superbacterias

La responsabilitat de les farmacèutiques en la resistència als antibiòtics

Sovint sentim parlar, sobretot d’un temps ençà, dels superbacteris o bacteris resistents als antibiòtics coneguts. Aquests superbacteris s’han convertit ja en una amenaça a escala mundial. Les projeccions indiquen que al llarg dels propers anys la xifra de morts per aquests microorganismes pot passar dels actuals 700000 per any a més de 10 milions al voltant de l’any 2050.

En tota aquesta problemàtica, i segons podem llegir en un article publicat al diari “ElDiario” (veure http://www.eldiario.es/ultima-llamada/Resistencia-antibioticos-responsabilidad-farmaceuticas_6_628247185.html), les empreses farmacèutiques i tenen a veure molt. I és que la contaminació de les fàbriques de medicaments a la India i la Xina està disparant l’aparició de superbacteris. A més d’aquesta acció de les farmacèutiques, cal tenir en compte per explicar l’expansió dels superbacteris  la sobremedicació de molts pacients i la medicació no adient, així com el mal ús que es fa dels antibiòtics en la cria d’animals. En resum, cal canviar i molt la nostre relació amb els antibiòtics per tal de solucionar el problema dels superbacteris.

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Resistencia a los antibióticos: la responsabilidad de las farmacéuticas

Las superbacterias resistentes a los antibióticos se han convertido en una amenaza a escala mundial

En la actualidad, unas 700.000 personas (25.000 en la Unión Europea) mueren al año por infecciones que no se pueden tratar con medicamentos. Las proyecciones apuntan a que esta cifra ascenderá a a 10 millones en 2050, según el informe Review on Antimicrobial Resistance

La industria farmacéutica forma parte del eslabón en la cadena de causantes y responsables de esta lacra. Son muchas las empresas que desarrollan fármacos en India o China y vierten sus residuos propiciando el marco perfecto para el desarrollo de superbacterias, que se propagan luego por todo el mundo

Descubren el "baile coordinado" de las bacterias en sistemas multicelulares

EFE

El pasado mes de enero una insólita noticia se coló en las portadas de numerosos medios de comunicación: una mujer fallecía en Nevada, Estados Unidos, a causa de una infección resistente a 26 antibióticos distintos. Esta infección fue causada por una mutación de la bacteria ‘Klebsiella pneumoniae’, o lo que es lo mismo: una superbacteria(como se conoce coloquialmente a las bacterias resistentes a los antibióticos). La mujer había enfermado tras ser hospitalizada en la India por una fractura de pierna. Este hecho bastante ordinario en la India o en China se convertía así en un suceso alarmante para el norte del mundo. La resistencia a los antibióticos es un problema que alcanza dimensiones globales y el papel que desempeña la industria farmacéutica en este es una pieza clave para entender cómo se ha llegado a esta situación.

Cada vez existen más evidencias de que las multinacionales contribuyen a extender la resistencia a los antibióticos con la contaminación que provocan sus centros de producción o los de sus proveedores. En el estudio publicado por SumOfUS, Medicamentos tóxicos: Cómo determinadas compañías farmacéuticas contribuyen al aumento de superbacterias resistentes a los antibióticos , se denuncia que las condiciones insalubres en los procesos productivos y el inadecuado tratamiento de los vertidos generados por la fabricación de antibióticos en China e India (donde se fabrican la mayor parte de nuestros medicamentos) se convierten en caldo de cultivo de las superbacterias.

Las investigaciones de Changing Markets publicadas en 2017, Resistencia a los antibióticos: Cómo la contaminación de las fábricas de medicamentos en India y China está disparando la aparición de las superbacterias, indicanademás que la industria farmacéutica con su compleja red de interconexiones y su característica opacidad, juega un papel protagonista en la crisis internacional de la resistencia a los antibióticos. Gran parte de las empresas denunciadas por la organización han sido señaladas por distintos medios de comunicación como responsables de vertidos en ríos y canales de China e India. Esta contaminación gradual trae consigo la proliferación de bacterias resistentes que “no son solo perjudiciales para las poblaciones locales, sino que también pueden propagarse por todo el mundo a través del transporte y el comercio”. El mensaje que envían es contundente: “Las malas prácticas en la producción local tienen un impacto en la salud pública mundial y por tanto es un problema que necesita ser abordado a nivel global”.

Según un informe de la OCDE, publicado en 2015, existe una relación estrecha entre la resistencia a los antibióticos y su consumo, tanto humano como animal. En consumo de antibióticos en el medio hospitalario, España se encuentra por encima de la media europea, con unas cifras estimadas del 46%, lo que nos sitúa en quinta posición en cuanto al consumo de antibióticos en Europa a nivel hospitalario. Sólo este dato puede darnos una idea de la tasa tan elevada de selección y diseminación de la resistencia a los antimicrobianos que existe en España.

Ante este escenario, la comunidad internacional ha dado por primera vez una respuesta conjunta y ha reconocido que el fenómeno de la resistencia antimicrobiana es el “mayor y más urgente riesgo global” al que nos enfrentamos. Tanto es así que la Asamblea General de la ONU aprobó el pasado 21 de septiembre una declaración política en la que los 193 países miembros se comprometen a llevar a cabo medidas que frenen esta amenaza.

Existen tres focos de proliferación de resistencia a los antibióticos . El primero tiene que ver con las malas prácticas por parte de pacientes y profesionales sanitarios ( a través de la sobremedicación o la medicación innecesaria o inadecuada ). El segundo, con la industria de la carne y el pescado. Según el Centro para las Dinámicas de las Enfermedades, Economía y Políticas (conocido por sus siglas en inglés CDDEP), el 50% del consumo global de antibióticos se produce en el proceso de cría de animales para la alimentación. Esto es debido a que los antibióticos aceleran el crecimiento de los animales y, además, se utilizan como profilácticos de forma preventiva para contrarrestar las condiciones insalubres de la cría intensiva. En la Unión Europea se prohibió en 2006 su uso como suplemento alimenticio para animales y se está trabajando actualmente para aprobar un reglamento que extienda esta prohibición a todo consumo de antibióticos de forma preventiva.

Afortunadamente, ambas perspectivas ya han roto el silencio mediático. La tercera, que señala directamente a la responsabilidad de industria farmacéutica y sus malas prácticas, es algo más difícil de poner sobre la mesa siendo un factor clave. La lucha debe de ser global: se necesita combatir desde todos los ejes que forman parte del proceso de creación de superbacterias. Si no lo hacemos, perderemos la batalla contra la resistencia a los antibióticos. Por esta razón, debemos pedir a las grandes farmacéuticas que pongan en marcha medidas efectivas de prevención y control de la contaminación y que mejoren los estándares de gestión de residuos. Además de aplicar políticas de transparencia total que revelen el origen de sus medicamentos.

Unas 700.000 personas mueren al año en el mundo a causa de enfermedades que no se pueden curar con antibióticos (25.000 en la Unión Europea), según el informe del Review on Antimicrobial Resistance . Las proyecciones dicen que esta cifra subirá a 10 millones en 2050. Mientras tanto, los servicios de salud pública destinan grandes cantidades de dinero a combatir y subsanar la resistencia antimicrobiana al tiempo que compran sus medicinas a las farmacéuticas que generan el problema.

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