Sabem d’on som, o no?

A l’atenció del Director/a

Benvolguda, benvolgut,
aquests són dies de fer “sonar” les nostres tradicions. De sempre, de tota la vida, a casa nostra, els vailets han rebut el “Tió” a casa seva (“Lo tronc” que diuen al Priorat), li han fet manyagues, l’han alimentat amb garrofes i peles de patata i mandarina, i l’han cuidat fins que ha arribat l’hora de fer-lo “cagar”: amb els bastons preparats, la mainada li pica mentre canta allò del “Caga Tió” (en diferents versions, segons la contrada).Doncs ara resulta que una tradició més, de les que s’han fet tota la vida, es posa en entredit. Resulta que hi ha experts que pensen que fer cagar el tió és una forma de “maltractament” que dóna un mal exemple a les criatures. Uns infants que veuen a la televisió com els jugadors de futbol s’estomaquen, els dissabtes participen en un partidet d’esport escolar i escolten com els seus pares reaccionen a les decisions arbitrals o que cada dia assisteixen impàvits a una dosi de malparlar dins del cotxe de la família, mentre fan via cap a l’escola.
També en això ens deixarem colonitzar? Per favor! A les nostres escoles, les humils castanyes quasi que perden la guerra davant d’una tradició d’origen celta, que no ens va ni ens ve, de la mà dels especialistes de llengua anglesa. Tothom ho troba bé (?), ningú diu “ni piu”. Ens deixarem acabar d’envair per aquells homenets de color verd, en origen, que l’anunci d’una beguda va fer envermellir per sempre? i que, ara a més, pengen de balcons i terrasses? Que parin compte els reis, que els següents de la llista són ells.
Potser en fem un gra massa? Potser sí. En Quim Monzó, amb un toc d’ironia, ens en parla:

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20111222/54242639707/quim-monzo-la-raiz-de-la-victoria.html

La raíz de la violencia
No puede ser que, en Nochebuena, sigamos incitando a los niños a la agresión
Artículos | 22/12/2011 – 00:00h

QUIM MONZÓ

Ya podéis empezar a despediros del ritual del tió tal como lo hemos conocido hasta ahora porque es una tradición que o cambia radicalmente de método o tiene los días contados. Ya años atrás se había ido detectando una corriente de opinión contraria. No es coherente –dicen– acoger en casa a un tió desde el inicio del adviento, e ir alimentándolo, y tapando con una mantita, para, de sopetón, al llegar la nochebuena, cambiar totalmente de actitud y empezar a golpearlo sin piedad, en un linchamiento instigado por los adultos, que animan a la chiquillería con gritos de “va, dale fuerte!” mientras todos juntos gritan, más que cantan: “Caga, tió, tió de Nadal…!” Sophia Blasco, que se define como “asesora y coach personal”, tiene un blog muy interesante donde días atrás explicó porque esa costumbre es nefasta. La reflexión lleva por título “El tió de Nadal y la violencia doméstica” y detalla que los niños no entienden cómo, tras haberlo cuidado, de repente tienen que empezar a maltratarlo. Dice Sophia Blasco: “Tenemos que resituar la tradición del tió de Nadal que, al descontextualizarla, hemos transformado en un acto de violencia doméstica”. Poca broma: el tió, ¡”un acto de violencia doméstica!”. Ya podéis reír los que os burláis de esas prevenciones, pero, si educadores de medio mundo abogan por prohibir videojuegos agresivos y películas de Disney porque despiertan la maldad de los niños, no puede ser que en este rincón del planeta sigamos incitando a los niños a agredir a un ser –vegetal, sí, pero ser– que hasta el día antes era uno más de la familia. Y ¿para qué? Pues para que nos dé (vía defecatoria) lo que lleva encima. A eso se le llama robo con agresión. Desde los ojos de un niño, la lección es clara: con violencia puedes conseguir lo que quieras y ni siquiera hace falta que te frene el hecho de que compartas techo con la persona que agredes. Llegados a este punto, podemos preguntarnos cuántos delincuentes han acabado por el mal camino por las lecciones erróneas de unos padres que los instaban a apalear con fuerza al tió: “Va, ¡más fuerte todavía!, que, si no, no cagará…”. Entonces, en Navidad, ¿qué hay que hacer con el tió si varearlo es el embrión de una violencia futura? Sophia Blasco lo tiene claro: “Podemos animarlo a que nos regale, acariciándolo, cantándole y dándole unos golpecitos suaves”. Me gustaría, lectores, que tomásemos conciencia de nuestro aberrante comportamiento actual y que, este sábado, nochebuena, explicaseis a vuestros hijos que, de ahora en adelante, en vez de apalear al tió, lo que haréis será acariciarlo y hacerle carantoñas. Si os miran con cara de pensar “mis padres se han vuelto locos”, no hagáis ni caso y dad gracias al cielo por haberos hecho tomar conciencia de que esa es la forma de que, de adultos, no se conviertan en maltratadores domésticos de esos que salen en las noticias de la tele.