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Estem al Titànic, no a l’Endurance

L’Endurance va ser el vaixell trencaglaç en el qual es va dur a terme el 1914 l’Expedició Imperial Trans-Antàrtica, també coneguda com l’Expedició Endurance.

El Titànic va ser un transatlàntic britànic, el vaixell més gran del món en finalitzar la seva construcció, que es va enfonsar en la nit del 14 a la matinada del 15 d’abril de 1912 durant el seu viatge inaugural.

La societat del Titànic no era una societat de permacultors, ni un congrés de monjos budistes, ni tampoc tan “senzilla” com la societat de l’Endurance …

http://crashoil.blogspot.com.es/2017/10/estamos-en-el-titanic-no-en-el-endurance.html

Queridos lectores,

Carlos de Castro y Luis González Reyes han escrito sendos artículos en contestación al de Eduardo García Díaz de la semana pasada sobre el rol de la complejidad en el descenso. Les ofrezco en una primera entrega la réplica de Carlos de Castro, y en la segunda les ofreceré la de Luis González Reyes.

Salu2,
AMT
Estamos en el Titanic, no en el Endurance

Establezco una analogía que empleamos muchos aquí: La del Titanic. El barco es lo que llamaríamos nuestra Civilización Capitalista (productivista lo amplía más para incluir los casos de la URSS y Hitler al menos).

Una vez que chocó con el iceberg, el Titanic ya estaba perdido. A eso nos referimos los “deterministas del colapso”. Si no se está de acuerdo con esto, entonces no se está de acuerdo en el diagnóstico, definamos como definamos esas abstracciones que discutimos aquí. Si lo que se piensa es que nuestra civilización está divisando el iceberg, entonces el diagnóstico es diferente y el problema y sus soluciones son diferentes, si lo que se piensa es que hemos chocado pero se puede evitar tecnológicamente el hundimiento, el problema y sus soluciones son diferentes (y esto es básico dilucidarlo; en mi opinión, tratar de salvar el Titanic con energías renovables y agricultura ecológica solo, en realidad es utilizar los botes salvavidas como flotadores del Titanic). En estos últimos casos, podemos intentar salvar el Titanic y, por supuesto, a toda la gente que habita el Titanic. En el primer caso, no podemos (ni debemos), porque es una pérdida de recursos y de tiempo con el riesgo de que se ahoguen todos, intentar salvar el Titanic, pero sí podemos (y debemos) salvar al mayor número de personas posibles.

En el Titanic se pasó a los botes salvavidas, mucho menos complejos –los midamos como los midamos- que el mismo Titanic. Esto ha pasado siempre en cualquier hundimiento/colapso de civilización. Es más, dentro de cada bote salvavidas, la “sociedad” es menos compleja que en el mismo Titanic y la forma de vida más “simple”: todos a una a remar, salvar a otros, ir a otros barcos y poco más, no creo que nadie se pusiera a ligar, a hablar de fútbol o del independentismo escocés, daba igual que fueras tenista, cantante, monje o cocinero, las relaciones, ya en los botes, serían plenas de emociones, la proximidad de la muerte cambaría radicalmente a las personas y seguramente las haría más profundas, se iniciarían amistades impensables en la sociedad del Titanic, pero eso vendría justamente luego, quizás a partir de que subieran a los barcos de rescate (las nuevas civilizaciones). Pero, desde la consciencia de la inevitabilidad del hundimiento hasta los barcos de rescate, se estuvo en un estado de emergencia, caótico a veces. Lo relevante no fue ir alegres y cantando felices a los botes –algo que me parece a veces que pretenden los que me dicen que no se debe “alarmar” con “catastrofismos”, y que creo que en el fondo la diferencia radica en una diferencia en el diagnóstico-.

La “sociedad” del Titanic, no estaba preparada para salvarlo (aunque en teoría alguien hiciera dudosos cálculos técnicos sobre la flotabilidad del Titanic con botes salvavidas debajo), y ni siquiera fue eficaz a la hora de ir a los botes. Y con eso cuento y deberíamos contar, porque forma parte también de los “límites” (barreras sociológicas que saltar). La sociedad del Titanic no era una sociedad de permacultores, ni un congreso de monjes budistas, ni tampoco tan “sencilla” como la sociedad del Endurance (que sí fue capaz de ser mucho más eficaz a la hora de salvar a la gente). Ninguna sociedad puede salvar el Titanic, ni la que lo ha construido y habita en él, ni otra “externa”; así como tampoco una monja budista en el Titanic habría podido salvar a todos (además, no había botes para todos).

