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Des del sentit comú, però, no des de la càtedra.

A l’atenció del Director/a

Benvolguda, benvolgut,

molts parvularis, aquests dies, han endegat un costum lloable, i sa: parlar amb les famílies dels infants que atenen. Que els menuts són diferents, any a any, els bons mestres fa temps que se n’adonen. Potser no hi saben posar paraules tècniques però s’adonen que “el grup d’enguany de tres anys” és diferent del que van atendre fa el mateix temps. Ni millors, ni pitjors, però sí diferents. Ho són en part, lògicament perquè els seus pares són diferents, però també perquè el nostre món, ens agradi més o menys, també canvia molt en tres anys, hi ha qui diu talment com si els anys es tornessin dècades.

D’entre aquest canvis n’hi ha un que, personalment em preocupa (i no pas perquè em trobi en aquesta tessitura de criança). La canalla cada cop són més intolerants, irascibles i fàcilment irritables: allò que els entesos han coincidit en anomenar la “síndrome de l’emperador”. D’això se n’ha de parlar amb les famílies dels menuts, i dels no tan menuts també. Se n’ha de parlar pel bé dels infants i també, sobretot, pel bé de les famílies i del procés de criança. Caldria saber fer-ho, però, amb humanitat extrema, amb empatia i, sobretot amb molt de SENTIT COMÚ, no pas des de la càtedra de l’autoritat ja que sinó tot plegat només servirà per allunyar dos contextos de desenvolupament infantil que haurien d’entendre d’una vegada que estan condemnats a entendre’s, i molt bé, en benefici dels infants.

“Los niños ya no tienen tos sino ‘wifismo”

La Sociedad de Pediatría alerta del aumento de las patologías psicosociales – El 90% de los casos de acoso escolar nunca acaban en denuncia

CRISTINA HUETE – 14/10/2011

“Antes los niños se parecían a sus padres y ahora se parecen a los tiempos”, sentencia el jefe de Pediatría social del hospital Niño Jesús y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, Jesús García Pérez, en la XXV edición del congreso nacional de esta especialidad. Y los tiempos a los que se parecen los menores son cibernéticos, altamente tecnológicos, gobernados por la soledad y sobre todo por la impaciencia. “No hay pacientes sino impacientes”, verbaliza el especialista la urgencia vital de los adultos que genera una “mayor agresividad y temperamento de los menores”.

Los pediatras reclaman más tiempo para las consultas. Las enfermedades psicosociales son consecuencia del nuevo estilo de vida. Los tiempos mandan de tal forma en la salud de los niños que los que van a las consultas de Atención Primaria ya no tienen mocos o tos, sino el síndrome del emperador -pasan de ser los príncipes de la casa a convertirse en tiranos: mandan ellos en sus padres- o wifismo -dependencia de las conexiones a internet-, además de otros desórdenes psicosociales que han desplazado a los biológicos. Los adolescentes y preadolescentes “no tienen límites ni normas y, además, no pueden desahogarse ni compartir apenas nada con sus padres, por lo que se aislan en los aparatos tecnológicos”, de los que los surten sus ocupados y agotados progenitores.

Entre las patologías destaca también el maltrato. Niños tiranos en casa y agresivos en el colegio con otros niños: el acoso escolar que lleva a algunos menores al suicidio y que apenas denuncian los equipos directivos de los centrios educativos. La Sociedad Española de Pediatría extrahospitalaria y de Atención Primaria cifra en un 90% los casos de ascoso escolar que permanecen ocultos porque los colegios “notifican apenas un 10%”, que ellos detectan en sus consultas. “El maltrato en los niños está abandonado”, sostiene García Pérez para reclamar que “es necesario enseñar a los niños a decir no”.

Mientras hacen frente a estas nuevas patologías psicosociales, los pediatras españoles se preguntan si tienen la destreza y el tiempo asistencial adecuados para hacer frente al nuevo perfil de paciente. “El cambio en la vulnerabilidad del niño más la sobrecarga de consultas”, tasadas a diez minutos de atención por persona, genera una “situación dramática”, coinciden en destacar los especialistas Luis Sánchez Santos y José Luis Bonal que, junto a García Pérez, presentaron ayer las claves del congreso pediátrico a los periodistas. “La soledad nos asusta. El umbral de la soledad es cada vez más bajo. No tenemos tiempo de ser solitarios”, describe García Pérez el caldo de cultivo de las enfermedades infantiles mientras alerta de la rapidez de las consultas, insuficiente en su opinión para hacer un diagnóstico adecuado.

“En Atención Primaria nos ven los enfermos a nosotros en lugar de nosotros a ellos”, explica la brevedad de las citas que impide a los pacientes “liberar ya solo la ansiedad”.

De que las patologías biológicas han dado paso a las psicosociales no hay duda, pero los pediatras intentan ponerle números a su incidencia. De momento, saben que la prevalencia de la depresión en el rango menor es de en torno al 3% entre niños varones de 8 a 14 años y en el rango opuesto, del 10%. También han detectado que un 10% de las denuncias corresponden a agresiones físicas que suelen darse entre niños y un 30% a acoso verbal o maltrato psicológico (insultos e intimidaciones) que se produce fundamentalmente entre las niñas. En cuanto a las víctimas, apenas hay diferencia por sexo y el lugar en el que se produce el acoso es, casi invariablemente, el patio del colegio en primaria y los pasillos en secundaria. La patología no la padecen solo los acosados. El 60% de los menores acosadores acaba cometiendo un delito antes de los 24 años.

Pero, aunque grave, el acoso escolar no es nuevo. No tanto, al menos, como el resto de las patologías que afectan a los “nuevos niños” de una sociedad consentidora y urgente en opinión de los pediatras. Sánchez Santos reconoce que en su consulta en Atención Primaria no diagnosticó ninguna patológía psicosocial entre 1998 y 2003 pero en los últimos cinco años tiene a cuatro adolescentes con tratamiento antidepresivo, a nueve niñas con ansiedad y a un considerable número de población inmigrante con patologías derivadas de problemas de integración.

Cerca de un 5% de sus pacientes padece las nuevas enfermedades de los niños que se parecen tanto a los tiempos.