar perfectamente porque sus establecimientos y su publicidad está en todos sitios. Le explico que los alimentos no son saludables y me pregunta: ‘¿Por qué la gente va a ahí?’ Por un lado, le explicamos por qué no vamos, por otro hay que llenar ese vacío con algo positivo. Nosotros pasamos mucho tiempo en la naturaleza, plantando semillas, creando un huerto, así él ve cómo crecen los vegetales, los aplasta, los corta, se los come porque los ve crecer. Así mejoramos su dieta.

Tener a los niños fuera genera conexiones más profundas con la tierra, construye esas relaciones. Una de las prioridades de los padres debe consistir en reemplazar las típicas tendencias antieducativas con oportunidades para conectarles con la naturaleza y que adquieran pensamiento crítico. No es sencillo para los progenitores, para ellos es una reeducación porque no suelen cocinar, no tienen habilidades en la jardinería.

Si contextualizamos este requerimiento en nuestro país, con un entorno laboral precario, hay muchas familias que no cuentan con el tiempo o los recursos necesarios para esas exigencias. ¿No debería ser una responsabilidad también de las administraciones? 

Sí, pero tenemos que volver a la cuestión del poder político. Debería ser una prioridad de los gobiernos y en algunos países sí que lo es. En aquellos en los que hay menos corrupción, lo hacen. En Suecia las madres tienen una baja de maternidad amplia, las familias cuentan con más tiempo libre. Los niños pasan más tiempo fuera. Están mas centrados en jugar. Hay grandes ejemplos de esto, pero también hay muchos países que no lo priorizan y optan por la influencia de las empresas en las escuelas.

En los países en los que este modelo sí que funciona, ¿cómo se implementa? ¿Qué papel juega la ecología en su programa educativo?

Los países escandinavos, Alemania y Suiza son líderes. Su sostenibilidad está más integrada en el currículum educativo, enseñan un pensamiento sistémico. En estos estados la Educación Infantil se desarrolla en la naturaleza. No hay razones por la que un niño de cinco años deba estar sentando en clase. Su rutina se tendría que centrar en jugar cultivando una profunda conexión con la naturaleza. Los niños de preescolar deben ser libres, sin miedo a las plantas, a los insectos y sin temor a tomar algún riesgo, como subirse a un árbol o jugar con fuego. Pasar así el tiempo supone una mejor utilización de los cinco años que pasar el día en una clase leyendo letras.

Los finlandeses son líderes en esto. Ellos aseguran que si se empieza la alfabetización a los seis o siete años en lugar de a los cuatro o cinco, sus alumnos están tan cultivados como los de otros países. Pero a los jóvenes de esta nacionalidad les gusta leer más que a los niños de otros países, porque no ha sido un proceso forzado. Esto demuestra que no hay problemas en empezar la alfabetización más tarde y sí hay beneficios en pasar esos años conectados con la naturaleza, cultivando la independencia y la creatividad.

¿En qué consiste la Educación Infantil en la naturaleza a la que elude?

Los alumnos pasan cinco días de la semana en la naturaleza. En el libro describimos el esfuerzo que realizan algunas escuelas públicas que tratan de sacarles fuera de clase un día a la semana. La Educación Infantil en la naturaleza suele extenderse dos años. Esta docencia no cuenta con un edificio, hay veces que les aportan una sábana o una pequeña cobertura para que se sienten ahí si está lloviendo. Los profesores animan a los pequeños a que jueguen en la lluvia, que jueguen mientras hace frío, cuentan con ropa apropiada, por su puesto que no quieren que se pongan malos. Pero finalmente los niños se pasan el día fuera, jugando. También hay tiempo para que les cuenten historias alrededor de fuego, pero la mayoría de los niños están jugando con la madera y aprendiendo sobre insectos y árboles.

Además de incluir la educación ecosocial en las formaciones obligatorias, también reseña la necesidad de incluirla en las carreras universitarias. ¿Se licencian alumnos sin conocimiento básicos sobre sostenibilidad?

Cuando los alumnos se gradúan en Economía puede ser que no les hayan hablado de que el sistema económico es un subconjunto del ecosistema. Lo tratan como un sistema puro, independiente. Pero la economía crece en un planeta limitado. No va a ser infinito. Un ejemplo simple, la sostenibilidad  se debe explicar a los ingenieros, a los agrónomos no se les plantea necesariamente tampoco la agricultura sostenible.

En la mayoría de las disciplinas necesitan graduarse con conocimientos sobre sostenibilidad porque el sistema está cambiando muy rápido. En las universidades no se enseña a los jóvenes sobre cómo conseguir una senda sostenible, sobre las crisis que están llegando, no se les prepara para el futuro. La educación superior y la formación profesional tienen que ser repensadas.

Usted es investigador senior del Worldwatch Institute, radicado en Washington D.C. ¿Cuál es el futuro de la educación ecosocial en su país con un presidente que no cree en el cambio climático?

La situación es complicada pero no es una novedad. Miembros de la administración están teniendo encuentros con portavoces de la industria e ignorando las preocupaciones medioambientales. Sin duda, será perjudicial en los próximos tres años y esperemos que no sean siete, pero también está movilizando a la gente más de lo normal. Solíamos ser una población bastante pasiva y se está convirtiendo en una oportunidad para combatir el cambio climático.

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