Durante la catástrofe humana que se nos viene lo más importante, lo único importante ahora, es qué hacer y cómo comportarnos para acceder a los botes, algo en lo que tiene más relevancia la moral y qué salvamos de ella en momentos críticos que cuestiones tecnológicas de a cuántos podemos apretar en cada bote sin hundirlo (aunque ambas se entrelazan: “todo se realimenta”). NUESTRA sociedad está sesgada –no hablo de un limitante biofísico, pero sí de un fuerte sesgo- hacia comportarse de la peor manera ante momentos críticos (recientemente les pasó a los alemanes en la época de Hitler y se vio en el Titanic): lo vemos por doquier en cada cuestión que vemos en estos primeros momentos tras el choque del Titanic: rescate a los bancos en vez de a las personas en la crisis del 2008, tensiones resueltas violentamente, sea con actos terroristas o con las respuestas estatales, fracking en medio del caos climático… seguro que todos podemos poner muchos ejemplos, todos ellos con un punto a destacar: ¿qué resiliencia ética y moral tiene ESTA sociedad? (y aquí soy particularmente optimista cuando la pregunta se cambia a ¿qué resiliencia ética y moral tiene el ser humano?).

En cuanto al meollo del artículo de Eduardo, creo que algunas ideas son pertinentes y pueden ayudarnos en el análisis del colapso, pero creo que confundimos algunas cosas cuando hablamos de determinismo termodinámico, metabolismo biológico o social etc.

Eduardo puede dar la impresión de que los “deterministas”, termodinámicos o los que establecemos analogías con sistemas metabólicos complejos, pretendemos “determinar” las salidas del sistema de forma concreta y absoluta (y cuando nos atacan dialécticamente pareciera incluso que nos alegramos de la situación). En realidad lo que hacemos es poner límites, no pretendemos, creo, decir, que la ley de la conservación de la energía lo explica todo, sino que cualquier sistema: químico, biológico, sociológico o mental, debe cumplir esa ley. Supongo que aquí estamos todas de acuerdo. También estaremos de acuerdo en decir que el tiempo se agota en el sentido de que cada vez “determinan” más los límites biofísicos las posibles salidas (se van estrechando las elecciones).

Cuando yo afirmo con rotundidad que la pérdida de energía neta en el sistema humano se va a realimentar con otras pérdidas biofísicas y que éstas se van a realimentar con las barreras que imponen las inercias de la “complicación” social que hoy tenemos, y que esto hace inevitable el colapso y hace inevitable una pérdida de complejidad del sistema humano (la midamos como la midamos), mi afirmación es contundente y no veo nada de lo que argumenta Eduardo que la desmonte.

Por ir al grano con ejemplos: la permacultura es una forma social de no muy alto consumo exergético (pero sí de un alto consumo de recursos temporales y geográficos) que además requiere, pensamos, de una sociedad compleja, más compleja quizás que la que hoy tenemos si la medimos con los parámetros que Eduardo propone. Estoy de acuerdo con Eduardo.

Pero lo que afirmo también es que:

1º la permacultura no se puede extrapolar a 8000 millones de personas en este planeta y su “degradación” actual (y salvo una guerra atómica general o similar la “inercia” nos va a llevar temporalmente ahí y más), pero sí quizás a 1000 millones o quizás algunos más (recordemos: no hay botes salvavidas para todos porque se ha diseñado mal el Titanic), por tanto hay que visualizar como decrecer en población humana sin que eso nos lleve a una situación caótica, sea por vía de la permacultura o por cualquier otra, pero partiendo de ESTA sociedad.

Lo que seguramente pase es que la descomplicación del colapso capitalista conduzca a riesgos de tensión que hagan menos compleja ESTA sociedad en el paso a otra sociedad que queremos que sea más compleja con menos energía: por eso en parte necesitamos que sea más compleja que esta porque queremos que sea más eficaz que esta; les recuerdo que los sistemas competitivos son más simples e ineficaces que los coordinados/cooperativos, y a las pruebas de los metabolismos biológicos me remito, pero basta visualizar lo sencillo que es el correr 100 metros en pura competición frente al sistema competitivo/cooperativo del fútbol, mucho más complejo.

Si el capitalismo, con su sacrosanta competitividad, no ha colapsado hace siglos es porque los sapiens nos empeñamos en cooperar, aunque a base de siglos de “endoculturización” la gente se va transformando, y por eso, las barreras sociológicas han ido creciendo al tiempo que los límites biofísicos han ido descendiendo. En la época de los “realistas” -Goethe, Humboldt, Lamarck…- quizás hubieran estado mejor preparados si se hubieran encontrado con nuestros límites, pero hoy… deberíamos contar con la menos resiliente generación de la historia para enfrentar precisamente lo que se nos viene encima: ¿no somos un poco también “organismos” simples en busca del facebook para subir un selfie? Contemos con ello con com-pasión (y repito, esto no es catastrofismo, tengo un optimismo, de base científica y emocional, en la “naturaleza” humana, por pesimista que sea de ESTA cultura).

2º Como es muy difícil definir complejidad, tendemos a asociar al menos grandes saltos cualitativos con saltos cuantitativos (más es diferente que decimos precisamente los que no somos reduccionistas). Por tanto, sí es verdad que una sociedad de muy baja energía no puede ser más compleja que una sociedad de muy alta energía, aunque sea verdad que una sociedad compleja como la permacultura -que no olvida ciencia y tecnología “apropiadas”- no necesite tanta energía como otras más “complicadas” como la nuestra. Un camello puede usar menos energía que un caballo en el desierto, pero ambos usan mucha más energía que una medusa. Más es diferente, pero se requiere el más. El Amazonas es ecológicamente más complejo –en casi cualquier parámetro que tratemos de pensar para medirlo- que el ecosistema natural del Sahara (y, ojo, que Gaia necesita a los dos), y el Amazonas usa más recursos energéticos y materiales que el Sáhara (entendidos como ecosistemas de vivientes), de hecho, termodinámicamente hablando: un sistema complejo tiene más probabilidades de encontrar caminos de disipación energética (aumentar la entropía rápidamente) que uno más simple, pero si efectivamente lo hace, el sistema complejo “metaboliza” más energía que el más simple. Y al hacerlo, queda estabilizado y abierto a una mayor complejidad. Por supuesto, luego hay grados de eficacia en cada contexto (con igual complejidad que un bosquimal o un inuit yo en sus ecosistemas sería como organismo menos eficaz energéticamente que ellos, pero no hablamos de pasar de inuit a bosquimal, hablamos de pasar de caballo pura sangre a medusa, en el océano).

Pues bien, lo que no se acaba de comprender es que vamos relativamente rápido en términos históricos a una sociedad con un orden de magnitud menos de energía neta -entre otros problemas-, y ese salto cuantitativo es tan brusco, que hace inevitable, durante las próximas generaciones humanas, que la sociedad se descomplejice profundamente (aunque le podamos sacar partido a la menor complicación). Por lo tanto el debate sigue siendo cómo hacer el colapso/descomplicación/descomplejización de ESTA socieddad para que no nos lleve a los escenarios MAd-MAx que queremos evitar casi todos –sospecho que algunas élites no-. Que vamos a vivir –se están viviendo- escenarios dramáticos es un “determinismo” biofísico/social”: sí,también hay límites temporales a lo que una sociedad puede cambiar desde su “estado” social, ese es, de hecho, lo que hace que Eduardo tenga razón, pero en el sentido contrario, cuando afirma que “la variable clave no es el límite biofísico sino la respuesta social a dicho límite”. Nuestra respuesta social no se hace desde la permacultura porque a escala mundial, que es lo pertinente, no existe la sociedad permacultura, sino que existe la sociedad capitalista/modernista/tecnólatra, etc., mucho más limitada en lo que puede hacer con los límites biofísicos que lo que haría una sociedad “permacultura”.

No estamos en el estado final al que queremos llegar que lo tendría “solo” muy difícil para adaptarse con un simple “decrecimiento” y un cambio en el tipo de complejidad social para salvarlo, sino que estamos en un sistema muy complicado de “ineficiente” complejidad, que tiene que lidiar con su colapso. Por eso Naess y algunos que comparamos nuestra civilización con un sistema complejo y eficaz que ante un problema de límites biofísicos (Gaia) lo resuelve aumentando su eficacia y complejidad, sabemos que a ese sistema podemos aspirar a partir del siglo XXII, pero es imposible partiendo del sistema que tenemos en el siglo XXI.

Una vez más, estamos en el Titanic, no en el Endurance, la tarea no es decirle a la gente que podemos ir a tierra y vivir sin los peligros de morir ahogados para que la gente no se asuste, la tarea, ahora, es decir eso, junto con: ahora tenemos que ir a los botes salvavidas y va a ser durísimo porque sabemos que no hay botes salvavidas para todos y esto está lleno de gente de 1ª clase con “instinto” de privilegiados, hagámoslo lo mejor que podamos pensando especialmente en los de 3ª clase (un tema moral, claro).

Por tanto, la literatura que cita y critica Eduardo creo que sigue acertando con el mensaje, y los matices de Eduardo pueden sernos útiles para ir pensando también en el siglo XXII y venideros; de hecho es justamente lo que hago yo con mi “ambivalencia” de modelos “colapsistas” de corto plazo –este siglo- + las “éticas gaianas” para el corto y largo plazo.

Carlos de Castro

 

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